Cuando todavía faltaban muchos lustros para que naciera Alberto Contador, un mito del ciclismo llamado Louison Bobet pronunció una frase para la posteridad en la cumbre del Izoard: "Los grandes campeones siempre pasan en solitario". Ayer, hoy, por los siglos, los que han sido elegidos para la gloria ciclista, los que tienen carácter de campeón, no fallan cuando atacan y acostumbran siempre a convertir los pronósticos en aciertos. Y Contador, por supuesto, es un elegido, un genio, un erudito de la bicicleta. Desde ayer, tras la victoria en solitario siguiendo las viejas consignas de Bobet en la cumbre de Pal (Andorra), ya lidera la Volta.

En la ronda catalana del centenario, por desgracia, no hay televisión. En la época de Bobet tampoco la había. Pero entonces, al menos, existía la posibilidad de situarse junto al corredor para vivir en directo y desde un coche ascensiones tan destacadas como la protagonizada por Contador en Andorra.

ASOMBRO GENERAL Llegaban los fotógrafos de las agencias de prensa y ocupaban el puesto tras la meta para conseguir la instantánea de la llegada. Ellos sí habían podido estar al lado de Contador y también habían visto el ataque seco que protagonizó cuando faltaban cinco kilómetros para la meta y todavía quedaban 50 corredores en el primer pelotón. "Impresionante". "Los ha dejado a todos clavados". "Y hasta parecía fácil". Estos eran los comentarios que se escuchaban.

Solo el veterano Levi Leipheimer intentó seguirlo. Aguantó unos metros la rápida rueda trasera de Contador. El hasta tuvo tiempo de contemplar y girarse para ver cómo algunos esquiadores se deslizaban por las pistas. Más veloz que nadie, tal cual hubiera hecho en Andorra el genio de Bobet, el campeonísimo Coppi, el todopoderoso Merckx o el maravilloso Ocaña.