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Entrevista

Manuel Peña, escritor y catedrático de Historia Moderna en la UCO: “Es curioso que una de las redes sociales donde más se calumnia, se injuria y se insulta tenga como símbolo la X”

La Biblioteca Grupo Cántico acoge este miércoles 17 de junio la presentación de El sambenito. Historia cotidiana de la Inquisición, la nueva obra del catedrático de Historia Moderna en la UCO, como parte de la programación del Centro Andaluz de las Letras (CAL)

Manuel Peña, autor de «El sambenito. Historia cotidiana de la Inquisición».

Manuel Peña, autor de «El sambenito. Historia cotidiana de la Inquisición». / Luis Miguel Añón

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Raquel Pablo

Raquel Pablo

Córdoba

- Cuando pensamos en la Inquisición, solemos imaginar torturas, hogueras y procesos solemnes.  Sin embargo, su libro se enfoca en la "historia cotidiana". ¿Se vivía con un miedo constante o estaba más normalizado de lo que pensamos?

- La Inquisición tiene distintas etapas. La primera etapa de los primeros años, de finales del siglo XV y comienzos del XVI, desde luego en Córdoba, por ejemplo, fueron durísimos. Es imborrable la memoria del inquisidor Lucero o de los autos de fe, como el de 1504, con al menos 107 personas en la hoguera. Esa memoria de la Inquisición, que incluso provocó el asalto de la sede del tribunal, en el Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba, nunca se borró. Y hubo, evidentemente, mucho miedo, que se mantuvo y que la Inquisición administró más o menos bien en su propio beneficio, porque tenía que justificar su empresa, su trabajo, la propia institución, y su hacienda. Pero en realidad, después de ese miedo, lo que se impone también, a lo largo de los siglos XVI y XVII, es mucha complicidad con el tribunal. No solamente hay una pedagogía del miedo, sino también mucho colaboracionismo. Ningún sistema totalitario se aguanta si no hay colaboradores y cómplices. Es decir, sin apoyo, un tribunal así no se hubiera mantenido en vida durante trescientos cincuenta y tantos años. Hubiera sido imposible.

- Menciona que los primeros años de la Inquisición en Córdoba fueron durísimos, y muchos de estos autos de fe se celebraban en la actual plaza de la Corredera. Llama la atención que a día de hoy sea uno de los espacios más diversos y alternativos de la ciudad.

- Todo fluye, y todo cambia, ¿no? Los primeros autos de fe se hacen en el Campo de los Santos Mártires. Pero antes de la gran obra de la plaza de la Corredera se celebraban grandes autos públicos de fe: con pregones, procesiones, olores, sonidos... Había tensiones y peleas por ocupar los mejores balcones, que costaban mucho dinero. En La Corredera, lo que se leen son las sentencias, que son larguísimas. Cuando los condenados a la hoguera ya eran entregados al verdugo de la justicia civil, se los llevaban a extramuros, al Campo del Marrubial, donde estaban los quemaderos. Y continuaba la fiesta; explican algunos cronistas del XVII que empezaba la lectura de las sentencias más divertidas, porque la gravedad de la situación requiere también un poquito de diversión. O sea que es lógico que la plaza de La Corredera sea hoy un espacio abierto de fiestas y de compartirlo, como era antes con los autos de fe.

- Teniendo en cuenta que el "sambenito" era el hábito que los condenados por la Inquisición portaban durante los autos de fe, ¿cuál podríamos decir que es nuestro sambenito actual?

- Nuestro sambenito sigue siendo la calumnia, el señalamiento, el ponerte como un trapo. Ese es nuestro sambenito. La X, el señalamiento, es la práctica mayoritaria o cotidiana que tenemos en la actualidad y que se ha heredado de estas prácticas que fomentan la Inquisición. Es curioso también que una de las redes sociales donde más se calumnia, donde más se injuria, donde más se insulta, tenga como símbolo la X. Que es la cruz de San Andrés, que era la que se ponía también a los sambenitados. Es la casualidad, ¿no?

- ¿Cree que ahora, con el anonimato que facilitan las redes sociales, se señala con más ligereza que antes?

- No, antes se podía hacer igual. Lo que pasa es que los ritmos, los tiempos no eran tan acelerados y tan inminentes. Pero cuando tú denunciabas a alguien, o cuando un inquisidor llegaba a un lugar, había siempre gente dispuesta a denunciar. El acusado o los acusados nunca sabían quién le había denunciado. Que es un poco también lo que hay ahora con los bots y con los seudónimos estos. Tienen un nombre y apellidos, pero no dan la cara.

Manuel Peña, autor de 'El sambenito. Historia cotidiana de la Inquisición'

Manuel Peña, catedrático de Historia Moderna de la UCO, presenta su libro este miércoles. / Luis Miguel Añón

- Volviendo un poco al lenguaje popular que mencionaba antes, ¿por qué cree que expresiones como “poner el sambenito”, “poner verde” o “tirar de la manta” han sobrevivido hasta nuestros días?

- Yo creo que porque se ha olvidado el origen precisamente. Nos hemos olvidado que somos hijos y nietos de nuestro pasado, y en la lengua ha quedado marca de este pasado nuestro tan señalado. Porque no te olvides de que fueron trescientos cincuenta y tantos años. Trescientos cincuenta y tantos años administrando una sociedad por una defensa a ultranza de la fe, en este caso la fe católica. Que señalaba a cualquiera que se desviaba. Fue tan intenso, que caló en la vida cotidiana. Yo creo que la Inquisición activó lo más ruin y lo más mezquino, y eso es algo que se repite a lo largo de los siglos. Y por esa situación, por esa permanencia de un guerracivilismo de baja entidad en España, el lenguaje inquisitorial ha venido muy bien, y se ha quedado.

- Para la creación de su nuevo libro se ha tenido que sumergir en miles de historias y actas inquisitoriales. ¿Cuál ha sido la anécdota real que más le ha impactado?

- Uf, hay muchas. No sé cómo decirlo. A veces no me acuerdo de las cosas que he escrito, pero recuerdo una de una mujer que denunció al vecino porque no le había gustado cómo le había dicho los buenos días. Y, además, había visto que él y sus hijas llevaban joyas cuando salían. Irían un poquito bien vestidos. Y él no podía llevar joyas porque, como sambenitado en su momento, tiempo atrás, quedaba inhabilitado para utilizar joyas. Una vez que te ponían la mancha y la infamia, tú no podías llevar esas cosas, ni tú, ni tus hijos, ni tus nietos en el caso de ser muchos varones. Y la mujer tenía la memoria suficiente para recordar que había un sambenito colgado en la iglesia que llevaba su nombre. Eso es la envidia, el rencor, la mezquindad, la ruindad. Como tú te puedes imaginar, las diferencias en la vida cotidiana. Y eso se olvida a menudo. Se habla mucho del fuego, de la hoguera y de la tortura, y en realidad la vida cotidiana estaba condicionada por este tipo de desavenencias y de denuncias sin medida.

- ¿Considera que hay mucho mito sobre la realidad histórica de la Inquisición?

- Sí, sí, hay mucho. Sobre todo, el mito creado por la propia Inquisición. A la Inquisición le interesaba mucho que el terror perdurase. La Inquisición fue la creadora. Pero en la vida cotidiana hay mucho mito. Creo que nos asustamos mucho, o prestamos mucha más atención a la crueldad que a esa vida cotidiana un poco constreñida, ¿no? Y condicionada.

- Y, por último, ¿qué consejo le daría a alguien que está a punto de adentrarse en la lectura de este libro?

- Que tiene muchas lecturas. Se puede leer del revés, del derecho, picoteando... Que lo vea como un libro que se puede coger, dejar... Porque como tú comentabas, hay un montón de episodios y noticias cotidianas que sorprenden.

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