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Al margen

'El drama'

Kristoffer Borgli dirige una historia sobre una pareja a punto de casarse que se ve sacudida por una confesión inesperada, transformando la trama en una sátira

Robert Pattinson y Zendaya protagonizan 'El drama'.

Robert Pattinson y Zendaya protagonizan 'El drama'. / A24

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Manuel Ángel Jiménez

Manuel Ángel Jiménez

No se equivoquen, aunque el título lo anuncie, no estamos ante una comedia romántica. Más bien, la antítesis. Aunque el gancho de la producción, los intérpretes protagónicos, inviten a pensar en una acaramelada historia de enlaces matrimoniales. No, no es así, porque las apariencias pueden engañar. Y, en este caso, tanto las mega estrellas Zendaya (Rivales) como Robert Pattinson (Crepúsculo) no van a ponerse al servicio de una frívola y superficial historia de amor al estilo de Novia a la fuga o La boda de mi mejor amigo, sino que ponen toda la carne en el asador a la hora de construir los personajes que ha escrito el cineasta noruego Kristoffer Borgli, realizando ambos las que podrían ser sus mejores interpretaciones hasta ahora.

El desasosiego irrumpe en el espectador, al igual que lo hace en esta pareja próxima a la boda, después de jugar a contarse algo inconfesable que haya ocurrido en sus vidas. El shock que provoca la novia hace que su pareja se replantee todo lo vivido hasta ese momento. Y lo que arranca como el principio de una comedia más de preboda y enlace matrimonial con sus consiguientes conflictos y vuelta a la felicidad, se convierte en una crítica mordaz a los aspectos más censurables de la sociedad norteamericana.

Borgli compone una cinta con inteligencia, confirmando valía después de su anterior trabajo (Dream Scenario) donde contó con la presencia de Nicolas Cage, invitando de nuevo a la reflexión con este interesante rompecabezas creado a base de un aparente caos y buenas dosis de ironía. Consigue hacer saltar por los aires el sentido romántico de la cuestión, no solo con esa declaración que les revela su fotógrafa en el primer ensayo de la sesión preboda, cuando les reconoce que en las bodas todo es postureo. Pero lo que vendrá después en esta sátira no será precisamente cómodo y agradable, para los personajes y sus allegados, y para el espectador, que le empujará a salir de su zona de confort, mientras escucha las sugerentes composiciones musicales de Daniel Pemberton entre vómito y vómito.

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