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Teatro

El humor como herramienta: 'Las Mortero' aborda la presión social y el feminismo en un montaje que regresa a Córdoba

Nieves Pedraza, directora de 'Las Mortero', lidera esta comedia de reivindicación que ha evolucionado con el tiempo y que se puede ver el sábado 21 en el Teatro Duque de Rivas

Estigma Teatro lleva Las Mortero al teatro de la ESAD

Estigma Teatro lleva Las Mortero al teatro de la ESAD / CÓRDOBA

Tras cuatro años de gira, Las Mortero regresa al lugar donde todo comenzó. El montaje vuelve a Córdoba con la intención de cerrar, de alguna manera, un ciclo, aunque su recorrido continúe. Para la compañía, este regreso no responde solo a una cuestión escénica, sino también emocional: volver al espacio donde empezó todo, la Escuela Superior de Arte Dramático, supone reencontrarse con sus orígenes como creadoras y devolverle a la ciudad parte del camino recorrido. "Queríamos volver a Córdoba y regalar a la ciudad un poco de lo que hemos construido estos años", asegura Nieves Pedraza, creadora, directora y dramaturga, además de una de las intérpretes.

La artista cordobesa lidera esta propuesta de Estigma Teatro que, lejos de mantenerse estática, ha ido transformándose con el paso del tiempo. Según explica, el trabajo ha evolucionado al mismo ritmo que sus propias vidas: cuatro años en los que han crecido como personas y como creadoras, atravesando numerosos escenarios dentro del circuito alternativo español.

Un montaje vivo

Aunque la esencia se mantiene, el montaje ha experimentado cambios, maduraciones en el texto e incluso variaciones en el elenco, consolidándose como un proyecto vivo en constante diálogo con el público. "Hemos crecido como personas, y la obra también ha madurado. El texto, algunos cambios en el elenco, el contacto con el público… todo ha ido moldeando lo que hoy mostramos en escena", comenta. Según explica, esa evolución no implica que sea algo completamente distinto, pero sí un montaje más sólido y conectado con la experiencia de quienes lo ven.

Para quienes se acerquen por primera vez, Pedraza presenta Las Mortero como una comedia de reivindicación protagonizada por tres amigas que, desde una estética que evoca los años noventa, emprenden un viaje entre lo real y lo simbólico. A partir de una metáfora central -tres mujeres a las que no se les permite entrar en una fiesta-, el montaje despliega un recorrido por el tiempo, las experiencias y los conflictos que nacen de sentirse fuera de lugar.

El origen del proyecto, explica la artista, está profundamente ligado a la adolescencia y a esa sensación de no pertenecer, de convivir con el rechazo en una etapa especialmente vulnerable, una experiencia común que aquí se convierte en lenguaje escénico.

El humor como herramienta

Pedraza recuerda que, al salir de Andalucía, tenían dudas sobre cómo funcionaría el montaje fuera de su contexto local, pero el público ha reaccionado con entusiasmo. "El humor ha sido una puerta de entrada para que cualquiera se reconozca en temas como la presión social, la violencia estética, el feminismo o las expectativas que no cumplimos", explica.

Esa relación con el público ha influido directamente en la evolución del espectáculo, que ha ido incorporando nuevas capas a partir de las experiencias compartidas tras cada función. Pedraza entiende el teatro como un proceso de escucha activa, especialmente cuando aborda cuestiones sociales, y defiende el humor como una herramienta capaz de iluminar zonas complejas sin renunciar a la reflexión. "Hemos incorporado cosas que nos contaba la gente, hemos transformado escenas… Cuando haces algo social, hay que escuchar a quien recibe tu trabajo", apunta.

Con su regreso a Córdoba, Las Mortero -se puede ver este sábado, a las 21.00 horas, en el Teatro Duque de Rivas- invita al público a sumarse a una propuesta que combina risa y pensamiento, experiencia personal y mirada colectiva, reivindicando además la importancia de apoyar el talento local. Más allá de la risa y la reivindicación, Pedraza insiste en que Las Mortero es también un espacio de celebración y complicidad, donde cada función es un pequeño ritual, un lugar donde compartir experiencias, miedos y alegrías, y salir "un poco más libres de lo que nos dijeron que podíamos ser". Esa idea de encuentro y liberación convierte cada función en algo único, donde el público no solo observa, sino que se siente parte de la fiesta, del juego y de la memoria colectiva que las creadoras han ido tejiendo durante estos cuatro años de recorrido.

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