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Reportaje

El pintor cordobés Francisco Escalera explora en una exposición tres décadas de paisaje y memoria en pintura

El pintor cordobés Francisco Escalera repasa más de treinta años de trayectoria en una retrospectiva que reúne 39 obras y permite recorrer la evolución de una pintura marcada por el paisaje, la arquitectura y la reflexión sobre la relación entre el ser humano y su entorno.

Francisco Escalera, en su estudio.

Francisco Escalera, en su estudio. / Víctor Castro

Córdoba

Durante más de tres décadas, el paisaje ha sido para el pintor cordobés Francisco Escalera algo más que un motivo pictórico. En sus cuadros, carreteras, ríos o ciudades se convierten en escenarios donde se cruzan la memoria, la arquitectura y el paso del tiempo. Esa mirada personal sobre el territorio es la que ahora resume la exposición Paisaje y memoria. Tres décadas de pintura, que puede visitarse en el museo de Alcalá de Guadaíra hasta el 5 de abril.

La muestra reúne un total de 39 obras procedentes de distintas etapas del artista y propone un recorrido por más de treinta años de trabajo. Para Escalera, nacido en Córdoba en 1965, se trata de una ocasión especial para revisar su propia trayectoria y mostrar cómo han ido evolucionando su mirada y su lenguaje pictórico.

«Es importante poder reunir en una exposición obras de las distintas etapas para que se pueda observar un recorrido amplio de mi pintura», explica el artista. En el conjunto aparecen algunos de los ciclos más representativos de su carrera, como Paisajes de paso, Territorios de agua o la serie dedicada a Italia, además de una nueva serie inspirada en el río Guadaíra.

Aunque su obra parte del realismo, Escalera se ha ido alejando del paisaje entendido como simple representación. En sus cuadros, el espacio se convierte en un lugar de reflexión sobre la relación entre el ser humano y el entorno.

El río Guadalquivir, las ciudades históricas italianas o los paisajes urbanos e industriales aparecen así como puntos de partida para explorar la memoria de los lugares y la transformación que el tiempo y la actividad humana producen en ellos.

«Intento despertar el interés del espectador sobre la necesidad de implicarse en la obra, de adentrarse en ella prestando atención a las formas», señala el pintor. «Creo que existe una interrogación constante sobre cómo miramos, cómo percibimos y cómo ordenamos esa visión».

El artista, trabajando en una de sus obras. | VÍCTOR CASTRO

El artista, trabajando en una de sus obras. / VÍCTOR CASTRO

Influencias

A lo largo de su trayectoria, Escalera ha construido una pintura muy personal en la que conviven influencias diversas. Entre dichas influencias se encuentran el realismo norteamericano de Edward Hopper, la atmósfera metafísica de Giorgio de Chirico o la tradición paisajística de la Escuela de Vallecas.

El artista también reconoce en sus obras la influencia de algunos artistas abstractos como Piet Mondrian o Mark Rothko, además del cine negro o el neorrealismo italiano.

Sin embargo, Francisco Escalera insiste en que su objetivo siempre ha sido construir una voz propia. «Nunca me ha interesado pintar a la manera de nadie. Siempre he intentado buscar mi propia forma de expresar», comenta el artista.

Criado entre Córdoba y Sevilla, Escalera ha encontrado en los paisajes cercanos buena parte de sus temas. Durante años pintó sobre todo escenas vinculadas al entorno del Guadalquivir y a la arquitectura urbana.

Realismo

El artista defiende que el realismo debe partir de la experiencia directa. «Yo no podría pintar un lugar si no he estado allí», explica. Por eso muchos de sus cuadros nacen de viajes o de largas observaciones del entorno cotidiano. Su proceso creativo, además, suele ser lento y reflexivo. Algunas series tardan años en tomar forma definitiva, después de un periodo de estudio y maduración.

La exposición permite observar cómo se relacionan las obras de sus primeras etapas con las más recientes. Si en sus comienzos predominaban los tonos sobrios y una atmósfera más dura, cercana a los paisajes industriales, con el tiempo su pintura ha evolucionado hacia una paleta más matizada y natural.

Preocupación

En todas ellas permanece la misma preocupación por el espacio pictórico y por la manera en que la pintura puede guiar la mirada del espectador. «Al final -explica el artista- la pintura no son más que formas rellenas de color». Con esa idea como punto de partida, Paisaje y memoria funciona como una mirada retrospectiva sobre más de treinta años de trabajo y como una invitación a contemplar el paisaje desde otra perspectiva.

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