Quizá sus jugadores le escucharan mientras calentaban; quizá las palabras de Jémez a los micrófonos de Canal Plus, a pie de campo, unos minutos antes de que empezara el choque --"debemos ser fieles a nosotros mismos"-- resonaran en cada uno de los blanquiverdes. Quizá solo las escuchara el lateral, o el extremo, pero el boca a boca se propagó y recordó las consignas que el técnico dio en el vestuario, las consignas que tanto él como sus jugadores se encargaron de difundir durante la semana. Solo así se entiende el espectacular inicio del Córdoba en el campo del líder.

A los 23 segundos ya había tirado a puerta. En el minuto tres, segunda ocasión; en el cinco, paradón de Aranzubia; en el seis, la cuarta; en el diez, al poste; en el 14, salva un defensa bajo palos... En el 18, un dato demoledor. 71% de posesión para el Córdoba, 29% para el Deportivo. ¿Quién era el líder? Ni siquiera el gol de Borja espantó los pitos del graderío, que veía cómo su equipo no era capaz de mantener la pelota. Con un 67% a 33% se llegó al descanso. Antes, Charles clamó al cielo ante un fuera de juego inexistente. José Luis Oltra, técnico deportivista, no paraba de tocarse las mangas de la chaqueta, nervioso, sin saber adónde mirar. Casi la desgasta.

En la segunda parte no cambió el guion. Algún cordobesista se quejaba al colegiado al pitar más inexistentes fueras de juego, el público mantenía sus silbidos de vez en cuando y Valerón salía del terreno de juego resoplando, contando con los dedos de su mano los balones que había tocado, no más de cinco.