El legado de Roma en Córdoba
El Templo Romano: de su descubrimiento a su puesta en valor
El pasado verano, después de no pocas vicisitudes, se culminó la restauración de uno de los edificios que mejor define el muchas veces infravalorado pasado romano de Córdoba

Más de 14.000 personas han pasado por el restaurado templo desde su apertura al público. / CÓRDOBA
Tres cuartos de siglo ha tardado Córdoba en poner en valor su Templo Romano, culminando una sucesión de intervenciones que, con más o menos acierto, han devuelto a la ciudad un importante símbolo de su época romana, a menudo solapada por la árabe. En varias ocasiones se hicieron intentos de abrir el edificio al público, pero no duraron mucho.
En esta Córdoba sosegada las cosas van despacio, y a trompicones, pero, por fin, el pasado junio se culminó la restauración del Templo Romano y se abrió al público con el objetivo principal de que «esta intervención sirva para el conocimiento y la puesta en valor del patrimonio que llega hasta nosotros como reflejo y fusión de las diferentes aportaciones de la historia, el paso del tiempo y las intervenciones que en él se han desarrollado y que sirva para acercar el patrimonio a la sociedad haciéndola partícipe del mismo», dice la arquitecta del Servicio de Proyectos de la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU), Carmen Chacón.
Desde el siglo XVI han ido apareciendo restos que indicaban la existencia de un edificio
En realidad, en junio de 2025 se concluyó la segunda fase de un proyecto que culminará con la construcción de un centro de interpretación de la construcción y su entorno que, en principio, irá en la planta baja del vecino Ayuntamiento en donde se pueden ver también restos de la antigua muralla romana y de la cimentación de la plaza en la que se levantaba el monumento, elementos que, como recuerda Chacón, «fueron estudiados junto a todo el resto del templo por nuestra compañera Maribel Gutiérrez, lamentablemente fallecida demasiado pronto. También se realizaron estudios sobre cómo afectaba el uso humano de los espacios interiores y se realizaron mediciones sobre las condiciones de temperatura y humedad para poder plantear condiciones de uso adecuadas y adaptar las instalaciones de forma que se corrigieran los valores negativos para el monumento». Todo lo cual no quita que «un patrimonio como el Templo Romano será objeto de estudio continuo», sostiene.
El Templo Romano fue descubierto en enero de 1951, durante unas obras para ampliar las Casas Consistoriales, pero lo cierto es que, como menciona el arqueólogo municipal Juan Francisco Murillo Redondo en ‘El templo de la C/ Claudio Marcelo (Córdoba). Aproximación al foro provincial de la Bética’, ya desde el siglo XVI se habían producido una serie de hallazgos casuales. Muestra de ello es que en aquella época la zona adyacente a la actual calle Capitulares era conocida como Los Marmolejos, constituyéndose como una de las principales canteras para la obtención de materiales para la construcción.
A lo largo de los siglos se encontraron restos de unos muros y unas puertas, una hilera de basas de columnas, una enorme columna, sillares, arquitrabes e incluso un caballo que formaba parte de una estatua colosal de bronce, que no se extrajo por el miedo de los vecinos a que provocara un hundimiento del inmueble en el que se localizó.

Hoy se sabe que la distancia entre las columnas debió ser algo mayor a la que se puede apreciar en la reconstrucción del Templo Romano. / CÓRDOBA
El descubrimiento del Templo
A pesar de todos estos hallazgos, el Templo Romano de Córdoba siguió oculto a los ojos del mundo hasta 1951. El 30 de enero de ese año, Diario CÓRDOBA publicaba un artículo que rezaba: «En las obras de ampliación del edificio de las Casas Consistoriales, recayentes a la calle Claudio Marcelo, han aparecido los restos de un edificio romano: el pretorio, o sea la residencia del Gobernador de la Bética».
Es evidente que esta primera hipótesis, la de que el hallazgo correspondía a la residencia del pretor Marco Claudio Marcelo, era errónea, pero de lo que no cabía duda alguna era de que los restos descubiertos por los obreros eran importantes. Así se iniciaron los primeros trabajos arqueológicos para esclarecer de qué tipo de edificio se trataba y fecharlo. Al frente de los mismos se situó Samuel de los Santos Gener -a la sazón director del Museo Arqueológico de Córdoba-, quien contó con la colaboración del arquitecto Félix Hernández.
Los arqueólogos recomendaron reconstruir el templo como el original.
Santos Gener recogió en sus ‘Memorias de las excavaciones del Plan Nacional realizadas en Córdoba (1948-1950). Informes y Memorias’ que la zona objeto de la intervención tenía unas dimensiones de 25 x 8 metros y 3,50 m de profundidad, donde se hallaron una serie de sillares de piedra caliza, dos basas de mármol blanco, dos piezas de moldura y pequeños fragmentos de capitel. Durante el curso de los trabajos arqueológicos se llegaron a extraer seis capiteles de orden corintio realizados en mármol, varias basas del mismo material, pero de orden jónico, fragmentos de fuste y de arquitrabe.
El entonces alcalde de Córdoba, Antonio Cruz Conde, decidió trasladar algunos de los capiteles a la plaza de Jerónimo Páez, donde el Estado acababa de comprar el palacio para reubicar el Museo Arqueológico (en la actualidad algunos de los capiteles siguen expuestos en el hall de Capitulares). Aunque Santos Gener descartó que los restos pertenecieran al pretorio o al foro y los relacionó con un templo o basílica, no se pudo determinar la tipología del edificio ni su cronología. Por ello, en 1958 Cruz Conde solicitó la ayuda del reputado arqueólogo Antonio García y Bellido para tratar de aclarar los interrogantes sobre los retos hallados. Además, el alcalde también le hizo saber su deseo de urbanizar todo el entorno con la construcción de un parque arqueológico -idea que se rechazó-, comentó el propio García y Bellido en el artículo ‘Crónica de Arte y Arqueología. El templo romano de Córdoba’, publicado en 1961.
Los arqueólogos llegaron a la conclusión de que aquellos restos pertenecían a un templo romano datado en torno al último cuarto del siglo I dC. Por la época y el rol de Córdoba como capital de la Bética, García y Bellido atribuyó el Templo Romano al culto imperial. Se trataba de un templo hexástilo (que posee seis columnas en el frente) de 9 metros de altura, sobre un pódium de 3,5 metros de alto, con columnas de mármol blanco, fustes estriados y capiteles corintios. Precisamente, debido a sus dimensiones, el arqueólogo estableció un paralelismo entre este edificio y la Maison Carrée de Nimes (Francia), que posteriormente serviría a Felix Hernández para reconstruir parte del templo.

Aunque el Templo romano ha sido visitable en otras ocasiones, hasta ahora no se había podido realizar un recorrido tan completo por el edificio. / Manuel Murillo
Otras intentonas
Con las directrices y la normativa de la época, se apostó por la reconstrucción del templo en anastilosis, es decir, recolocando los restos en su posición original. Así, se elevaron diez columnas de la pronaos (el pórtico que precede al santuario o cella) y sus capiteles (solo dos de ellos son originales, ya que el resto se hicieron a partir de moldes contemporáneos) y la primera columna del lado norte de la cella, gracias a que la conservación del altar y el pavimento original frente al Templo Romano permitió calcular la altura aproximada de las columnas. Tras la reconstrucción, el templo vivió una larga temporada de silencio. Los trabajos arqueológicos no se retomaron hasta 1985 de la mano de José Luis Jiménez Salvador en una serie de campañas que se prolongarían hasta 1987. Estos trabajos se centraron en la cella y en sus cimientos. Estas catas permitieron completar la documentación de la planta del templo, además de establecer una cronología julio-claudia para la construcción.
Entre 1994 y 1995, Jiménez volvió a ponerse al frente de las excavaciones, esta vez con la colaboración de la GMU. Los trabajos se centraron en un solar situado en la calle María Cristina con el objetivo de localizar los restos pertenecientes al pórtico occidental. Las investigaciones permitieron demostrar que parte de la muralla oriental había sido demolida para la construcción del templo, el cual quedaría extramuros, orientado hacia el este y elevándose sobre una plataforma de 10 metros.
En 1958 se optó por reconstruir el templo como debió ser el original del siglo I.
Los estudios arqueológicos realizados por expertos de la GMU y de la Universidad de Córdoba revelaron que el templo estaba conectado con un circo, ubicado a cotas inferiores, conformando un complejo monumental unitario. Ya en el siglo XXI, entre 2001 y 2003, la Gerencia Municipal de Urbanismo, bajo la codirección de Carmen Chacón y Juan Murillo, procedió a la restauración de las antérides (contrafuertes). Además, las excavaciones también permitieron documentar los restos de un ‘vicus’ (un barrio) que habría sido derruido en parte para dar paso a la construcción del templo y su entorno.
Bien de Interés Cultura
Pero no fue hasta una década después cuando se llevó a cabo una de las intervenciones más importantes para poner en valor el monumento, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2007. El proyecto, de la mano de la Ruta Bética Romana, se componía de tres fases: limpieza del monumento, la apertura de un acceso a través de la calle María Cristina y la sustitución de la antigua valla metálica que lo rodeaba por otra de metacrilato de 1,40 metros de altura que permitía ver el templo desde la calle Claudio Marcelo. Asimismo, el proyecto incluyó la instalación de iluminación artística, gracias a la aportación de la Fundación Endesa. Tras su inauguración en diciembre de 2012, el templo contó con más de 22.000 visitantes durante el primer mes de apertura, acogiendo diferentes actuaciones, espectáculos musicales o recreaciones históricas. Pero las visitas no se mantuvieron y una vez más el templo quedó suspendido en el tiempo.
El proyecto actual
El Ayuntamiento no abandonó la idea de abrir a las visitas el edificio y así, dentro del Plan Turístico de Grandes Ciudades, llegó el proyecto que, por fin, ha permitido recuperar el Templo Romano para la ciudadanía cordobesa y quienes visitan la ciudad. Pero tampoco ha sido fácil esta vez.
Las obras se adjudicaron a Patrimonio Inteligente, que se encargó de la primera fase, la de conservación y restauración de las estructuras de la construcción y de las antérides. La segunda fase, en la que se debía construir una pasarela para acceder a la pronaos y poder pasear entre las columnas recayó en Arquetec, que tras varias paralizaciones renunció al contrato en abril de 2019, obligando a readjudicar las obras, que fueron retomadas por Ingeniería de la Construcción Cordobesa en diciembre de 2023. Aunque las obras debían durar ocho meses, la constructora ha necesitado 18 meses para concluirlas.

Imagen Ejemplar del 30 de enero de 1951 de Diario CÓRDOBA, en el que se hacía referencia a la aparición de restos de un edificio romano debajo del Ayuntamiento.DIARIO CORDOBA INFORMA DESCUBRIMIENTO TEMPLO ROMANO 1951 page 0001 / CÓRDOBA
La arquitecta del Servicio de Proyectos de la GMU, Carmen Chacón, explica que el proyecto se basó en «el conocimiento científico multidisciplinar del monumento» y en «las intervenciones que en el mismo se llevaron a cabo en la segunda mitad del siglo XX, en las que existieron aciertos y errores analizados desde las expectativas del siglo XXI, pero que no podemos olvidar que fueron hijos de las teorías de su tiempo». En cualquier caso, la premisa básica es «la mínima intervención necesaria sobre los inmuebles y que dicha intervención sea claramente reconocible y reversible», remarca Chacón que, sobre los «errores» del pasado apunta que, «a veces rectificar posibles errores cometidos en otras épocas anteriores, que forman parte de la vida del monumento, del paisaje urbano consolidado, de la memoria colectiva y que son el resultado de un momento determinado, puede causar más daños que beneficios al monumento. Hay que valorar de qué se trata y sopesar cual es la opción más adecuada, y por supuesto, ser honestos y explicar la situación mediante la difusión y la divulgación, como es el caso». Los materiales utilizados en la obra son sostenibles y reversibles. «Nuestras intervenciones parten siempre de la identificación y de la reversibilidad. Además, es muy importante utilizar materiales que redunden en la sostenibilidad», destaca Chacón. De esta forma, para la plaza se han usado piezas lineales que se unen para formar losas que van sujetas a sus soportes con meros anclajes puntuales que permiten su desmontaje en cualquier momento.
En la pasarela se ha utilizado madera «un material diferenciable y a la vez amable y resistente que se adapta a la imagen que queríamos conseguir», afirma la arquitecta.
Por otro lado, se ha empleado el ladrillo para las pilastras que Félix Hernández ejecutó bajo cada columna y para el ‘podium’. Este material, además, se ha usado para marcar la evolución de la cota urbana, mientras que en las barandillas se usa el vidrio, que «con su transparencia permite formalizar un límite virtual y/o figurativo necesario por seguridad de utilización, pero que permite indicar que dicho plano no es el final del plano de la pasarela o de la plaza, sino que este elemento era mucho más amplio y que se extendía más allá de dicha formalización», asegura Chacón.
Accesible
«Todos estos materiales se utilizan para permitir una mejor percepción de lo que se pretende mostrar, así como la diferenciación clara con el monumento mayoritariamente formalizado en piedra», explica Chacón, a la que le queda la espinita de no haber podido hacer accesible la pronaos a las personas con movilidad reducida. «El tema de la accesibilidad es primordial para nosotros y ha estado presente en la redacción del proyecto, en el que hemos trabajado para intentar que sea lo más inclusivo posible. Cuando trabajamos en patrimonio existen una serie de limitaciones que impiden poder hacer accesible el cien por cien el monumento, y es algo que siempre duele». La arquitecta de la GMU reconoce que «siempre que terminas una obra piensas que tiene margen de mejora, ya que nada es perfecto, pero quizá eso es por el alto nivel de exigencia que nos ponemos a nosotros mismos. Pero echando la vista atrás y poniendo todo en una balanza, evidentemente estamos satisfechos de lo conseguido». Al monumento se accede por la puerta de la calle Claudio Marcelo (donde está la estatua). Desde ahí se coge la pasarela recorriendo el lateral del Ayuntamiento y se asciende hasta la altura donde se situó la plaza que daba entrada al templo. Desde allí, el visitante puede ver el altar, la pronaos y hacerse una idea de la plaza intermedia que separaba el templo del circo. Al bajar por la escalera, el visitante se mete en el cimiento del templo (donde lógicamente no se pisaba en época romana) para ver la estructura de la plaza elevada, las antérides y la cimentación de la cella, así como algunos de los capiteles, bazas y fustes encontrados en los años 50.

El Templo Romano se ha convertido en visita obligada para los turistas que se acercan a conocer Córdoba. / Manuel Murillo
El centro de interpretación
El proyecto contempla un centro de interpretación del Templo Romano y su entorno que se ubicará, en principio, en la planta baja del Ayuntamiento. En el centro de interpretación se realizará la difusión del monumento, de su historia, así como la del entorno urbano en el que se ubica y la transcendencia del mismo, así como las intervenciones de restauración de épocas anteriores. «Se utilizarán las nuevas tecnologías que ayuden a la comprensión, sin olvidar piezas originales de gran valor que fueron extraídas durante la excavación en la que se descubrieron los hallazgos del Templo Romano. Se dejarán también preguntas o vacíos para que con la visita del propio monumento el visitante mantenga la tensión y las pueda responder durante la visita. De igual forma se generará material para que la visita de las personas con visibilidad reducida puedan disfrutar de la visita de forma inclusiva», describe Carmen Chacón. El interés que despierta el Templo Romano es evidente. Desde que se abrió al público el pasado 19 de junio, el monumento ha recibido la visita de más de 14.000 personas.
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