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Conciertos

Córdoba vibra con Fito & Fitipaldis en una noche de himnos y complicidad intergeneracional

La banda de Fito llena la plaza de toros de Los Califas en un concierto rotundo, donde convivieron clásicos coreados, nuevos temas y una conexión total con un público entregado de principio a fin

Córdoba vibra con los himnos de Fito

A. J. González

Córdoba

Hubo dudas hasta última hora sobre si el concierto se celebraría o no, pero esta noche Córdoba terminó por despejarlas con música. Fito & Fitipaldis inauguró la plaza de toros de Los Califas con un lleno absoluto y un público entregado que reunía varias generaciones en un mismo espacio: quienes han seguido a la banda desde sus primeros discos y quienes se han sumado después, atraídos por unas canciones que han terminado cruzando edades y etiquetas.

A contraluz ha sido la encargada de abrir la noche. Un arranque directo, sin rodeos, que pertenece a su último trabajo, El monte de los aullidos, y que ha encontrado respuesta inmediata en una plaza que ya estaba completamente metida en el concierto desde el primer acorde. Se coreaba de principio a fin, marcando el tono de lo que sería una noche de comunión constante entre escenario y público.

Una banda consolidada

Desde el inicio quedaba claro que el concierto iba a sostenerse sobre una banda muy engrasada, donde todos los miembros han tenido su momento sin romper el equilibrio general. El sonido, sólido, limpio, y con una energía constante que no decayó en ningún tramo. No hacían faltan artificios innecesarios: todo estaba puesto al servicio de las canciones.

A partir de ahí iban llegando los momentos más reconocibles del repertorio. Por la boca vive el pez y Me equivocaría otra vez han levantado la plaza entera, con un público que prácticamente no ha dejado de cantar. Son canciones que hace tiempo dejaron de pertenecer solo a la banda para convertirse en algo compartido, casi colectivo. En esos temas han brillado especialmente los detalles que ya son marca de la casa: el saxofón de Javi Alzola, aportando ese matiz cálido y melódico tan identificable, y los solos de guitarra de Carlos Raya, precisos, medidos y siempre al servicio del conjunto.

Diferentes épocas

El concierto ha ido alternando épocas con naturalidad, sin necesidad de bloques cerrados ni cambios bruscos. Han sonado temas como Entre la espada y la pared, A quemarropa, Los cuervos se lo pasan bien o Cielo hermético, junto a canciones del nuevo disco, que encajaban sin fricción en el ritmo general del show. Lejos de sentirse como novedades aisladas, se integraban con naturalidad en el recorrido del concierto, manteniendo el pulso y la atención del público.

En el ecuador de la noche se ha dado uno de esos momentos que humanizan el espectáculo. Fito ha explicado una dinámica que están repitiendo en la gira: en cada ciudad piden al público que grabe un saludo dirigido a la siguiente parada. Córdoba ha recibido el suyo desde Mallorca y ha respondido con entusiasmo grabando el mensaje para Cáceres, siguiente destino de la banda. Un gesto sencillo, pero que reforzaba la cercanía entre artista y público, rompiendo durante unos minutos la barrera habitual del escenario.

Final por todo lo alto

El tramo final ha elevado aún más la intensidad. La casa por el tejado, Antes de que cuente diez y Soldadito marinero han sido coreadas por una plaza completamente volcada, en la que ya no quedaba nadie ajeno al concierto. Antes de eso, también ha habido espacio para guiños a Platero y Tú, que han terminado de cerrar el círculo entre el pasado y el presente de Fito.

El cierre dejaba la sensación de una noche sin excesos ni necesidad de adornos, centrada en lo esencial: canciones bien tocadas, un público entregado y una conexión constante entre ambos lados del escenario. Córdoba ha respondido desde el primer minuto y la banda ha ofrecido un concierto sólido, de los que no buscan el golpe fácil pero sí dejan huella cuando termina la última nota.

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