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Cultura

Jóvenes y adultos redescubren la lectura en comunidad: auge de los clubes de lectura en Córdoba

Estos espacios de encuentro, que llevan más de veinte años vigentes en Córdoba, se han revitalizado gracias a las redes sociales y un público más joven

Club de Lectura Antonio Gala, en la Biblioteca Municipal Central.

Club de Lectura Antonio Gala, en la Biblioteca Municipal Central. / A.J. González

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Raquel Pablo

Raquel Pablo

Es el segundo piso de una biblioteca en un barrio de Córdoba: avenidas, un carril bici, unos coches de choque, un quiosco, una casetita de intercambio de libros, estudiantes fumando en la entrada, o simplemente hablando en la puerta. Ahí, en el segundo piso, un grupo de 15 personas leen a Simone de Beauvoir, a Edith Wharton, a Pilar Adón. Y debaten, ríen, discuten y se hacen preguntas. Lo que durante un tiempo se entendió como una actividad íntima y solitaria, para los miembros del club de lectura Antonio Gala se ha convertido en una nueva forma de crear comunidad y generar espacios donde compartir inquietudes y, en última instancia, su pasión por la lectura.

El segundo martes de cada mes, estos lectores acuden fieles a las reuniones del club, coordinadas por Ángela Sánchez, que está al frente de otros dos infantiles. Ella sostiene que “en los clubs de lectura municipales se busca llegar a todo tipo de personas”, y señala “la gratuidad de la actividad, la diversidad de títulos y el tener en cuenta los gustos de las personas que forman cada club” como diferencias clave frente a otros formatos.

A.J.González Córdoba Club de lectura Antonio Gala en la Biblioteca Municipal Central

Participantes en el Club de Lectura Antonio Gala, que se reúne el segundo martes de cada mes. / A.J. González

Pese a este optimismo en cuanto a variedad, existe un perfil indiscutiblemente predominante: las mujeres. Francisca de Paula Martos y Remedios Tenza, ayudantes de biblioteca y responsables de la gestión y coordinación de los 31 clubes de lectura de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, asegura que las integrantes “suelen ser, mayoritariamente, mujeres de entre 40 y 75, jubiladas o en activo”. “Consideran al club como un espacio de socialización, donde se crean lazos de amistad cuyo hilo conector es el libro”, apuntan ambas. No debe ser casualidad que en estos clubs, todos ellos con lista de espera, sean ellas el perfil que se imponga al resto.

Mirada femenina y listas de espera

Entre estas participantes, la experiencia se percibe desde otro ángulo. Noelia Carmona, periodista de 35 años, llegó al Club de Lectura Corredera Novela tras varios intentos fallidos por la alta demanda. “Mi experiencia ha sido muy satisfactoria porque, efectivamente, he conseguido lo que buscaba. He conocido otros títulos, otras novelas y, por supuesto, otros puntos de vista de personas que, por tiempo y por edad, han leído muchísimo más que yo”, explica.

Ángela Sánchez, que además de moderar el club de lectura Antonio Gala, es miembro de un club de lectura feminista desde hace algunos años, coincide al observar que son más numerosas las mujeres en estos círculos. “Creo que hay más interés por parte de las mujeres de acceder a la cultura desde todos los ámbitos y espacios, también en la lectura”, explica.

Sin embargo, en los últimos años, especialmente a lo largo de 2025 y 2026, la edad media de estos espacios parece haber tomado otros tumbos, así como las dinámicas y formatos en torno a ellos. Son muchos los clubes de lectura impulsados desde los márgenes de esta gratuidad e institucionalidad que ofrecen los clubs municipales: librerías, escritoras, editoriales y creadoras de contenido se suman a este boom lector que trata de hacerse un hueco más allá de las redes sociales y BookTok.

Los (no tan) nuevos clubs de lectura

Los clubs de lectura no son nada nuevo. La realidad es que los de la Red Municipal de Biblioteca de Córdoba llevan vigentes más de veinte años. Además, “al funcionar en red colaboramos con otros clubes de toda España. Especialmente con bibliotecas, centros culturales y colectivos de Córdoba y Andalucía”, destacan Francisca y Remedios. Fue en aquella última etapa de los 90 y comienzos del nuevo milenio cuando se produjo la verdadera expansión de los clubs de lectura a gran escala, siendo el de Oprah Winfrey, en 1996, su máximo exponente y responsable de convertir la lectura compartida en fenómeno global. Uno que, a día de hoy, mantiene vivo el legado en manos de millennials y zetas.

En la actualidad, el ecosistema digital y la interconectividad entre usuarios ha acelerado la visibilidad de este tipo de clubs, y el llamado BookTok e Instagram, por su parte, han convertido la recomendación literaria en un fenómeno masivo. La cordobesa Marta Castaño, de 26 años, cuenta que creó su propio club de lectura en Barcelona, ciudad en la que reside, tras publicar algunos vídeos en TikTok “promocionando el tipo de lectura que me interesaba”. Es el primer club, también, en el que participa, y aunque hay chicas con las que no ha tenido una conexión real o afinidad, con otras ha llegado a forjar una amistad sólida.

Club de lectura de Teresa Sanz

Club de lectura de Teresa Sanz. / CÓRDOBA

Teresa Sanz, creadora de contenido en redes sociales, también se muestra firme al decir que “el papel de las redes sociales en este boom lo es absolutamente todo”. Teresa, a sus 29 años, confiesa que no descubrió la lectura hasta los 27. “Resulta muy raro que me haya aficionado tanto, porque durante toda mi vida aseguré que la lectura no era para mí”, señala. Esta joven de Zaragoza es otra de las veinteañeras y treintañeras que han dado el paso de crear su propio club de lectura como espacio abierto a compartir gustos similares y crear círculos que traspasen nuestra foto de perfil de WhatsApp. “Creo que se está dando un auge de los clubes de lectura. La gente ya está cansada de que todo gire en torno a las redes sociales y de que las conexiones sean constantemente a través de una pantalla”, afirma. Me apetecía vivir una experiencia presencial con mis seguidoras, utilizando la lectura como excusa para reunirnos y charlar”, admite.

Comunidad y refugio frente a las pantallas

Más allá de la estructura institucional o círculos más íntimos y desenfadados, el auge de los clubes de lectura responde también a la búsqueda de comunidad en un contexto de hiperconectividad. Para Fátima Cosidó, profesora de 27 años, su experiencia en dos clubs pertenecientes a la Casa del Libro de Córdoba comenzó de forma casual cuando se disponía a comprar un libro, pero terminó convirtiéndose en un espacio de amistad. “Es una tarde al mes en la que te juntas con tus amigas, meriendas, te ríes y, de forma transversal, hablas de literatura”, resume.

Club de lectura Entrevisillos.

Club de lectura Entrevisillos. / CÓRDOBA

Esa dimensión social se repite de igual modo en otros testimonios. En el club de lectura Entrevisillos, impulsado desde Sevilla por Laura Marbo y Laura Cuesta, el objetivo es explícito: construir un “tercer espacio” fuera del hogar y del trabajo, donde la conversación vuelva a ocupar el centro. “Los libros al final son la excusa que nosotras encontramos para crear comunidad”, señala. Ellas confían, sin duda, en el especial auge que se está dando de los clubs de lectura por parte de la gente más joven. “Somos una generación que ha crecido pegada a las pantallas, así que tener un sitio en el que mirarnos a la cara y hablar sin tener el móvil delante se ha convertido en algo que agradecemos. Es un respiro después de tanto estímulo rápido”, aclara. Paradójicamente, han sido las propias redes sociales las que han impulsado este fenómeno. “Antes era más difícil encontrar creadores que hablaran de literatura, pero hoy hasta la que te recomienda una rutina de skin-care te comparte los libros que está leyendo. Leer se ha convertido en algo social y colectivo, y un club de lectura es el máximo exponente de eso”, concluyen ambas.

En esta línea, Luis, uno de los responsables detrás de Librería Anüba, en Córdoba, y de su club de lectura, asegura que podrían tener casi uno por semana, debido a la influencia de gente interesada. “La mayoría son personas menores de 30 años”, apunta. “Abrimos la librería en septiembre y en octubre ya teníamos nuestro primer club de lectura”, señala.

CLUB DE LECTURA TERESA SANZ EN CÓRDOBA

Los club de lectura cada vez cuentan con más seguidores. / CÓRDOBA

Muchos jóvenes optan por pagar una tarifa

Tanta es esta necesidad a nivel emocional y generacional, que muchos jóvenes optan por pagar una determinada tarifa a cambio de formar parte de un club en el que saben que encajarán en lugar de inclinarse por la gratuidad y heterogeneidad de los clubs de lectura municipales, como son el caso de los clubs y taller ofrecidos desde la librería La Romántica, en Córdoba, o el club de lectura on line creado por Julia Peró, autora del libro Olor a hormiga.

Julia dice que, en su caso, fue hace algo más de dos años cuando se le ocurrió que “las lecturas que disfrutaba a solas podían disfrutarse aún más si las compartía”. Así nació Libros Crujientes. En cuanto a esto, Julia considera que es importante diferenciar entre un club de lectura entre amigas y un club de lectura entendido como servicio. Su club de lectura pretende ser no solo un “espacio para hablar de un libro”, sino una “plataforma que ofrece una experiencia de lectura acompañada”.

Esta escritora y poeta es fiel creyente de que un libro “crece y se expande cuando se debate, se comenta y se analiza”. Mediante estas dinámicas de club, “intentamos profundizar en lo que ese libro aporta y en las preguntas que abre después de cerrarlo”, señala. En Libros Crujientes hay personas de todas las edades, “aunque es cierto que predominan las lectoras de entre 25 y 45”, indica. “Creo que tanto los clubes de lectura como el hecho de hablar de libros en comunidad —ya sea entre amigas o en redes sociales— están en auge. Quizá porque estamos intentando alejarnos de ese imaginario del crítico literario solitario, que se cree el más inteligente de la sala y piensa que, con su lectura individual, ya posee una mirada completa sobre un libro. Leer en comunidad rompe un poco con esa idea: abre la conversación, suma perspectivas y nos recuerda que un libro también cambia según quién lo lee”, afirma.

Sobre el insondable papel que juegan aquí las redes sociales, Peró asegura que son las responsables de “democratizar” la experiencia literaria. “Por un lado, la figura del crítico literario tradicional se ha difuminado, y por otro, las redes se han convertido en grandes ventanas desde las que visibilizar libros que quizá antes no habrían encontrado tanto espacio”, añade.

En ese sentido, resulta casi paradójico que hayan sido las propias redes sociales de las que tanto tratamos de escapar las que hayan convertido la lectura en un trend que nos empuja a buscar la presencialidad y el encuentro. No hace demasiado escribía la periodista y escritora Rosa Montero que “desde lo colectivo a lo individual, leer nos hace personas. Y aún más: leer nos hace mejores personas”. Puede que sea cierto.

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