Entrevista |
Alicia Montesquiu: "Las hermanas de Manolete se sacrificaron en silencio para financiar la carrera del torero"
El Teatro Góngora de Córdoba recibe este sábado a las 20.00 horas 'Las hermanas de Manolete', una obra escrita por Alicia Montesquiu y dirigida por Gerardo Olivares

En primer plano, Alicia Montesquiu, que interpreta a una de las hermanas de Manolete. / Chema Moya

-Córdoba tendrá por fin la oportunidad este sábado de ver una obra que ha rodado por muchos teatros y de la que, además de ser autora, es usted intérprete junto a Alicia Cabrera y Ana Turpín. ¿Qué cuenta en 'Las hermanas de Manolete' y en qué medida lo que cuenta es real?
-Las hermanas de Manolete es una obra de ficción, pero está basada en los personajes reales, sobre todo, en las mujeres que rodearon a Manolete en los días posteriores a su muerte, aunque también narra algo de la historia familiar. Cuenta cómo sus hermanas mayores, a las que yo he llamado Manuela y Remedios, ejercieron la prostitución para financiar la carrera del torero en la difícil posguerra española. Digamos que se sacrificaron en silencio.
-¿Cómo llega usted a esta historia?
-Me encontré con ella cuando estaba investigando la relación de Manolete y Lupe Sino, una actriz que era lo contrario de lo que se esperaba de la novia de un torero tan importante, una actriz que había estado casada con un dirigente de la República, que no podía tener hijos y que era muy moderna para su época. Tenía un montón de ingredientes que me fascinaban. Cuando supe que la familia —sobre todo la madre, el apoderado y la cuadrilla— la llamaban la serpiente y no la querían para nada, empecé a investigar, porque me parecía muy interesante cómo él apostaba por esa relación contra todo, incluida su madre. De hecho, iba a dejar de torear y se iba a casar con ella en México. Ya lo tenían planeado porque su madre no quería que se casaran en España. Entonces dijo: "Se acabó el toreo, no puedo más con esta presión, con Dominguín y los demás, me quiero casar, ser feliz y me voy a México”. Había decidido hacer algunas corridas más para dejar dinero a la cuadrilla, porque era un hombre honesto y muy bueno con sus compañeros, y luego dejarlo. Empecé a investigar para ver si Lupe Sino iba a las corridas de Manolete y, mirando crónicas, encontré una en la que un periodista taurino decía que la faena de Manolete, que toreaba ese día en Córdoba, había estado deslucida porque habían llegado dos de sus hermanas a la plaza y el público había empezado a increparlas, a silbar y a decir cosas como… y leo la frase textual: "Manolete, tus hermanas me hicieron ayer una faena mejor que la que estás haciendo hoy". Manolete aún no iba el primero en los carteles; en esa corrida iba el segundo, pero empezaba a ser muy importante. Me quedé helada y dije: "¿Esto por qué?". Entonces empecé a tirar del hilo y descubrí que las dos hermanas mayores ejercieron la prostitución en Córdoba al mismo tiempo que él preparaba su carrera en Sevilla. Porque para ser torero tienes que pagar muchas cosas. Al principio pagas por torear, no te pagan a ti. Pagas por el traje, por la cuadrilla, por el entrenamiento, por todo. Me encontré esa historia y decidí crear un encuentro ficticio entre Lupe Sino y esas dos mujeres unos días después de la muerte de Manolete. Un encuentro que nunca ocurrió.
-¿En qué lugar deja esto a Manolete?
-En la obra no juzgamos a la madre, ni a las hermanas, ni, por supuesto, a Manolete, que de hecho era una persona muy adelantada a su tiempo, una persona modernísima, cultísima, una muy buena persona. Y, además, no entramos en taurinos o antitaurinos. Lo que queremos es mostrar una realidad. Yo he descubierto a un Manolete que me ha sorprendido gratamente por lo culto y lo buena persona que era, una persona muy recta, amigo de sus amigos, porque una cosa no quita la otra. Hablamos de la Posguerra, de una madre dos veces viuda de dos padres toreros, que se queda sola con las hijas y el hijo, que era como su única esperanza y viendo que apunta maneras, piensa: "Igual él sale adelante, vamos a hacer todo lo posible para que triunfe y nos saque de la miseria".
-¿En qué medida el trasfondo político está presente?
-Está presente en cuanto a que lo sitúo en la España de la posguerra y hay miseria. Y el papel de la mujer en aquella época era o las cocinas o los salones, si tenías dinero; si no tenías dinero, las cocinas. O sea, no había mucho más. No podía sobresalir. Las mujeres estaban silenciadas absolutamente. Entonces eso es tal cual. En ese pequeño espacio que dejaba la sociedad a todo lo femenino, las mujeres se movían haciendo y deshaciendo. Pero era muy complicado. Por eso en la obra no juzgamos a la madre, no juzgamos a esas hermanas, ni a la familia, ni a nadie, es que hicieron lo que pudieron para sobrevivir. Lo que pasa es que hay que contar las cosas. Siempre detrás de un hombre triunfador hay mujeres que le ayudaron y le auparon, mujeres que sacrificaron su vida o que lo dieron todo para que esa persona.

Alicia Montesquiu, autora e intéprete de 'Las hermanas de Manolete'. / CÓRDOBA
-¿Cuál es su intención al contar esta historia?
-Mi intención es poner un espejo a todo el público para que veamos la España de la Posguerra, la miseria, el papel de la mujer en esa época, las mujeres silenciadas, y para que veamos lo importante que es la sororidad entre mujeres porque la familia de Manolete llamaba a Lupe Sino prostituta, cuando dos de las hermanas lo habían sido. Hay un momento en el que Lupe dice: "Podríamos haber sido casi hermanas", refiriéndose a que no podemos tirar piedras al espejo que nos devuelve nuestra propia imagen, es de eso de lo que trata la obra. No podemos juzgar y mucho menos con la mirada de 2026.
-Porque a veces las mujeres podemos ser nuestras peores enemigas.
-Efectivamente, justo eso. Lo que quiero es elevar a las hermanas de figuras que han estado ocultas a protagonistas de su propia historia. Y te voy a contar una anécdota. Familiares de Lupe Sino han visto la obra dos veces y han venido llorando a decirnos: “Gracias por contar esto”, porque también cuento la historia de Lupe Sino, que fue tremenda. No la dejaron despedirse de Manolete, la encerraron en una de las habitaciones del sanatorio y no lo pudo ver hasta que estaba muerto. En otro teatro estuvieron unas amigas de una de las hermanas de Manolete, con fotografías, señoras ya mayores cordobesas y una nos dijo: "Todo esto que contáis es verdad".
-¿Sabe si esas tres mujeres tenían una relación en la realidad?
-Esto es un spoiler, pero nunca se conocieron. Ellas sabían todo el tema de Lupe Sino y que su madre la llamaba la serpiente... En escena, aparecen solo tres mujeres, las dos hermanas que son del primer matrimonio y Lupe, pero también aparece Manolete reencarnado, por ejemplo, en el traje que llevó en la última corrida y sale la madre, que sobrevuela la escena todo el tiempo, como un toro, porque es la que hacía y deshacía, la que ordenaba.
-¿Todos eran víctimas de Angustias?
-A mí me gusta mucho una cosa en el teatro, no me gusta aleccionar al público, simplemente explicar la historia que quiero explicar y que el público sienta. Eso es importantísimo. Nosotros enseñamos una historia ficcionada y lo que pretendemos es contar una historia con todas las aristas posibles y todos los lados posibles, pero sin aleccionar al público.
-¿Lo que se decía de las hermanas era verdad o habladurías?
-Todo está absolutamente documentado. Ha sido un trabajo de más de cinco años de documentación, porque hay muchas cosas, pero a veces son muy difíciles de encontrar. De todas formas, la historia no gira en torno a eso sino al encuentro ficticio entre esas tres mujeres heridas de muerte y las casualidades que se dan. Eso es quizá lo que más me apasiona de la historia de Manolete: el cúmulo de casualidades que no das crédito, que parecen de película.
-¿Qué tipo de casualidades?
-Te cuento solo una sola, pero hay mil. El toro que mató a Manolete se llamaba Islero. Cuando un toro mata a un torero, la tradición es sacrificar a la familia del toro: sacrifican a la madre y no se suele poner ese nombre hasta el cabo de muchos años o no se pone. Trece años después de la muerte de Manolete, Lupe se había ido a México, se casa con otro hombre que también se llama Manuel Rodríguez, pero no es feliz y vuelve. Tiene un accidente de coche, se da un golpe en la cabeza y tres días después va al médico, y el médico le dice: “No te preocupes, que no es nada importante”. Pero resulta que no. Se había dado un golpe mortal. Tres días después muere, un domingo, en su casa, sola, a la misma hora, en el mismo momento en el que en Las Ventas un toro de nombre Islero estaba siendo toreado por un torero.
-¿Qué fue de las hermanas?
-Su hermano las casó con dos personas de su entorno y una de ellas tiene un descendiente torero.
-¿Hasta qué punto la obra habla de 1947 y cuánto de ahora?
-Yo soy una mujer de ahora y lo interesante es que una historia, que no es solo dramática, también es cómica —porque me gusta mucho esta cosa berlanguiana que tenemos los españoles que de todo hacemos un chiste—, a veces te ríes en la obra sin querer y dices: “Ay, Dios mío, ¿por qué me estoy riendo de esto?”, pues esa historia plantea una visión al pasado que te atraviesa hoy porque te das cuenta de todo lo que nos queda por avanzar.
-Después de rodar cuatro años, llega a Córdoba. ¿Qué supone para usted presentarla en la tierra de Manolete?
-La respuesta ha sido impresionante en todos los sitios. Estuvimos antes en Lucena y fue una experiencia increíble, todo el público se puso en pie y vino el director del teatro y nos dijo: "Es la primera vez que se pone el público de pie, los de Vox, los de Podemos y los del PSOE".
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