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Entrevista

Sidecars: "El mundo va tan rápido que cuesta un poco ponerse a la altura"

La banda madrileña formada por Juancho, Gerbass y Ruly publica su nuevo trabajo, Everest, un disco en el que animan a disfrutar del camino sin atajos y que presentará en Córdoba el próximo 19 de junio en la plaza de toros de Los Califas

Sidecars, en una imagen promocional.

Sidecars, en una imagen promocional. / CÓRDOBA

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Raquel Pablo

Raquel Pablo

Córdoba

-A su nuevo disco lo han bautizado como Everest aunque, según han mencionado en algunas entrevistas, no han alcanzado ninguna cima. ¿Creen que existe realmente esa cima?

-Bueno, la cima sería como la ilusión vital, el objetivo a tener siempre presente para no perder el norte, el horizonte, pero siendo conscientes de que lo importante es el camino para llegar ahí. Una vez llegues, no nos quedaría más que bajar o volver. Entonces, no le vemos mucho sentido a tener prisas por llegar, y mucho menos siendo tan bonito el camino. Somos más defensores de que hay que pararse a disfrutar el tránsito y el contexto en el que te mueves en el momento para ir absorbiendo todo lo bueno, y de lo malo ir aprendiendo para que cada vez sea mejor ese trayecto.

-Everest habla mucho de disfrutar de cada escalón y de cada piedra que aparece en el camino. Mirando atrás, ¿qué momentos difíciles o inesperados han terminado siendo los que más les han enseñado como banda?

-Todo ha sido un aprendizaje. Desde los inicios difíciles teloneando a bandas punk, algo que nos curtió al enseñarnos que la recepción no siempre va a ser la leche y que tienes que centrarte en tocar bien para ganarte el respeto. Luego recuerdo una etapa bastante difícil tras el segundo disco, cuando Sony se reestructuró por la crisis y nos dio la carta de libertad en 2011. Al quedarnos sin ese seguro de vida para financiar grabaciones, pasamos un par de años devanándonos los sesos pensando "¿cómo seguimos?", barajando hasta hacer un crowdfunding. Hasta que, al final, nuestros managers convencieron a Warner, que al principio no quería, para ir a un concierto nuestro en la sala But de Madrid. La sala se reventó, todo el mundo cantaba a tope, y eso les convenció para decir: "Joder, yo quiero a este artista". Al final se solucionó, pero no sin luchar y pringar muy fuerte.

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Sidecars, en una imagen promocional. / CÓRDOBA

-Sidecars ha vivido la transformación completa de la industria musical, desde la venta física de discos hasta el dominio de las plataformas digitales. ¿Qué han ganado y qué han perdido por el camino?

- Es difícil, porque el mundo hoy en día va tan rápido que te cuesta ponerte un poco a la altura. Pero bueno, esto es hacer un esfuerzo, tener los ojos bien abiertos y saber lo que no nos gusta de las cosas nuevas que vienen y lo que sí nos gusta. Intentamos hacer un equilibrio perfecto entre las cosas más modernas que van muy deprisa y llevarlas un poco más ralentizadas. También intentamos aprovecharnos, aunque no sea nuestro mejor rol que desempeñamos, de la exposición de las redes sociales. Creemos que estos tiempos que corren no son los más fáciles, pero nosotros, que venimos con un bagaje y con las cosas bien claras, seguimos avanzando, haciendo la carrera como nosotros queremos y como nosotros consideramos que está bien, y sobre todo poniendo a nuestras canciones en el centro de todo.

-Dicen que ahora los tiempos no son los más fáciles. ¿Consideran que son más complicados que antes?

-No lo sé. Como mínimo, considero que, tal y como es el paradigma actual, hay una prisa por todo, hay mucho individualismo, te meten mucha competencia encima que te ahoga, que te crea cierta ansiedad, que quizá hay que saber gestionarla o muchas veces dejarla de lado para poder seguir haciendo tu trabajo bien hecho sin las prisas. Nosotros seguimos remando como hemos aprendido y, por fortuna, aquí nadie nos presiona, ni nos mete más prisas o nos dice que no toquemos tal canción o tal otra. Eso son todo decisiones propias y creemos que ya, con la experiencia que tenemos, podemos afinar bastante el dardo para dar en la diana.

-En la canción Diez segundos encontramos una sorpresa de cameo final junto a Iván Ferreiro. No es la primera vez que cantan juntos. ¿Cómo fue volver a grabar junto a él en esta etapa?

-Queríamos un disco centrado en nosotros, sin colaboraciones como se hacen muchas veces por acciones de marketing que vienen de las compañías como para abrir un poco el espectro del público. En este caso, la canción nacía de una idea de Juancho que le rondaba la cabeza y que se dio cuenta que era muy parecida a lo que le evocaba el Pensamiento circular de Iván Ferreiro, que siempre ha sido una canción que nos ha rondado la cabeza. Y de repente se nos ocurrió hacer una cosa bastante marciana: en vez de ser una colaboración desde el principio, dejarlo ahí como una sorpresita ya en la recta final del tema, una especie de sampler en la que aparece Iván Ferreiro, y homenajeamos esa canción que, al fin y al cabo, ha estado un poco presente en el proceso de creación de esta canción de 10 segundos. Además, Iván es amigo, es el mejor, y no hubo ningún problema. O sea, antes de descolgar el teléfono él ya estaba apuntado a la movida. Y fue genial volver a coincidir y tenerlo presente en el disco de esa manera tan especial.

-Después de más de una década de trayectoria, llevar a cabo la producción con Paco Salazar en este último trabajo ha debido suponer todo un reto. ¿Qué cambios han experimentado en ese sentido?

- Nosotros veníamos de hacer cinco discos con nuestro anterior productor, Nigel Walker, con el que nos ha ido genial. Pero en este disco queríamos dar un saltito, pegar un pequeño viraje, y esto hacía que Paco Salazar entrara en la ecuación. Él entiende el sonido como un poco más moderno, trata las estructuras distinto y usa elementos quizá más digitales. Entonces, ese tándem de coger las canciones ya redonditas y cerradas por Juancho al llegar al estudio, y añadirles esta sabiduría del bueno de Paco, conformó un equipo genial para vestir los temas de una forma nueva y seguir encontrando nuestro sonido definitivo.

-Se encuentran casi en el ecuador de la Gira presentación Everest, y en ella hay bolos de lo más variados, tanto en salas, festivales, arenas, y plazas de toros, como es el caso de su concierto en Córdoba el próximo 19 de junio. ¿En qué espacios se suelen encontrar más cómodos a la hora de actuar?

-Obviamente tenemos la fortuna de estar haciendo salas propias y vender nosotros las entradas. Arriesgarse a eso, sobre todo llevando un equipo en gira de 18 personas, es muy difícil, pero fuimos ambiciosos, confiamos en el disco y salió. Luego añadimos ciertos festivales, como el Cooltural Fest de Almería, más bien porque en esos sitios no hay salas que nos permitan hacer un aforo de entre 1.000 y 2.000 personas a nuestro pulso, y necesitamos infraestructura externa. Eso sí, cerciorándonos de que nos daban el espacio para presentar Everest en condiciones; que no se trata de: "Venga, estáis 45 minutos a las 6 de la tarde y haced lo que podáis". Este primer año queremos centrar el tiro en las nuevas canciones para dejarnos el camino allanado y ya el año que viene hacer festivales más grandes. Pero con cuidado, porque el tema de festivales te puede encasillar y hacerte perder fuerza en las salas. Sin duda, los conciertos propios son lo más cómodo porque tú marcas tus horarios y tu trabajo, así que estamos muy agradecidos de estar llenando salas con una recepción increíble.

-Y, para terminar, ¿cuál es el secreto para seguir escalando sin perder las fuerzas por el camino?

-Nos gusta decir que seguimos buscando la canción perfecta. Seguimos intentando hacer cada vez canciones mejores, encontrar nuestro sonido definitorio y definitivo, y creemos que nos estamos acercando a eso. 

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