La renovación de Pep Guardiola es trending topic, según la jerga del Twitter, como el tema deportivo más comentado. No solo de un día, sino de las últimas semanas. La tardanza del entrenador en dar el sí a Sandro Rosell y aparecer en la foto con el bolígrafo en mano delante de unos folios oficiales mantiene constante el runrún de las especulaciones sobre el cuándo, el dónde y el cómo. El por qué solo será un interrogante si decide no entrar en el despacho del presidente y renuncia a seguir.

La continuidad de Guardiola es un clamor que suena en la grada pero que sale también del vestuario. Los futbolistas más significados piden la renovación del entrenador. En su fuero interno, lo ruegan. Saben que Guardiola ha cambiado la vida del Barça y la suya. Los más veteranos, como Puyol y Xavi, disfrutan de la etapa más gloriosa del equipo (13 de títulos de 16 disputados hasta ahora) después de haber vivido la oscura travesía del desierto de la era Gaspart (cinco años, cero éxitos). Otros (Valdés, Iniesta, Messi...) iniciaron su aventura en el tobogán de la etapa de Rijkaard (dos Ligas y una Champions) y otro grupo (Piqué, Keita, Mascherano... ) poseen un palmarés que muchos no completan en toda una carrera. Un último segmento, el de los canteranos, ve ilusionado un futuro esplendoroso gracias al puente de plata que ha construido Guardiola entre el Miniestadi y el Camp Nou.

"Nos gustaría que siguiera, porque es la pieza fundamental del equipo, pero si dice que todavía no siente la renovación es cosa suya", dijo ayer Xavi Hernández, aunando el doble mensaje de la plantilla culé: quieren que continúe, pero entienden que demore la respuesta, justificada en motivos personales. Guardiola cumple su cuarta temporada y, desde la primera, ha renovado año a año. "Si pudiera firmaría cada seis meses", aseguró en una ocasión.

Pero esta vez, el retraso del anuncio ha disparado los rumores y la inquietud de la hinchada. La grada del Camp Nou coreó el nombre del entrenador en la segunda mitad del encuentro ante el Valencia, partidaria unánimemente de su continuidad. Los aficionados también han disfrutado de la mejor etapa nunca conocida del equipo azulgrana. En títulos y en calidad de juego.

Todos los jugadores desean continuar a las órdenes de Guardiola, y así lo han manifestado en cada pregunta al respecto. No fue menos Gerard Piqué ayer, que pudiera estar dolido después de ser el descartado en Leverkusen, simbólicamente señalado por la derrota de Pamplona. "Nunca, nunca le voy a discutir una decisión", aseguró el jugador. El papel que ha ejercido Guardiola en su carrera prevalece sobre un disgusto puntual.

"Pep me ha dado la oportunidad de jugar en el equipo más grande de la historia y se lo voy a agradecer siempre", afirmó Piqué, quien considera "clave" la función del entrenador, y cree que la hipotética negativa del entrenador no se debería por la falta de entrega del equipo ni por la posible pérdida de la Liga. "Está orgulloso de nosotros y siempre lo ha dicho", recordó Piqué.

LA CREDIBILIDAD ES GRANDE Los jugadores también se sienten orgullosos del entrenador, que ha cerrado el vestuario a influencias externas y solo ha exigido responsabilidad en el terreno de juego. La misma que espera ver hasta el final con el Madrid a 10 puntos.

"No fue un mensaje de que seguiremos luchando; al míster no le tenemos que dar ningún mensaje. La credibilidad de este equipo es muy grande, estamos convencidos de que podemos hacer muchas cosas y no tiramos la toalla en la Liga", añadió Xavi, que adelantó el papel que desempeñará el Barça si no renueva el título. El mismo de la plantilla de básquet tras perder el domingo la Copa del Rey ante el Madrid. "Nosotros sabemos perder y felicitar al contrario", apuntó.