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Al margen

'Backrooms'

Renate Reinsve en un momento de 'Backrooms'.

Renate Reinsve en un momento de 'Backrooms'. / CÓRDOBA

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Manuel Ángel Jiménez

Manuel Ángel Jiménez

Película de terror que ha revolucionado el género, como lo hizo Weepons el verano pasado. Este es el primer largometraje de un joven director de apenas 20 años, que antes consiguió llamar la atención con sus cortometrajes en YouTube. Ahora, gracias a la productora y distribuidora A 24, que está dando bastante de qué hablar con los títulos que apadrina desde un formato independiente, Kane Parsons escribe -junto a William Bromell- y dirige este rentable filme (con un presupuesto inferior a 10 millones de dólares ya ha recaudado casi treinta veces más) de 110 minutos (aunque hay una versión extendida de 16 minutos más de metraje adicional que se proyecta tras los títulos de crédito finales y que lleva por título Backrooms: Liquidación total) que consigue encerrarnos, junto a sus protagonistas, en un mundo de pasillos y estancias donde no se sabe con qué nos vamos a encontrar al final de esos espacios claustrofóbicos donde se pierde el control de la situación, jugando con escalas y dimensiones de objetos, personajes y lugares.

Para construir este extraño e inédito artefacto audiovisual, ha contado con intérpretes de calidad como son el actor británico Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud, La vida de Chuck…) y la actriz noruega Renate Reinsve (Valor sentimental, La peor persona del mundo…), que son quienes se atreven a cruzar la puerta pintada en la pared de una tienda de muebles que les llevará hasta un sótano desconocido, el de la trastienda, después de que el empresario se enfrente a unas sesiones con su psicoterapeuta, penetrando en un extraño relato del subconsciente que les empujará a ambos hasta una aventura de lo más perturbadora.

Cinta que no solo fascinará a los incondicionales del terror y el fantástico, sino también a cualquier espectador que busque la originalidad fílmica en un producto que rompe las reglas y las claves del género en esta trastienda maldita, laberíntica y fantástica a la vez, que hipnotiza a quienes la visitan en un juego de atracción y repulsión como en una pesadilla kafkiana y sin salida.

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