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Al margen

Las catadoras de Hitler

'Las catadoras de Hitler'.

'Las catadoras de Hitler'.

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Manuel Ángel Jiménez

Manuel Ángel Jiménez

Producción italiana dirigida, con suma corrección, por Silvio Soldini. A partir del texto literario, original de Rosella Postorino, que escribió después de conocer las declaraciones que realizó antes de morir a los 95 años una de las mujeres que, supuestamente -pues no había otras personas que pudiesen confirmar los hechos-, debía comer el menú de Hitler previamente, por si alguien intentaba envenenarlo. Así pues, el director, junto a cinco guionistas más, ha construido un guion sustentado por las sesiones en que estas mujeres entablaban conocimiento y una relación de amistad entre ellas, a la vez que intentan adaptarse a la terrible situación que se vieron obligadas a vivir. Todo ello en un espacio cerrado y claustrofóbico -escenas muy teatrales- donde el suspense permanece instalado entre las catadoras, en cuyo contrato laboral podría aparecer una clausula de posible muerte por envenenamiento.

Arranca este filme coral, situado temporalmente en otoño de 1943, en que sobresale uno de los personajes, Rosa (interpretado por Elisa Scholtt), justo cuando huye de Berlín y se refugia en casa de sus suegros, en un pueblo donde se encuentra escondida, en pleno bosque, “La guarida del lobo” (el cuartel general de Hitler) y donde acabará siendo captada junto a otras muchachas de la zona. En principio, ya que se viven tiempos duros, piensan que han sido elegidas para un empleo ideal, pues pasan hambre, hasta que descubren la verdad y el peligro de la contraprestación. Aún así, habrá tiempo para que la protagonista se una en una relación furtiva con el oficial encargado de controlarlas, creándose una nueva subtrama en la historia, así como alguna interrupción de embarazo que ha de forzarse a escondidas de los nazis.

El filme funciona gracias a las interpretaciones del reparto, sobre todo por los trabajos interpretativos de las actrices que componen este equipo de catadoras, siempre muy contenidas, trabajando las miradas -con las que casi hablan-, y mostrando una alta resiliencia, dadas las circunstancias. El monstruo nunca aparece, permanece siempre fuera de campo; solo el cocinero y los vigilantes se mostrarán ante ellas.

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