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Crónica

Vicente Amigo abre el 45º Festival de la Guitarra con un paseo de gracia que abraza a Córdoba

El guitarrista flamenco inaugura el 45 Festival de la Guitarra de Córdoba con sendos conciertos en un Gran Teatro con las localidades agotadas desde hace semanas

Vicente Amigo abre el Festival de la Guitarra

A. J. González

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Raquel Pablo

Raquel Pablo

Córdoba

Pocas maneras hay más simbólicas y de tanto peso para inaugurar una 45ª edición del Festival de la Guitarra de Córdoba atravesada de grandes nombres propios que con la maestría a las cuerdas de Vicente Amigo. El guitarrista flamenco, nacido en Guadalcanal hace 59 años pero criado toda su vida en Córdoba, regresaba la tarde del jueves 25 de junio al Gran Teatro de su ciudad para arrancar oficialmente el certamen y, de igual modo, avanzar los primeros pasos de su Gira 40 Aniversario en una sesión doble.

Cuarenta años de trayectoria —toda una vida— desde aquel primer premio en el Festival del Cante de las Minas de La Unión que cumplirá dentro de dos años, y con el que dio paso a muchos otros galardones que le preceden, incluidos sus dos Grammy Latino. Por todo esto y más, la noche de este jueves se sintió como una doble conmemoración, que hizo de la cita un encuentro mucho más visceral y emotivo. No se trató simplemente de un concierto en directo, sino de una mirada al camino recorrido de una leyenda viva del flamenco, con sus luces y sombras, sus aciertos y tropiezos, y, por supuesto, con su devoción incondicional a este universo.

Con el aforo completo desde hacía semanas, las puertas del Gran Teatro se abrieron de par en par como el que abre los brazos a la incertidumbre de las cosas buenas que están por darse. Y, de pronto, luces fuera. Los murmullos inaudibles del patio de butacas —uno en el que no cabía un alfiler— fueron opacados por un silencio que lo llenó todo de inquietud y nerviosismo entre el público. Sobre las tablas, una silla alumbrada y dispuesta a recibir al maestro.

Maestro de maestros

Vicente Amigo salía así al escenario, seguido de cerca del grupo acompañante, y daba comienzo esta gira de cuatro décadas de música. En ese arranque ya se intuían algunas de las líneas maestras de un repertorio que se desplegó como un mapa emocional, donde resonaron con naturalidad piezas como Tangos del Arco Bajo, Autorretrato o Pasodoble a José Tomás. Todo un recorrido por una trayectoria que ha trascendido fronteras y ha contribuido a ensanchar el lenguaje de la guitarra flamenca.

Amigo y su inseparable guitarra, su inseparable guitarra y Amigo, entablaron una conversación íntima de la que, poco a poco, nos hicieron partícipes trasladándonos con premura de una simple caricia al rasgueo más virtuoso. Con esta destreza, a lo largo de una actuación marcada por la elegancia que caracteriza su estilo, el guitarrista fue remontando un viaje por las distintas etapas de su carrera con detalle y sensibilidad.

Esta primera parte del espectáculo vino de la mano de una segunda mitad integrada por algunos temas de sus inicios, sin dejar atrás la frescura de algunas de las composiciones más recientes de su álbum Andenes del Tiempo, como Turrón y Chocolate o Corcovado, convertidas ya en himnos de la guitarra flamenca. Con desenvoltura y técnica, fue así demostrando la cohesión de una obra que ha sabido envejecer a lo largo de cuatro décadas sin perder el vínculo ni la raíz.

A estas alturas de la noche, la conexión con el público ya era tangible. Córdoba se encontraba completamente embrujada por el hechizo de la guitarra de Amigo, que supo disfrutar de cada tema con respeto y una entrega reverencial. El repertorio, a su vez, fue capaz de ofrecer ese paseo de gracia que, ya desde el inicio, se antojaba irremediable.

La actuación adquirió una lectura especialmente emocional casi al final de la velada, despidiendo así los últimos minutos de luz y de virtuosismo al compás de Réquiem. Contaba recientemente Vicente Amigo a Efe que antes “tenía una energía quizás más positiva que ahora, porque con el pasar de los años se va contaminando de muchas cosas y al final esta es una lucha por reencontrarte con el niño que fuiste”.

Pero ahí estaba de nuevo él, volviendo a jugar con el niño que fue. Y recordándonos que no es sino esa capacidad suya de hacernos temblar, su virtud de dominar todo tipo de técnicas, de palos y, si le apuras, de sentimientos, lo que lo convierte en un genio de las seis cuerdas. Y, en última instancia, en un mago capaz de hechizarnos con solo una nota.

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