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Al margen

'La Grazia'

'La Grazia'

'La Grazia' / CÓRDOBA

Manuel Ángel Jiménez

Manuel Ángel Jiménez

Paolo Sorrentino, el director italiano de La gran belleza (2013), vuelve a centrarse en el mundo de la política como ya hiciera en Il divo (2008) y en Silvio (y los otros) (2018), aunque con un tratamiento y tono bastante alejados de sus precedentes. Asimismo, el actor protagonista vuelve a ser Toni Servillo -premiado con la Copa Volpi en el último Festival de Venecia-, quien nos regala otra lección magistral de interpretación a la hora de construir este personaje, un presidente de la República italiana ficticio (si antes se inspiró en Andreotti y Berlusconi, ahora podría haberlo hecho en Sergio Mattarella) al que le restan seis meses de mandato, mientras se debate en la duda, pues ha de decidir -siendo católico- si aprobar una ley que autorice la eutanasia y firmar dos indultos para excarcelar a una mujer que ha matado a su marido que la maltrataba y a un hombre que asesinó a su esposa enferma terminal de alzhéimer. Y, para colmo, desde hace años se halla anclado en un permanente estado de melancolía, desde que falleció su amada esposa Aurora (posiblemente las imágenes que idealizan sus recuerdos, así como la composición musical de Ryuichi Sakamoto en colaboración con Alva Noto que las ilustran, conforman los pasajes más estéticos de este filme, tan cuidado en su aspecto visual y sonoro como acostumbra su autor). Aunque el silencio predomine, la música techno irrumpe a la vez que se ralentiza la acción, provocando interesantes efectos, durante las secuencias compuestas por estudiadísimos planos construidos con perfectos movimientos de cámara.

Sorrentino ha escrito un guion preciso y acertado, premiado con el Hugo de plata en el Festival de Chicago, poniendo el foco en alguien un tanto insólito, difícil de encontrar en los tiempos que vivimos donde política no es sinónimo de limpieza, porque un político preocupado por el bien común, por las consecuencias de sus decisiones, preparado como nadie para las tareas propias de su cargo, y que toma su abnegado trabajo como un servicio público y no como un negocio particular, realmente podría parecernos algo inverosímil, visto lo visto.

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