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Entrevista

Jesús Sánchez Adalid, escritor: "Presento la novela primero en Córdoba porque la ciudad forma parte de la historia"

Jesús Sánchez Adalid lleva la historia de 'Tres halcones para Tamerlán' este miércoles 4 de marzo a Bodegas Campos

El escritor José Sánchez Adalid.

El escritor José Sánchez Adalid. / Guadalupe Gavilán

Con motivo de la publicación de Tres halcones para Tamerlán y la presentación de la novela en Córdoba, Jesús Sánchez Adalid, uno de los grandes referentes de la novela histórica en España, autor de éxitos como El mozárabe o Alcazaba, cuenta cómo surgió la idea de esta obra, el viaje que lo inspiró, el minucioso trabajo de documentación y los episodios que más le impactaron, ofreciendo al lector una mirada directa al corazón de esta aventura histórica.

-¿Cuándo nace esta novela?

-Nace de un viaje. Fui invitado a Astaná por la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Embajada de España. Desde allí viajé a Uzbekistán para conocer Samarcanda y Bujará. Quería seguir los pasos de Ruy González de Clavijo.

-¿Y qué encontró allí?

-Encontré una historia fascinante y prácticamente olvidada. En 1403, ochenta años antes de los Reyes Católicos y mucho antes de la toma de Granada, Castilla envía una embajada a Samarcanda, al corazón del Asia Central. El objetivo era establecer una alianza con Tamerlán frente al poder turco, que entonces amenazaba el Mediterráneo y apoyaba a los piratas berberiscos que asolaban nuestras costas. Estamos hablando de un viaje de más de tres años, atravesando mares, montañas y desiertos, en un mundo incierto, lleno de conflictos y peligros. Me dio pena que los españoles no conozcamos esta hazaña. Tenemos una crónica extraordinaria, un testimonio directo de aquel encuentro entre dos mundos, y- sin embargo- forma parte de esa memoria que se ha ido desdibujando con el tiempo. Sentí que era una historia que merecía volver a ser contada y compartida.

-Clavijo lo dejó todo escrito. ¿Por qué convertirlo en novela?

-Es un texto magnífico, minucioso, lleno de detalles y observaciones muy valiosas, pero resulta difícil para el lector actual: cambian los giros, el sentido de muchas palabras, la construcción misma del idioma. Exige un esfuerzo que no todo el mundo puede asumir hoy. Mi intención fue respetar absolutamente los acontecimientos y los personajes reales, no alterar el fondo histórico, pero sí darles forma narrativa, hacer que respiraran como novela, que el lector pudiera recorrer ese camino con emoción y cercanía. No se trata de reinventar nada, sino de traducir ese testimonio al lenguaje literario de nuestro tiempo. Y lo cierto es que la historia, en sí misma, es ya una gran novela de aventuras.

-¿Por eso también la elección de un joven halconero como protagonista?

-Sí, aportaba frescura. Por eso elegí como protagonista a un joven aprendiz de halconero. Sabemos que los halcones que llevaba la embajada eran extraordinarios. No eran aves cualquiera: eran lo mejor que Castilla podía ofrecer. Y el arte de la cetrería es complejo; necesitaban expertos que los cuidaran. No sabemos quién los llevó exactamente. Ahí entra la ficción: imaginar a uno de esos halconeros, joven, aprendiendo a mirar el mundo mientras lo recorre.

El escritor Jesús Sánchez Adalid.

El escritor Jesús Sánchez Adalid. / CÓRDOBA

-Su novela combina rigor y agilidad. ¿Cómo se logra ese equilibrio?

-Ese es el kit de la cuestión. Una buena novela histórica exige una combinación precisa entre el acontecimiento real y la ficción literaria. Hay que estar bien documentado. No puedes reinventar la historia. Debes ser fiel a la mentalidad de la época, a los miedos, a la forma de pensar.

-¿Qué le sorprendió más al reconstruir esa mirada medieval?

-El asombro. Hoy lo tenemos todo en una pantalla: viajamos sin movernos del sofá, vemos documentales, fotografías, recreaciones digitales. Para nosotros casi nada resulta completamente desconocido. Ellos no. Cuando ven por primera vez jirafas o avestruces quedan absolutamente deslumbrados. No tenían referencias previas, no habían visto imágenes, no podían comparar. Era un descubrimiento real, físico, inmediato. Ese impacto lo cuenta Ruy González de Clavijo con una naturalidad que hoy nos conmueve, porque percibimos en sus palabras la sorpresa auténtica de quien contempla algo que jamás imaginó.

-¿Y qué le exigió más investigación durante el periodo de documentación previa a escribir la novela?

-Los tiempos y los territorios. Hoy programamos un viaje y sabemos cuándo llegamos. Entonces dependían del viento. Podían quedar detenidos por la calma chicha, sufrir tempestades, enfrentarse a piratas turcos o quedar bloqueados por conflictos entre venecianos y genoveses. Todo eso exige estudio: otros viajeros, tesis doctorales, geografía, política.

-Personalmente, ¿qué episodios le impactaron más en todo este recorrido?

-El paso por Constantinopla. En 1403 todavía existe el Imperio Romano de Oriente. Hay emperador. Y ellos asisten maravillados a las grandes celebraciones religiosas de Bizancio, un mundo que está a punto de desaparecer. También el episodio en Armenia, en Maku. Allí un señor cristiano encomienda a su hijo menor a la embajada para que lo lleven a Roma y lo presenten al Papa. Saben que quizá no lo volverán a ver. Y los castellanos cumplen su palabra.Y luego la diversidad: islas gobernadas por una mujer poderosa, culturas griegas aún vivas, mundos completamente distintos entre sí.

-¿Encuentra paralelismos con el presente? ¿Alguna enseñanza que aplicar a día de hoy?

-Claro que sí. Entonces había un gran conflicto en Oriente que amenazaba a Occidente. Hoy también. Han pasado más de seiscientos años… y los seres humanos seguimos siendo los mismos. Seguimos enfrentándonos a conflictos, seguimos teniendo miedos y preocupaciones parecidas, y en el fondo poco ha cambiado nuestra manera de actuar frente a ciertas situaciones.

-Presenta la novela primero en Córdoba. ¿Por qué esta elección?

-Porque Córdoba aparece en la novela. Ya no estamos en época califal, sino en tiempos de los Trastámara, pero la ciudad sigue siendo regia e importantísima. La corte, que era itinerante, se detiene allí antes de partir hacia Cádiz. Y uno de los halcones es un halcón baharí, de tradición andalusí. Un halcón cordobés que será entregado al señor de Samarcanda.

-De cara al futuro, ¿le quedan épocas por novelar?¿le gustaría seguir explorando la historia para convertirla en novela?

-Muchísimas. La historia de España es tan rica y tan compleja que no voy a tener vida suficiente para contarlo todo. Cada época tiene sus propios personajes, sus conflictos, sus secretos… y siempre hay algo que merece ser contado y revivido a través de la ficción. Además, cada viaje al pasado me permite descubrir detalles, curiosidades y episodios que el lector no conoce, y eso hace que la historia cobre vida de una manera única.

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