La tremenda efectividad al contragolpe del Sevilla, que convirtió en gol todo lo que chutó entre los tres palos de Kameni, noqueó ayer al Espanyol (2-4), que dominó a su adversario incluso jugando con diez, pero que acabó pagando sus errores defensivos y el esfuerzo de llevar el peso del encuentro durante muchos minutos.

Al Espanyol le costó diez minutos entrar en el partido, los mismo que tardó el Sevilla en anotarse dos tantos en su marcador con sendas contras letales, en las que cogió dormida a la defensa blanquiazul. Acaba de empezar el encuentro y el Sevilla ya lo había puesto en el punto de cocción que más le gusta: con una cómoda ventaja en el marcador y un montón de espacios para sentenciar al contragolpe.

El conjunto andaluz contenía las idas y venidas de los hombres de Ernesto Valverde esperando cazar una nueva contra que noqueara definitivamente al rival.

Cada balón que los sevillistas recuperaban cerca de terreno adversario iba a parar a Navas, que aprovechaba una y otra vez la autopista que dejaba por el carril derecho Clemente, despistado en los dos primeros goles visitantes y desbordado en cada internada de los de Jiménez por su banda, que ganan el golaverage a los de Valverde.