La última selección africana que estará en el Mundial saldrá del Argelia-Egipto, un partido de desempate que se juega hoy Jartum (Sudán), en campo neutral, después de que ambas selecciones acabaran la fase de clasificación empatadas a todo. En esencia, es un derbi con el premio de participar en la cita de Suráfrica para el ganador y una tonelada de decepción para el perdedor. Pero no se trata solo de un partido y un Mundial en juego. Los antecedentes históricos entre fennecs y faraones han conducido a las dos aficiones a un punto de odio sin retorno, a convertirse en dos rivales eternos, como un Inglaterra-Escocia o un Grecia-Turquía.

El partido de Jartum ha sido declarado de "altísimo riesgo" por la FIFA. En el estadio, de 42.000 localidades, habrá 9.000 egipcios, 9.000 argelinos (había dos millones de solicitudes), 9.000 sudaneses y 15.000 policías. Pase Argelia o pase Egipto se esperan incidentes. La elección de Sudán se produjo por sorteo. Era la sede preferida de los egipcios; los argelinos querían jugar en Túnez.

El sábado pasado, en El Cairo, Egipto forzó el partido de desempate de hoy tras ganar un duelo (2-0) en el que hubo agresiones a jugadores argelinos (el autobús de la selección fue apedreado de camino del aeropuerto al hotel y las heridas que sufrió el central Rafik Halliche le convirtieron en héroe nacional) y aficionados antes, durante y después. Se rumorea incluso que los ejecutivos egipcio y argelino se apresuraron a silenciar algunas muertes para no enervar más los ánimos. Egipto, por cierto, marcó el gol que provocaba el desempate tras un rechace, en fuera de juego y en el minuto 94.

Hubo reacciones de masas descontroladas: algunas sedes de empresas egipcias en Argelia fueron saqueadas y destrozadas como represalia. También hubo disturbios en París, Marsella y Lyón, ciudades con mucha inmigración magrebí.

Mientras en Argelia el sentimiento más ilustrativo es el de ±además de tonto, apaleadoO, en Egipto miran la situación desde la óptica del hermano mayor. Como país, su condición de líder en el entorno magrebí le hace perder simpatías entre sus vecinos, y como equipo es siempre el rival a batir: con seis Copas de Africa, es el que más veces ha ganado la competición, incluyendo las últimas dos ediciones. Los dos equipos se juegan el honor de ser el único representante árabe en el Mundial. El presidente egipcio Hosni Mubarak acudió al último entrenamiento del equipo antes de partir, mientras que su homólogo argelino, Abdul Aziz Boutaflika, financió 30 vuelos chárteres de aficionados a Sudán.

Futbolísticamente, Argelia se acerca al equipo que entusiasmó en los 80 de la mano de Rabah Madjer. Ha mejorado mucho con jugadores nacidos o criados en Europa como Ziani, Belhadj, Matmour o Yahia. Es posible que Egipto haya empezado la cuesta abajo con la generación de Mohamed Aboutrika, que supera o se acerca a la treintena. El porero El hadari, el mejor del continente, ha cumplido 37. En cualquier caso, los niveles de los dos equipos se han equilibrado: el hermano pequeño le ha perdido respeto al mayor, y este quiere demostrar que no está acabado.

La rivalidad deportiva entre ambos países nació en 1963, un año después de la independencia de Argelia. Egipto, que había colaborado a conseguirla, se marchó avergonzado del amistoso al que había sido invitado tras empatar. Ya en 1978, en los Juegos de Africa celebrados en Argelia, un partido entre Egipto y Libia acabó en tángana.