Hoy puede batirse el récord de asistencia al derbi barcelonés en Montjuïc. La directiva del Espanyol prevé la afluencia de 40.000 espectadores que acudirán al reclamo de un duelo de altura. A un duelo de bandera, como pregonaban los anuncios promocionales impulsados por un club blanquiazul. A un duelo de Liga de Campeones, como indica la clasificación de los eternos rivales. El Barça es tercero y el Espanyol cuarto, a dos puntos.

Es el duelo de orgullo porque los dos equipos tienen mucho más que defender que los tres puntos en juego. Los blanquiazules tienen la posibilidad de adelantar al Barça en la tabla por primera vez desde 1953. Un aliciente para la hinchada perica, que aún disfruta de haber impedido que los azulgranas conquistaran la pasada Liga con el 2-2 del Camp Nou. Ese es uno de los acicates del Barça cuando hoy ascienda a la montaña. "Me parece que sí, que hay un ánimo de revancha en los jugadores", dijo Frank Rijkaard aludiendo al último precedente.

Después de andar mucho tiempo por las nubes, el once de Rijkaard ha bajado ya a la tierra y anda con pies de plomo, indeciso y desconfiado de sí mismo. Una victoria en seis partidos de Liga como forastero acredita la debilidad barcelonista pese al repunte optimista que generó la buena actuación ante el Olympique de Lyón en Liga de Campeones, el martes pasado. "Este Barça no tiene nada que ver con el de Getafe", dijo ayer Ernesto Valverde, tan ilusionado con superar a Frank Rijkaard por tercera vez como precavido ante la impredecible respuesta azulgrana.