Entrevista
Carlos Zanón: "Nunca he pagado para que duerman conmigo, pero puedo entender esa clase de soledad abisal"
El escritor barcelonés regresa con 'Objetos perdidos', novela protagonizada por un abogado adicto a casi todo que se busca a sí mismo en una Barcelona gris y solitaria mientras sigue la pista de un jugador de rugby desaparecido en la ciudad

Carlos Zanón, fotografiado en Barcelona antes de la entrevista / MANU MITRU
David Morán
Carlos Zanón (Barcelona, 1966) se fue de gira por cámpings y entoldados decadentes con Eileen, Jim y Cowboy, rockeros tristes y cowboys solitarios arrojados a las páginas de 'Love Song', y la vuelta a casa se le hizo más larga y complicada de lo previsto. Cuatro largos años de silencio narrativo y cabriolas emocionales que desembocan ahora en 'Objetos perdidos' (Salamandra), novela curativa sobre gente dañada protagonizada por Álex Gual, un abogado adicto a casi todo al que se le da bien encontrar a personas y perder cosas. Un tipo a la deriva enredado en turbios asuntos criminales y amorosos que el autor de 'Yo fui a Johnny Thunders' abandona a su suerte en una Barcelona de persianas a medio bajar, peluquerías con trastienda delictiva y bares con nombre de diva de la música disco mientras sigue la pista de Levi Davis (aquí Andy Cox), aquel jugador de rugby que desapareció misteriosamente en la capital catalana en 2022.
¿Cómo de perdido ha estado Carlos Zanón durante estos cuatro años para escribir una novela como esta?
Bastante. Pasaron un montón de cosas y me fui tropezando. Sin épica y sin dramas, pero estuve bastante perdido. Como en las películas de David Lynch, siempre piensas aquello de "bajo y luego vuelvo", pero cuando quieres volver ya no hay camino. En algún momento sí que me dio miedo no poder volver de la soledad. Pero escribir siempre te salva. A mí, en concreto, me ordena y me da sentido.
¿Para encontrarse había que mirar hacia atrás y buscar en los orígenes? 'Objetos perdidos' tiene mucho de la atmósfera de 'Marley estaba muerto', el libro de relatos que publicó en 2015.
Quería ser más conciso. Con 'Taxi' y 'Love Song' hubo un poco de desmesura, y sí que hay algo de volver al principio, pero con todo lo aprendido. 'Marley estaba muerto' tenía ese aspecto como de estar en un cuento, que no acabas diferenciar muy bien lo onírico de lo real. Es un territorio en el que me siento muy cómodo. Además, a mí es el libro que más me gusta.
Un poco 'dickensiano', ¿no?
Es que para mí 'Cuento de navidad' es un libro que.. Buff… También va de segundas oportunidades, de gente que cree que no importa… El personaje de Señor Paco tiene algo del malvado 'dickensiano'. No fui consciente mientras la escribía, pero es verdad.

Zanón, en la librería Finestres de Barcelona / MANU MITRU
Vuelve a Barcelona con una novela que bien podría ser la campaña antitúristica definitiva de la ciudad.
En el fondo, es cualquier ciudad, no solo Barcelona. Lo que hace atractivo a la ciudad es lo imprevisible, el anonimato, pero la cara B de todo esto es la soledad absoluta. Puedes pasarte un día sin que nadie te reconozca, sí, pero la contrapartida es que no le importas a nadie. Obviamente es Barcelona, pero también cualquier metrópoli. Me gusta mucho la idea de que las ciudades son gente aquí y ahora.
¿Y esta metrópoli, sea Barcelona o cualquier otra, es un buen lugar para perderse, para desaparecer?
Es un lugar efectivo. Tú dejas de contestar Whatsapp dos meses y no te llaman para saber si estás bien. Todos estamos a un despido, a un mal divorcio o a una enfermedad de estar en la mierda, de desaparecer. Hay mucha gente que acaba en la calle porque le da vergüenza pedir ayuda.
En las pelis de Tarantino nadie quiere follar nunca, por eso tienen tanto tiempo para hablar, para matarse o para drogarse"
En ‘Objetos perdidos’ no hay música, apenas hay conexiones familiares y casi todas las relaciones están basadas en algún tipo de interés tirando a espurio. ¿Es su novela más desesperanzada?
La más desapegada, creo yo. Tampoco hay sexo, pero voluntariamente. No quería poner los anzuelos que nos conectan con una historia. En el fondo, los personajes son como bolas de billar que chocan. Le quería quitar el romanticismo. Diría que es como la más desajustada. ¿Sabes cuando te pones una chaqueta y no te acabas de encontrar en ella?
No hay sexo pero, como en 'Las buenas noches' de Isaac Rosa, el protagonista también necesita compañía para dormir.
Fíjate que en las pelis de Tarantino nadie quiere follar nunca, por eso tienen tanto tiempo para hablar, para matarse o para drogarse. Dormir, en cambio, es un grado de intimidad muy bestia. Si tú te despiertas solo, nunca sabes si estás muerto. Me gusta mucho que Àlex llegue a pagar por eso, porque duerman con él. Es una manera de explicar una soledad brutal sin necesidad de subrayarlo.

Carlos Zanón posa antes de la entrevista / MANU MITRU
¿Quién es Niño Gordo, ese Pepito Grillo mal que acompaña a Àlex a todos lados?
Siempre somos el niño acomplejado que éramos de crío. En el fondo, las inseguridades las tienes siempre. Si te han hecho 'bullying', eso genera que tengas una manera de relacionarte con la gente; si tenías complejo de gordo, eso siempre está adentro. Me servía un poco como de Doctor Jekyll y Mister Hyde un poco grotesco. Pero al final todos somos el niño traumado y abollado que éramos de pequeños. Eso no cambia. Vas construyendo encima, pero los cimientos son lo que son.
¿Pesa más todo esto en un escritor?
Ana María Matute decía que después de los siete años no hay nada que pase que sea realmente importante. Sí que es verdad que los escritores somos gente con una serie de carencias de niño y de adolescente que busca un tipo de soledad muy concreta. Por eso siempre hay algo de venganza en acabar publicando.
¿Venganza? ¿Contra quién?
Contra el mundo. De pronto, el patito feo, el que no era guapo ni popular, es el que acaba explicando la historia de todos los demás. En el fondo tampoco quieres ajustar cuentas con nadie, simplemente decir "estoy aquí".
Cuando era abogado, lo veía: gente muy chunga, pero todos muy tontos. Pringan mucho porque no saben construir un relato"
¿En qué se parece el abogado Àlex Gual al letrado que fue Carlos Zanón?
Al final, preparar un caso se parece mucho a hacer una novela: tienes que crear un relato que sea verosímil con lo que tienes. Yo que fui un abogado sin vocación, como abogado de oficio tuve contacto con una serie de gente que vivía el presente inmediato y, a pesar de eso, tenían vínculos fuertes. Eso me flipaba mucho.
Parte de la novela está anclada en un caso real: la desaparición en Barcelona del jugador de rugby Levi Davis.
Se me quedó esta historia, sí. Luego, además, todo lo que explico del detective es tal cual: hay una agencia de detectives inglesa que una vez al año coge un caso gratis, pero cuando se pusieron a investigar lo de Davis era tan marciano todo lo que iban descubriendo que la familia dijo que mejor dejarlo correr. Preferían pensar que estaba muerto o en un karaoke en las Canarias antes que involucrado en una red de pornografía o algo así.
La Barcelona delincuencial que retrata, con ese bar-karaoke como centro de operaciones y la amenaza de una mafia somalí que no acaba de aparecer, es casi un parodia del lumpen.
Es que en realidad el lumpen es muy cutre. Lo que vemos en las películas es una ficción. Están tan contagiados del propio relato que hay sobre ellos que son muy ridículos, tan ridículos como podemos serlo todos. "Voy a montar un bar y se llamará Lips". "¡Oh, qué gran idea". Dentro de ese mundo que puede ser muy violento, hay una especie de representación muy ridícula. Cuando era abogado, lo veía: gente muy chunga, pero todos muy tontos. Pringan mucho porque no saben construir un relato. Otra cosa es esa reflexión que tiene que ver con la fascinación de la gente de letras por el matón, por caerle bien a Tony Soprano.

Carlos Zanón posa antes de la entrevista / MANU MITRU
La atracción del mal.
Y saber porque quieres acercarte a eso aunque sabes que hay un precipicio debajo. En realidad, lo que quieres es bajar y volver. Quieres juntarte con esa peña, pasar esa noche de mierda y luego despertarte entero, con la oreja en su sitio.
"Solo hay arte si hay maldad", dice uno de los personajes.
Claro. Siempre hay algo perverso en el ejercicio del arte. Tiene que haber algo incorrecto, algo que no está bien colocado, si no te conviertes en alguien homologado.
Todos queremos no ser invisibles, no desaparecer. Somos objetos perdidos hasta que alguien nos encuentra"
¿Están condenados sus protagonistas a vivir en un bucle de relaciones tóxicas?
Eso tiene que ver también con la atracción por la maldad. Desde el romanticismo hemos identificado el amor, la pasión, con lo que nos hace sufrir y enfermar; lo otro no lo valoramos, consideramos que es algo burgués. Así que los personajes se van juntando para hacerse daño y curarse a la vez. Esa es un poco la mirada que a veces tengo de las relaciones, pero intento que tampoco acabe siendo un cliché. En el fondo soy optimista, siempre creo que acabamos saliendo de las cosas y acaban ganando los buenos.
¿Qué tal se lleva con sus personajes? ¿Lo pasa mal haciéndoles sufrir?
No, pero no me resultan ajenos. Sí que me implico. Por ejemplo, yo nunca he pagado para que duerman conmigo, pero sí que puedo entender esa clase de soledad abisal. En la literatura sí que hay algo autobiográfico de una manera salvaje, pero en el fondo la ficción consiste en despistar.
Al final, los objetos perdidos somos nosotros. Todos.
Todos queremos no ser invisibles, no desaparecer. Somos objetos perdidos hasta que alguien nos encuentra.
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