HISTORIA
Arturo Pérez-Reverte: "Las guerras puede ser divertidas, son tan surrealistas que hay momentos en los que te ríes"
El escritor publica 'Enviado especial', una recopilación de sus crónicas que revela el origen de su mirada literaria: también presenta 'Fotografías de guerra', una exposición que podrá visitarse hasta el 31 de mayo en el Ateneo de Madrid

Arturo Pérez-Reverte, fotografiado en el Ateneo de Madrid. / EFE
La guerra no pudo con él. Qué difícil cuando, frente al terror y la incertidumbre, ojo, sólo la verdad puede salvarte. Contarla fue el motor de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) durante 21 años. Una época que, entre trincheras, bajo las bombas, ha ido desmenuzando deliberadamente en toda su obra literaria. Recuerda el olor de la sangre, el silencio de la muerte. Hay caras que aún se le aparecen de noche. De aquellas jornadas en Bosnia, Mozambique y Líbano no sólo aprendió a sobrevivir, también descubrió la peor cara del ser humano. La misma, precisamente, que hoy está asolando Ucrania, Irán y Palestina. Sólo un matiz las diferencia: "Hoy sería imposible publicar aquellas crónicas. Ni siquiera las fotografías. Son incómodas, inadmisibles en el mundo actual". Por ello, acaba de editar Enviado especial: una biografía para comprender el mundo que fue y ya no.
"Yo no quería hacer este libro. Pero mi editora, Pilar, me dijo que en él se encuentra el origen de todo. Quien lo lea entenderá la mirada con la que escribo novelas", ha explicado en un encuentro celebrado en el Ateneo de Madrid. En él reúne por primera vez, en orden cronológico, una selección de crónicas y reportajes escritos en los 70 y 80, a los que se añaden los artículos publicados en las últimas décadas sobre conflictos pasados y presentes, sobre verdad y manipulación. Un ejercicio de periodismo que, según Pérez-Reverte, insistente, hoy sería imposible de llevar a cabo: "Las guerras molestan. Y yo lo que quería era cortar la digestión a la gente. Mostrábamos niños mutilados, hospitales destruidos. Era un trabajo dificilísimo. Y, con el tiempo, ya nos empezaron a avisar de que podíamos herir sensibilidades. Así hasta llegar a la actualidad. Hoy sería imposible mostrar aquellas imágenes".

Arturo Pérez-Reverte ha presentado su exposición 'Fotografías de guerra' (1974-1985) en el Ateneo. / EFE
Acompañado por Paco Custodio, su cámara entonces, a quien siempre citaba en sus artículos, Pérez-Reverte ha recordado algunos de los episodios más impactantes de su trayectoria. Como el que vivió junto a un grupo de guerrilleros en Maputo: "Un técnico de sonido nos despertó en mitad de la noche. Nos dijo que nos iban a matar. El jefe de la aldea quería quitarnos de en medio para llevarse todo lo que teníamos. Fueron horas difíciles. Y, cuando amaneció, proseguimos el camino. Les seguimos la corriente y, al final, no pasó nada". Con motivo de la publicación de Enviado especial, PHotoESPAÑA ha presentado la exposición Fotografías de guerra (1974-1985) . En ella, que podrá verse hasta el 31 de mayo en el Ateneo, se muestran por primera vez 30 imágenes en blanco y negro tomadas por el propio Pérez-Reverte en las contiendas que marcaron las últimas décadas del siglo XX. Fotografías tomadas en los momentos en que el periodista cerraba el cuaderno y alzaba la cámara casi por instinto, pues había algo que las palabras no podían contener.
Acompañadas por textos suyos, no constituyen el archivo de un fotógrafo, sino la memoria visual de un testigo. En ellas late lo que toda gran fotografía de guerra promete y pocas veces cumple: mostrar el instante más desnudo de la condición humana y no el horror como espectáculo. "Todos los conflictos son iguales. Y eso, en parte, era un consuelo porque me permitía adoptar analgésicos para soportar lo insoportable. Por ello, siempre he vinculado mis libros al trabajo [...]. Las guerras pueden ser divertidas. Son tan surrealistas que hay momentos en los que te ríes. Recuerdo entrevistar a un oficial africano con una gafas Rayban que no quería quitarse. Entonces, claro, surgían momentos que rebajaban la tensión. Y, cuando no, llegabas al hotel y te abrías una botella. Era la forma de sobrevivir", ha sostenido.
Ver gente morir
Para el autor de Las aventuras del Capitán Alatriste, aquel mundo de reporteros que conoció ya no existe. Se ha transformado y, por tanto, tal y como asegura, ya no zarandea al público como antes. "Éramos testigos directos, el contacto más fiable con la verdad. Ahora, se ha interpuesto la tecnología. Y la inteligencia artificial. Por lo que las coberturas no son tan fiables. Nuestras imágenes eran auténticas. Nadie puede mentir cuando está viendo a la gente morir. A todo ello hay que sumar la actitud receptora de los lectores. No quieren la verdad, sino la suya", ha proseguido. De todas las contiendas que ha cubierto, la de Eritrea en 1977 le marcó especialmente. En ella estuvo desaparecido durante varios meses y logró sobrevivir gracias a sus amigos de la guerrilla. Aunque nunca ha dado detalles, en alguna ocasión ha confesado que tuvo que defenderse con armas.
Sobre el genocidio en Gaza, Pérez-Reverte no tiene dudas: "No he visto un niño aplastado ni un hombre mutilado por ahora. En nuestro tiempo, eran constantes. Poco a poco, nos han alejado de la realidad. La guerra es un horror, huele mal. Los heridos gritan. Y hay quien se sujeta las tripas que acaban de sacarle. Hoy, en cambio, vemos las ruinas que ha dejado a su paso. Existe una censura que ni siquiera es oficial. Simplemente, el espectador no quiere que le digan la verdad". En su último libro recuerda los desastres en Luanda, Malabo, Sarajevo, Beirut, Jartum, Nairobi y Vukovar, entre otros lugares. Y en todos, sin excepción, los efectos perduran en el tiempo. Hasta hoy.
P. De seguir en activo, ¿cuál de las guerras actuales le hubiera gustado cubrir?
R. Ninguna. Este mundo ya no es para gente como nosotros. Nuestros mecanismos profesionales no son transferibles. Somos dinosaurios, estamos extinguidos.

'Enviado especial'
Arturo Pérez-Reverte
Alfaguara
611 páginas | 22,70 euros
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