Entrevista
Andrea D. Morales, escritora: "En la historia parece que solo pueden existir dos tipos de mujeres, o la santa o la Salomé"
La escritora y antropóloga sevillana Andrea D. Morales presenta en Córdoba su nueva novela La duquesa bastarda, ambientada en el reinado de Alfonso X, una relato medieval donde impera el poder, la intriga, los secretos y el discreto papel de la mujer como factor diferenciador de nuestra propia historia. Cuenta la autora que se siente cómoda intentando lograr el equilibrio perfecto entre veracidad y licencia narrativa. Puede que esta sea la clave para tener a sus lectores enganchados en cada entrega.

A. J. González

-La duquesa bastarda se ambienta en la corte de Alfonso X el Sabio, un periodo que suele asociarse a una imagen oscura y muy estereotipada. Usted, sin embargo, ha dicho que esa visión está distorsionada. ¿Qué le interesaba desmontar o reinterpretar de ese imaginario en su novela?
-Cuando pensamos en la Edad Media tenemos esa imagen de un momento de oscuridad, de insalubridad, de analfabetismo y en esos tonos grises que tenemos en las novelas de El nombre de la rosa. Y la Edad Media son mil años, y son tantos momentos de florecimiento también cultural que yo creo que era importante escribir no solo momentos de crisis. En 1275, la época en la que se ambienta, sí que es un periodo un poco delicado para Alfonso X, pero tenemos muchas mujeres participando en la política y eso da otro cariz al asunto.
-Entre estos perfiles de mujeres encontramos a Matilde, la protagonista, que no solo es bastarda, sino que llega sola y como extranjera a un entorno hostil. ¿En qué medida cree que su historia conecta con problemáticas sociales de la actualidad?
-Matilde llega siendo extranjera a un lugar que le es completamente ajeno y la novela habla mucho también del desamparo, que es un sentimiento muy actual. Nosotros ahora tenemos otros avances y nos es mucho más fácil, pero ese sentimiento de desamparo, de miedo, de presión, son muy comunes a día de hoy. El sentimiento de insuficiencia que también tiene Matilde al ser segunda esposa y creer que quizá no va a poder igualar a su predecesora, también es algo que vemos actualmente en muchas mujeres.
-¿Hasta qué punto cree que el relato histórico ha relegado a estas mujeres a los márgenes o directamente las ha omitido de la narración oficial?
-Esa es una realidad tan aplastante que me gustaría pensar que ya ni siquiera hay debate en torno a ello. Quiero pensar que es algo que tenemos asumido, que la historia la han escrito los hombres, al igual que la han escrito los vencedores, eso es un hecho. Hay muchas grandes mujeres que merecen sus apartados y no los han tenido. Porque o bien se las ha omitido con deliberación, o porque literalmente se pensaba que no merecía la pena gastar tinta en escribir sus nombres y en mantenerlas en la memoria.
-Resulta curioso que, cuando la historia sí ha considerado necesario sacarlas de esos márgenes, a menudo ha sido para demonizarlas, como ocurrió con Ana Bolena o Juana la Loca.
-Efectivamente. Al final, la figura de la mujer, y la que se ha resaltado, siempre suele ser un caso particular. Parece ser que para ganarte un lugar en la historia tienes que ser una persona excesivamente meritoria y excelsa, porque los otros lugares que hay para ti desde luego son la condenación eterna. Es esto que tú hablas de que solamente pueden existir dos tipos de mujeres, o la santa o la Salomé.
-Además de escritora, también es antropóloga. ¿Cómo dialogan esas dos facetas a la hora de construir una novela histórica?
-Es un trabajo arduo y complicado. Por un lado, hay que ser plenamente consciente de que en una novela debe existir una parte de ficción para darle coherencia al relato y, sobre todo, para atrapar al lector, porque es una novela, no es un manual. Pero, por otro lado, hay que ser riguroso y veraz para crear un clima correcto. Ya no solamente para que el lector se sienta transportado a la época, sino porque también tenemos que ser conscientes de que en novela histórica se tratan personajes históricos que son reales y que esa gente existió, y es una memoria que hay que preservar y conservar.
-¿Pesa más la necesidad de rigor o la libertad creativa?
-Pues mira, esto sí es un debate que puede llegar a provocar acuchillamientos en mesas de escritores de novela histórica. Tengo compañeros muy partidarios de que impere más la ficción que la rigurosidad. Y yo soy partidaria de que no es excluyente, que se pueden tener las dos cosas, pero que hay que saber encontrar un equilibrio.
-Presenta la novela en Córdoba, una ciudad en la que asegura sentirse como en casa. ¿Qué importancia tienen para usted estos encuentros con los lectores y qué espera que descubran de La duquesa bastarda quienes acudan a la presentación?
-Yo creo que todos los escritores te van a decir que es la parte más satisfactoria. Encontrar a personas que te dicen que la historia les ha conmovido, que les ha ayudado en un mal momento, que se han reído o que han aprendido, es increíble. Me llena de satisfacción cuando alguien me dice que mi novela le ha despertado la curiosidad por investigar sobre temas que antes no le interesaban. Eso da cierto placer, el haber hecho bien tu trabajo. Y en cuanto a Córdoba, es una ciudad con muchísima bibliofilia. Siempre me siento muy bien recibida. Esa constancia por la lectura y las ganas de aprender que tienen aquí me impulsan muchísimo.
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