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Entrevista

Isabel San Sebastián, escritora y periodista: "La historia de España es una fuente de inspiración inagotable para quien quiera adentrarse en ella"

El Palacio de Viana acoge la presentación de la última novela de Isabel San Sebastián, 'La venganza del apóstol', la séptima entrega de la saga de la Reconquista, donde Córdoba es una de las grandes protagonistas

Isabel San Sebastián, periodista y escritora

Manuel Murillo

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Raquel Pablo

Raquel Pablo

Córdoba

-Su saga de la Reconquista recorre varios siglos de historia a través de diferentes personajes, ficticios y reales, que fueron clave. ¿Qué ha aprendido de ellos a lo largo de los años?

-Es una gran pregunta. Pues mira, lecciones que yo creo que podemos extraer y debemos extraer de la Reconquista. Primera: cuando estamos juntos somos fuertes, hacemos grandes cosas. Cuando estamos separados, divididos, somos débiles y vulnerables. Segunda lección: la paz que se compra a cambio de tributos es efímera, es poco duradera y además es infame, es indigna. Es decir, está condenada, abocada al fracaso. La paz se pelea y se conquista, se gana. Y tercera lección, muy especialmente de este libro: en la vida la actitud, con C, es mucho más importante que la aptitud, con P. Quiero decir, la perseverancia, la motivación, el trabajo, el esfuerzo, llevan mucho más lejos que las capacidades innatas.

-Ahora continúa la saga con La venganza del apóstol. Después de siete novelas y más de medio millón de ejemplares vendidos, ¿qué cree que explica la conexión de los lectores con una saga ambientada en un periodo tan lejano como la Edad Media?

-La historia medieval española, ha dejado de estudiarse. Ha dejado de enseñarse en los colegios, se enseña de una forma muy, muy superficial. Ya no hay programas en las televisiones que hablen de historia. Los españoles quieren conocer de dónde vienen, y como dice mi buen amigo Pepe Calvo, que me presenta esta tarde en el Palacio de Viana, la culpa del éxito de la novela histórica la tienen los historiadores, que en general (él es historiador) son muy aburridos contando la historia. Bueno, yo elegí ese periodo porque me parece un periodo determinante de la historia de España y luego porque es un periodo fascinante. En esta novela, por ejemplo, aparece la Batalla de las Navas de Tolosa, que es un hecho histórico absolutamente único y fantástico desde el punto de vista literario. La historia de España es una fuente de inspiración inagotable para quien quiera adentrarse en ella. Tú te lanzas a esa piscina y desde luego tienes inspiración para escribir no diez, sino todas las novelas que quieras.

-Dice que es fuente inagotable de inspiración para cualquier persona que quiera adentrarse en ella. ¿Considera entonces que este tipo de novela es digerible para todo el público?

-Sin duda. Es una novela de aventuras que engancha, que atrapa. Vamos, yo tengo ya muchos lectores, muchas novelas, si solo me leyeran eruditos de la historia, no estaría donde estoy. Además, yo no soy historiadora, yo me documento mucho, estudio mucho, pero yo escribo porque me gusta leer y porque me gusta pasármelo bien leyendo, y eso intento que hagan mis lectores. Primero entretener, segundo emocionar, y, ya por último, que el poso de conocimiento que quede sea riguroso.

-En una entrevista reciente comentaba que nuestra sociedad actual tenía mucho que aprender de la Edad Media y de la Reconquista. ¿Qué echa en falta de esa época?

-Echo muy en falta el sentido del honor. El valor de la palabra, el valor de la valentía, el valor de los compromisos. Hoy en día la palabra no vale nada, los compromisos se rompen, se olvidan sin ningún problema. Eso lo echo mucho de menos. Hoy en día ser valiente es ser idiota. En aquella época la valentía se reconocía mucho y se premiaba incluso. Echo de menos la capacidad de abnegación, la capacidad de sacrificio, que hoy en día está absolutamente denostada. Hoy en día se prima la comodidad a todos los niveles por encima de todo. Dicho esto, evidentemente vivimos en tiempos muchísimo mejores de libertad, de bienestar, de seguridad, que no vivieron nuestros tatarabuelos de aquella época, evidentemente. Empezando por el ibuprofeno y los antibióticos, que son fundamentales (risas).

- ¿Piensa entonces que la sociedad actual le tiene miedo al coraje?

- Es peor que tenerle miedo, la sociedad desprecia el coraje, la valentía, el honor. La sociedad es muy cómoda. Nos hemos vuelto muy cómodos todos.

Isabel San Sebastián, periodista y escritora, Hotel Palacio Colomera.

Isabel San Sebastián, periodista y escritora, Hotel Palacio Colomera. / Manuel Murillo

-Beltrán López de Cazorla, protagonista de La venganza del apóstol, se aleja del héroe invencible convencional. ¿Cree que es más sencillo conectar con este tipo de personajes imperfectos?

-Probablemente. Beltrán es el antihéroe. Es un muchacho que quiere ganarse la gloria combatiendo a caballo en una carga de caballería como su padre, que fue un héroe de las Navas de Tolosa, pero resulta que es enclenque, es débil, es frágil, es torpe... El pobre tiene todas las papeletas para fracasar (risas). Pero tiene una voluntad de hierro y las ingenia para buscarse un camino, aceptando un riesgo gigantesco al infiltrarse como espía cristiano en la ciudad de Córdoba. Por eso quizá sea más fácil identificarse con él, porque la moraleja es que la capacidad de asumir riesgos y de perseverar en la vida te llevan mucho más lejos que el talento.

-En esta nueva novela recupera la leyenda, que no es leyenda, de las campanas de Santiago. ¿Qué le llevó a adentrarse de nuevo en este hecho histórico?

-Efectivamente, está considerada una leyenda histórica, pero no es leyenda, porque está consignado en las crónicas. De hecho, la crónica de Jiménez de Rada y la de Lucas de Tuy dicen que cuando Fernando III reconquistó Córdoba, se encontró las campanas de Santiago colgadas en la Mezquita de Córdoba convertidas en lámparas. Y el rey ordenó que fueran devueltas a Compostela. Y a Compostela fueron llevadas, añade Lucas de Tuy, "a hombros de sarracenos". Aquí en Córdoba, novelando el viaje de venida de esas campanas desde Compostela hasta aquí a hombros de cautivos cristianos, nació mi idea de novelar toda la Reconquista. He ido avanzando en la Reconquista y cuando he llegado al momento en el que esas campanas son recuperadas y devueltas a Compostela, el gran protagonista de esta novela tenía que ser Córdoba, claro, y aquí estoy

-A medida que avanza la saga, ¿cuánto ha cambiado su percepción sobre algunos personajes o episodios históricos?

-En lo sustancial no ha cambiado, pero evidentemente hay cosas que han cambiado. Por ejemplo, ha cambiado mucho mi percepción del islam hispano. Hubo claramente dos islam hispanos. Hubo uno que era el propio de los andalusíes de aquí, con respecto al islam de los africanos que vinieron en sucesivas oleadas. Lo que fue cambiando fue la sociedad hispanocristiana. A medida que avanzaba la Reconquista, el heroísmo de los primeros siglos se fue perdiendo, y se fue cayendo en otra cosa. En más clasismo. Probablemente, el último momento glorioso de esa Reconquista es este momento. La Reconquista de Córdoba y Sevilla. A partir de ahí ya entramos en otra cosa y por eso me voy a ir ya a Granada, a la reina Isabel, y voy a pasar un poco por alto ese siglo y medio de intervalo porque ya no me interesa mucho esos valores que empezaron a prevalecer.

-Ahora que menciona a la reina Isabel, de todos los personajes de los que ha escrito en sus muchas novelas, ¿a cuál le guarda más cariño?

-Pues fíjate, y no es porque yo sea mujer, pero de verdad son personajes que me han conquistado, y son personajes reales. Son tres reinas. La reina Sancha, que tiene un gran protagonismo en La dueña. La reina Urraca, la primera reina de pleno derecho que hubo en España y en Europa, protagonista de La temeraria. Y la reina Berenguela de Castilla, que tiene un gran protagonismo en esta novela. La Edad Media española produjo unas mujeres verdaderamente gigantescas. Muy poco reconocidas por la historia, muy silenciadas, muy borradas, pero verdaderamente gigantescas cuando te adentras en su historia.

-¿Cree que leer nos hace mejores?

- Sin duda ninguna. Leer nos hace libres. Leer es algo que yo espero que no se pierda nunca, porque el placer de la lectura y su capacidad educativa no la igualará la imagen nunca jamás. Nunca.

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