Entrevista
Desiderio Vaquerizo: "Las corridas de toros son, visualmente y de forma simplificada, lo más parecido a la gladiatura romana"
El catedrático de Arqueología presenta este lunes en el Rectorado de la Universidad de Córdoba a las 20.00 horas su libro Gladiadores. Los soldados de la arena, en el que reivindica el papel de la antigua Colonia Patricia Corduba en el mundo de la gladiatura romana

Desiderio Vaquerizo presenta este lunes su libro en el Rectorado de la UCO. / Patricia Cachinero
-En su libro, describe Córdoba como la gran capital de los gladiadores en Hispania. ¿Qué pruebas permiten sostener esa idea?
-En realidad afirmo que, con los datos arqueológicos de que disponemos, Córdoba es la ciudad de Hispania que conserva más información sobre juegos gladiatorios, con una gran diferencia respecto a cualquier otra. ¿Por qué? Primero, porque contó con un anfiteatro de enormes dimensiones. Segundo, porque se ha conservado un volumen muy importante de epigrafía gladiatoria. Y tercero, porque todo eso probablemente se debió a que la ciudad organizaba juegos no solo para sí misma, sino para la provincia y con una capacidad económica extraordinaria. Las inscripciones gladiatorias me han permitido localizar y documentar 23 gladiadores en Córdoba cuando en el resto de España solo hay cuatro gladiadores más: dos en Cádiz y dos en Augusta Emerita. Eso indica claramente la primacía de Córdoba.
-¿Dónde se localizaron esas inscripciones?
-Aparecieron en la construcción del barrio de Ciudad Jardín porque los gladiadores se enterraron en el entorno del anfiteatro, que se encontraba bajo el actual Rectorado. Probablemente, el colectivo de gladiadores, o el lanista, el propietario o empresario, contaba con algún recinto o monumento funerario, seguramente de carácter colectivo, para los gladiadores que morían en la arena. Ellos actuaron también a la manera de un colegio funeraticio y se encargaron unos de los funerales de los otros. Los gladiadores no siempre luchaban a muerte, eran atletas de élite que recibían una formación extraordinariamente precisa, muy bien pensada y con muchísima disciplina. Pero no cobraban lo mismo cuando eran contratados para una exhibición que cuando luchaban a muerte. En ese caso, si morían, el editor de los juegos, el promotor, debía desembolsar una cantidad mucho más elevada al empresario. En el caso de Córdoba, está claro que los promotores de los juegos pagaron, porque los gladiadores muertos en la arena cordobesa era gente que tenía muchos combates y muchas victorias a sus espaldas y debieron de ser verdaderas estrellas. Entre las figuras documentadas, tenemos egipcios, sirios, italianos, germanos, un galo…

Portada del libro que se presenta este lunes en el Rectorado de la Universidad de Córdoba. / CÓRDOBA
-¿Todos los gladiadores eran de fuera?
-Solo hay un hispano documentado en Córdoba que se califica a sí mismo como hispano, perteneciente al ludus Hispanus, de origen griego. Eso indica la enorme movilidad de estos luchadores, a los que reclamaban desde todas las zonas del Imperio. También abunda en la idea de que es muy posible que en Córdoba se ubicara el ludus gladiatorius Hispanus, la única escuela imperial de formación de gladiadores de España. Otro argumento para suponer que estuvo aquí es que entre los epitafios aparece un doctor retiariorum, es decir, un entrenador. En concreto, un entrenador de retiarios, de los gladiadores que luchaban con tridente y red, algo que permite suponer que en Córdoba hubo un ludus o escuela que formaba gladiadores y los alquilaba.
-¿Cómo vivían esos gladiadores?
-Los gladiadores podían tener orígenes diversos, llegar a la gladiatura como prisioneros de guerra, como esclavos, como condenados o, en ocasiones, como hombres libres. A veces, los condenados a muerte, si eran buenos luchadores, derivaban hacia la gladiatura y podían ganar la libertad. También hubo hombres libres que se dedicaron a ella para ganar dinero, para pagar una deuda, para ayudar a la familia o porque eran legionarios jubilados acostumbrados a luchar. En Córdoba, tenemos casos claros, porque llevan tres nombres romanos que identifican al ciudadano romano. También había quienes buscaban la gloria y la fama. Los gladiadores se inscribían habitualmente en una escuela de gladiadores donde recibían una formación de élite. Empezaban como tirones, como aprendices, hasta alcanzar el primus palus, que correspondía a los gladiadores de élite. La formación corría a cargo de profesores que habían sido antes gladiadores. Siempre se ha transmitido, en el cine y la literatura, que los gladiadores tenían unas condiciones de vida ínfimas, que eran maltratados, pero esto no debió de ser así habitualmente, ni mucho menos. En Córdoba, las lápidas nos hablan de varios casados, incluso con hijos. Eso indica una vida relativamente estable y unas condiciones de vida relativamente buenas.
No hay que entender la gladiatura solo como muerte, era una especie de sublimación del valor porque llevaba al último extremo la lucha del hombre contra hombre"
-¿Por qué querría alguien dedicarse voluntariamente a algo así?
-Para ganar dinero y alcanzar la gloria. Los gladiadores representan una figura muy controvertida y contradictoria. Por un lado, tenían la categoría social más baja, estaban sometidos a la infamia, era gente proscrita socialmente, que no podía vivir en el interior de las murallas porque se les consideraba gente funesta, por su contacto permanente con la muerte. Pero, también eran atletas de élite, la quintaesencia de la virilidad, tenían un enorme atractivo y eran muy admirados. Los más famosos tenían legiones de seguidores. Algunos mantuvieron relaciones con personas de la aristocracia por su gran atractivo sexual. Con frecuencia, cuando sobrevivían, se hacían ricos, porque además de sus honorarios, recibían regalos y prebendas al alcanzar la fama. La vanidad y el ansia de gloria explican que mucha gente quisiera dedicarse a ello. No hay que entender la gladiatura solo como muerte, era una especie de sublimación del valor porque llevaba al último extremo la lucha del hombre contra hombre. Había un árbitro que se cuidaba de que se cumplieran las reglas y nadie hiciera juego sucio. Se luchaba de frente, mostrando valor y pericia. La máxima expresión del valor se daba al ser derrotado y enfrentar la muerte con gallardía. Hay representaciones en las que el gladiador herido o vencido se abraza a la pierna del vencedor y le ofrece la garganta o el pecho para que lo degüelle. Eso provocaba una enorme admiración en la gente, porque muy pocos, salvo los entrenados para ellos, eran capaces de enfrentar la muerte de esa manera.
Los gladiadores fueron gente muy profesional, personas con sentimientos, familias e hijos que aspiraron a una vida mejor y lucharon dentro de unas normas, mostrando valor, gallardía y nobleza"
-Si hubo un ludus en Córdoba, cabe suponer que hubiera gladiadores cordobeses.
-Probablemente sí, pero no está documentado. Hay una decena de gladiadores que no hemos podido adscribir a ningún ludus. No nos dan la filiación ni el origen, con lo cual es muy posible que fuera porque los conociera todo el mundo al pertenecer al ludus Hispanus. Lo que sí está documentado es que hablan de sí mismos como la familia gladiatoria, un colectivo que se reivindicaba de alguna manera en la muerte. Cuando sus compañeros caían, las mujeres, los hijos y los propios compañeros, que en ocasiones se llaman entre ellos como hermanos, garantizaban las exequias adecuadas y que se les hiciera un epitafio. En la muerte muestran cierto orgullo de clase y se reivindican socialmente.
-Usted describe la gladiatura como una industria del entretenimiento. ¿A qué equivaldría hoy?
-Hay autores que hablan de esa gran industria del entretenimiento. Para algunos, la gladiatura fue el primer gran espectáculo de masas porque movía un enorme entramado socioeconómico y porque Roma la potenció muchísimo como elemento de identidad. Allí donde llegaba la gladiatura, los territorios se inscribían dentro de la romanidad. La gladiatura se convirtió en un elemento de cohesión, un elemento fundamental para expresar el carácter universal de Roma. Si hubiera que compararla con algo actual, se podría asemejar al fútbol. En los grandes espectáculos de masas, como el fútbol, en ciertos deportes de combate y en los toros, queda algo de aquello. Probablemente las corridas de toros son, visualmente y de forma simplificada, lo que más ha conservado de la gladiatura romana.
-¿Qué similitudes hay entre ambos espectáculos?
-Los toros se asemejan a la versión de la lucha del hombre contra el animal de los espectáculos gladiatorios. Hubo luchas entre animales, luchas de hombres contra animales y también ejecuciones de hombres y mujeres que eran arrojados a las fieras. Muchas plazas de toros están construidas sobre antiguos anfiteatros. Ese concepto de la arena donde ocurren cosas viene de aquella época. La lucha con el toro salvaje era un espectáculo habitual. Las fuentes hablan de que se citaba al toro con un paño rojo. Y, si vamos más allá, el paseíllo inicial de la corrida, cuando los toreros, precedidos de los caballos y acompañados por la banda de música, salen con sus mejores galas y sus capotes de paseo, recuerda a la pompa gladiatoria. Era el desfile inicial de los gladiadores, con sus clámides bordadas de púrpura, detrás del editor de los juegos y de una banda de música, por toda la ciudad hasta llegar al anfiteatro. Cuando el torero triunfa, da una vuelta al ruedo. Lo mismo hacía el gladiador vencedor: daba una vuelta a la arena y recibía las aclamaciones del público, que le tiraba regalos, monedas... Los espectáculos gladiatorios estaban animados por una banda de música que enfatizaba los momentos principales de la lucha y del espectáculo. Para hacernos una idea visual, es lo más parecido que se me ocurre.
-El libro señala la gladiatura como una gran industria del entretenimiento. ¿Qué profesiones se movían alrededor de ella?
-Había toda una serie de personajes. En el libro, he recopilado por primera vez algunos de ellos como un portero del anfiteatro, un acomodador, un músico, un comerciante de fieras, etcétera. Aquí habría muchísima gente implicada. Pensemos por un momento en un día de espectáculos en un anfiteatro situado en lo que hoy es el barrio occidental de Córdoba. Es muy curioso que se ubicara en esa zona, no lejos de la actual plaza de toros. Se buscaba un área de fácil acceso, donde mover con facilidad a miles de personas y a las fieras, con lo que eso suponía de peligro, suciedad y problemas logísticos. Este es un mundo complejísimo, pero hay que desnudarlo de convencionalismos y no juzgarlo desde nuestra óptica. La lucha del hombre contra el animal y del hombre contra el hombre siguen presentes. Sin embargo, miramos a la Antigüedad como si aquella gente fuera necesariamente brutal. Habría de todo, pero los gladiadores fueron gente muy profesional, personas con sentimientos, familias e hijos que aspiraron a una vida mejor y lucharon dentro de unas normas, mostrando valor, gallardía y nobleza.
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