No es nada extraño que el director deportivo fuese quien más empeño puso en convencer a Calderón para que no acabara presentando la dimisión. No lo logró, pero tiene la palabra del nuevo presidente de que continuará en el cargo, pese a que su gestión tiene muchas más sombras que luces. Le queda una temporada y media de contrato, cobra cerca de dos millones de euros limpios al año y nadie logra dejar de lado la sospecha de que pululan comisiones ilegales en cada fichaje. Y ha gastado nada menos que casi 300 millones de euros en contratar jugadores desde que ocupa el cargo, con Carlos Bucero como segundo. De los grandes objetivos prometidos, solo Robben viste hoy la camiseta blanca. Su última faena triunfal ha sido invertir 47 millones en la llegada al equipo blanco de Huntelaar y Lass Diarra cuando solo uno de ellos puede disputar la Liga de Campeones.