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Entrevista |

David Muñoz Mateos: "La historia de un niño salvaje me ha permitido hablar de nuestra relación con la naturaleza"

El autor zamorano ha vuelto este jueves a Córdoba y a la Fundación Antonio Gala para presentar 'Entre las hojas escondido', una obra que mezcla de ficción y realidad y en la que se pregunta sobre el ser humano y sus límites

David Muñoz Mateos, en la Fundación Gala de Córdoba.

David Muñoz Mateos, en la Fundación Gala de Córdoba. / Manuel Murillo / COR

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

-Un niño salvaje, Samuel Carvalho, es el protagonista de su segundo libro. ¿Cómo llega a ese personaje y de qué quería hablar con esta historia?

-La historia de los niños salvajes me ha interesado desde siempre, desde que los conocí en la ficción con Mowgli en El libro de la selva, Tarzán, Rómulo y Remo... Con 17 o 18 años, descubrí que había casos reales de niños que habían sido criados por animales y tenían una relación casi de igual a igual con ellos. He investigado mucho esos casos, la historia de un niño salvaje me permitía hablar de nuestra relación con la naturaleza y del regreso de lo salvaje, sobre todo, en las zonas despobladas; cómo la naturaleza está volviendo y el lobo está recuperando su lugar. Y del regreso de lo salvaje dentro de nosotros mismos: esta idea de conectar con la parte más animal, de vernos un animal más en el conjunto de las especies.

-La sierra de la Culebra tiene mucho peso en la novela. ¿Qué le interesaba de ese territorio fronterizo entre Zamora y Portugal?

-Que es el lugar de Europa occidental con mayor densidad de lobos, un espacio donde la sociedad no consiguió acabar con la especie natural dominante, siempre hubo lugar para lo salvaje. Eso me interesaba. Yo soy traductor de libros, sobre todo, de naturaleza y había traducido muchas historias de lobos en otros lugares de Estados Unidos o Inglaterra. Me apetecía contar el conflicto que genera en los humanos el lobo, contar la relación que tenemos con él. También me interesaba la forma en que la poca gente que queda se relaciona con el territorio. Ha sido un lugar abandonado, despoblado, donde falta de todo. La mayoría se ha ido y me interesaba cómo se relacionan con el territorio los que se quedan. La despoblación es un síntoma de la idea de progreso que tenemos, de que solo se puede hacer vida en la ciudad y la realidad de que, en un momento dado, hubo que irse para tener una vida digna. Todo no depende de que cambiemos nuestra forma de pensar, hay realidades muy duras en esos pueblos de las que la gente huyó. Ahora la vida es más fácil y se podría hacer mucho para recuperar población.

-Usted es de Zamora, pero ha vivido en Irlanda, en EEUU y ahora en París. ¿Ver la naturaleza de lejos le ayudó a escribir de ella?

-Viví cinco años en Sanabria, en el lugar donde transcurre la novela, me mudé para escribirla. Creo que en la naturaleza está la posibilidad de sentirnos en casa, de tener un hogar. La novela habla mucho del arraigo. El narrador que entrevista a Samuel es un individuo desarraigado, que no encuentra su lugar y ve en Samuel, al que casi envidia, a alguien con un arraigo muy fuerte, tanto que es casi la voz de la sierra, no se puede estar más arraigado. En ese momento, sentí esas ganas de conocer la naturaleza, de vivirla, de ver quiénes somos dentro de ella.

Córdoba. David Muñoz Mateos, escritor presenta su libro en la Fundación Gala

El autor, con el libro, momentos antes de la presentación. / Manuel Murillo / COR

-¿Se identifica con el narrador o con Samuel?

-Soy los dos, pero, el narrador que es una especie de alter ego mío. Yo quería que la gente se preguntara si Samuel es real o no. La novela está construida de forma que parece un ensayo sobre este individuo y para eso, tenía que rodear a Samuel de realidad. Ahí entra la vida del narrador, que es la mía propia. Todo lo que rodea a Samuel es real y de Samuel existe la duda de si es real o no.

-Su primera novela fue Felipón, esta es ya la segunda. ¿Qué ha cambiado en su forma de narrar?

-La primera la escribí en un año y medio y ésta me ha llevado diez años. Creo que ha habido un tomarme mucho más en serio la estructura de la novela, lo que es una novela en sí, cómo se relacionan las partes entre sí, cómo pueden dialogar unas con otras. Es una novela mucho más compleja, donde se mezclan los géneros, el pasado y el presente. Es casi una pieza musical, con muchas voces. Y también es más madura. Quizá la primera era más fresca. Aquí hay toda una pregunta importante sobre el ser humano y sus límites.

-¿Qué le aporta la traducción a la hora de escribir?

-Además de los temas, en la traducción tienes que ser muy preciso para trasladar lo que el escritor hubiera dicho si escribiese en tu idioma. Intento que en mi forma de narrar también haya esa precisión.

-Usted estuvo en la décima promoción la Fundación Gala. ¿Le marcó esa etapa?

-Fue fundamental. Salimos de ahí diciendo que después de haber estado escribiendo cada día, alimentándonos de los compañeros y de la gente que va, hay algo en ti que se resiste a dejar de hacerlo, quieres escribir todos los días, te aporta esa disciplina y esa necesidad, aunque luego no es posible y genere un poco de frustración.

-¿Qué recuerda de sus conversaciones con Antonio Gala?

-Yo estuve en la época en que se estaba tratando el cáncer, pero estaba en buena forma y habló mucho con nosotros, nos citaba en el despacho, nos leía. Que con 22 o 23 años, Antonio Gala lea tus textos es una maravilla. Me marcó su personalidad, su manera de entender la vida, su pasión por el arte y su alegría.

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