Marín dejó ayer cerrado un nuevo capítulo sobre el amago de destitución de Fernando Castro Santos. El presidente cordobesista, después de escuchar "opiniones válidas", entre las que hay que incluir las de los cuatro capitanes del equipo, decidió dar marcha atrás en su primera decisión de dar por concluida la estancia del entrenador en el Córdoba CF. Eso sí, sin fecha de caducidad porque "mañana no sabemos lo que puede pasar", dijo a la prensa.

Y es que Marín no las tenía todas consigo. La mala racha de resultados le habían puesto entre la espada y la pared. La primera medida que pensó --que ahora niega y argumenta comentó en términos "coloquiales"-- fue "entregar" el equipo a Miguel Angel Portugal, por lo que la marcha de Castro Santos parecía inevitable. Pero, posteriormente, Marín dio marcha atrás después de comprobar en consultas con todos los estamentos del club que no siempre el relevo en el banquillo iba a acabar con los males. Esto, unido al nuevo desembolso económico que había que hacer para liquidar a Castro Santos, fue determinante para que las dudas aumentaran en la cabeza de Marín, hasta el punto de que la balanza se había desequilibrado en contra de su posición inicial.

Con más calma, Marín sopesó el tema. Escuchó a sus técnicos, que tampoco eran favorables al cambio, y, ayer mismo por la mañana, a una parte de su consejo (tres) y pactó una nueva apuesta por el entrenador. Con ello ha cerrado la crisis, pero se abrirá el domingo si se pierde en Vitoria.