Entrevista
Pablo García-López, tenor: "En el escenario, quiero conmover al público y lanzar un mensaje"
El tenor cordobés (Villaralto, 1988) ofrecerá este jueves 7 mayo un concierto en el Gran Teatro junto a Aarón Zapico, una celebración especial de los 20 años de carrera de Pablo García-López, que recorre un repertorio por obras de Monteverdi, Bocherini y Vivaldi

Manuel Murillo

-Este jueves vuelve al Gran Teatro, cuando se cumplen 20 años de su primera actuación en Córdoba. ¿Qué recuerda de aquel debut?
-Recuerdo la oportunidad tan grande que me dieron Manuel Hernández Silva y Alfonso Osuna, que era el gerente entonces. Apostaron por un niño que tenía mucha ilusión, pero que estaba muy verde en muchos aspectos, supieron ver en mí la musicalidad y el potencial artístico que tenía. Recuerdo aquella actuación, fue una misa de Mozart que viví con mucha inconsciencia porque solo era un niño de 17 años, pero creo que ahí rompí una lanza. Creo que el público cordobés, que ha visto mi evolución y me ha visto crecer, está orgulloso de ese chico que ha hecho carrera en la música clásica, siento que me tiene un cariño que va más allá de lo artístico, un cariño personal.
-Si pudiera hablar con ese niño, ¿qué consejo le daría?
-Que toda la ilusión que tiene y todos los «noes» que le van a dar son necesarios, que tiene que aprender de ellos para seguir mejorando y que lo que tiene que hacer es trabajar mucho, seguir mejorando y seguir aprendiendo. Y también le diría que no cambie su naturalidad. Eso es algo que he intentado conservar, porque esa naturalidad, unida a la música, le abrirá muchas puertas.
-¿Qué repertorio ha elegido para este concierto de cumpleaños?
-Estaré con Aarón Zapico y un repertorio que hemos llamado Negroni Sbagliato, como el cóctel. Es muy divertido, todo música italiana: Boccherini, Monteverdi y Vivaldi. El hilo conductor es un poco esa mezcolanza, de ahí lo del negroni. Pero también están esas piezas de héroes de Vivaldi, que son siempre como guerreros. Habrá una pieza muy especial que haremos Aarón Zapico y yo, el monólogo El lamento de Ariadna, una pieza dramática que cuenta el momento en el que Teseo deja a Ariadna en la isla. Digamos que está en el nacimiento de la primera ópera y por eso también hemos querido hacerla. Es un homenaje, la haré de memoria y un poco dramatizada. Será un concierto especial, no un abono al uso.

Pablo García-López, antes de un ensayo en el Gran Teatro de Córdoba. / Manuel Murillo
-Con Aarón Zapico ha encontrado una conexión especial. ¿Qué le gusta de su forma de entender la música?
-Que tiene una visión muy especial de la música y de la vida. Tiene una ética muy parecida a la mía y, además, es una persona que no tiene miedo a los retos, ni al qué dirán, ni a la crítica. Eso te hace avanzar, porque te abre las fronteras de la mente. Él me ayuda a arriesgar, porque yo a veces tengo más miedo. Yo siempre le digo: «Venga, voy al precipicio, pero cuando esté ahí tú me agarras y saltas conmigo, porque si no, yo no soy capaz». Y él siempre está ahí.
La próxima temporada haré una zarzuela en Córdoba, pero no puedo decir el título. Desde 2020, cuando hice 'La flauta mágica', no he hecho una producción aquí"
-Desde su primera actuación hasta ahora, ¿en qué siente que ha crecido más como artista?
-A nivel técnico, mi voz ha cambiado por completo. Es una voz con otro color, incluso comparada con la de hace cinco años. Luego, dramáticamente, mi forma de afrontar la madurez de la vida me va dando un bagaje para crecer musicalmente. Y también me he ido relacionando con grandísimos músicos y he aprendido de ellos. Eso me ha dado un poso muy interesante, más maduro y más sereno.
-¿Hay algún rol que tenga pendiente y que le haría especial ilusión interpretar?
-Le voy a dar una primicia, pero no puedo decir el título todavía porque si no me van a matar. La próxima temporada haré una zarzuela en Córdoba. Desde 2020, cuando hice La flauta mágica, no he hecho una producción aquí, pero el año que viene volveré con un rol que quería hacer, uno de esos papeles. En 2027, también haré Belmonte, de El rapto en el serrallo, con Manuel Hernández Silva, que me hace mucha ilusión. Y volveré a hacer algunas obras como La flauta mágica en la Ópera de Lausanne.
-¿Qué busca provocar en el espectador cuando se sube al escenario?
-Conmover al público. Uno no va al teatro a escuchar una cosa más, yo quiero cantar y mandar un mensaje sobre lo bello que es hacer música con un grupo como la Orquesta y que todos sonemos al mismo son. En los tiempos que corren, creo que eso es algo muy importante.
Interpretar La Pasión según San Juan ha sido una experiencia que me ha cambiado la perspectiva, algo casi místico"
-¿Hay algún compositor que le haya marcado?
-Mozart ha marcado toda mi vida hasta ahora. Y en el último año, Bach, creo que más. Interpretar La Pasión según San Juan el mes pasado ha sido una experiencia que me ha cambiado la perspectiva, algo casi místico. Lo hicimos en el Palacio Real y me ha trastocado un poco, así que ahora estoy con Bach un poco más fascinado.
-¿Puede planificar su carrera o se deja llevar según las oportunidades que aparecen?
-No, qué va. En eso me ayuda mi mánager, mi agente de París. Tengo la carrera planificada para los próximos cuatro años.
-¿Ha habido alguna decisión clave para llegar al punto en el que se encuentra hoy?
-Sí, escucharme a mí mismo y escuchar mi voz para saber qué era de verdad lo que quería hacer. Hubo un punto en el que me dejé llevar, como planteabas, pero vi que no era acertado. Yo así no podía funcionar; mi creatividad se apagaba. Al final, cuando hice esa escucha, la carrera empezó a tener un sentido.
Estoy de parte de los abonados y de los melómanos que siguen a la Orquesta de Córdoba para que tengamos el lugar que merecen, con unas condiciones acústicas adecuadas para hacer música en condiciones"
-Supongo que este concierto le habrá hecho mirar atrás. ¿Está contento con el camino?
-Sí, y me ha emocionado, porque he recibido mensajes muy bonitos, por ejemplo, del maestro Hernández Silva, de gente de la Orquesta y de gente de la Córdoba.
-¿Cuál es su relación con la Orquesta de Córdoba?
-Estupenda. Yo los adoro, los respeto y siempre digo que estoy de su parte. También estoy de parte de los abonados y de los melómanos que la siguen, para que tengamos un lugar como ellos merecen, con unas condiciones acústicas adecuadas para hacer música en condiciones. Creo que una ciudad como Córdoba tiene que darle su lugar a la cultura.
-¿Ha cambiado su manera de preparar los conciertos con los años?
-Sí, cada vez soy más pulcro y cada vez estudio más. Es una cosa que, con el tiempo, no paro de estudiar, pero no porque me sienta inseguro, sino porque necesito entrar más en la obra. Si me quedo muy por encima, no me parece que haya hecho bien el trabajo. Cada vez estudio más, pero también disfruto más. Antes no lo disfrutaba tanto, me lo tomaba demasiado a pecho.
-¿Hay algún cuidado especial de garganta para un tenor como usted?
-Propóleo, hidratación e intentar no hablar mucho. A veces hago periodos de silencio, aunque a mí me encanta hablar. Me paso horas sin hablar. A mi padre le da mucha risa, pero es lo que mejor me viene.
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