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El legado de Roma en Córdoba

La ruta por la Córdoba romana: marcha por la Roma oculta a plena vista

Medio centenar de hitos romanos salpican las calles de Córdoba y su término municipal. Unos abandonados, otros ignorados y los terceros, los menos, visitables y puestos en valor

El patio de la antigua casa de los Romero de Torres atesora una amplia colección de piezas romanas.

El patio de la antigua casa de los Romero de Torres atesora una amplia colección de piezas romanas. / CÓRDOBA

Juan M. Niza

Juan M. Niza

Córdoba

Si quiere visitar todos los hitos que la ciudad y su término municipal conserva de su pasado esplendor romano no le va a bastar con un simple paseo en un solo día. Átese la sandalia legionaria, con chinchetas metálicas en la suela, y prepárese para una marcha militar de aquella época, ya que como mínimo necesitará, sin exagerar, una de aquellas caminatas de las legiones. Solo para cruzar la ciudad del circo al anfiteatro y rodear la ciudad por sus murallas deberá andar algo más de nueve kilómetros. Unas seis millas romanas (el equivalente a 6.000 pasos o 30.000 pies de la época). El doble en otra marcha imprescindible extramuros, en la Sierra, y otras 18 millas romanas para finalizar el viaje por el actual término de Córdoba y su historia romana en Ategua.

El esfuerzo vale la pena porque se trata de un legado que, desde lo material, pone rostro a todo lo que se está tratando en esta obra y que, como buenos romanos de entonces, los cordobeses conservamos en una especie de contradicción con una herencia que la forjó como ciudad y la caracterizó incluso en la época islámica (y hasta en la actualidad) y a la que, sin embargo, da muchas veces la espalda.

Así, encontraremos en ‘Corduba’ desde vergonzosos abandonos, caso de los puentes romanos de El Arenal y del arroyo de Linares o los mismos yacimientos de ‘Ategua’ y Cercadilla, a buenas prácticas (las menos) de conservación y puesta en valor de los hitos descubiertos. E incluso alguna exaltación poco entendible. Por ejemplo, esa paradoja de que hasta 2015 Córdoba no hubiera una estatua al fundador, Claudio Marcelo (actualmente junto al Templo Romano), y que, sin embargo, y desde mucho antes, sea la única urbe del mundo que dedica una calle a una persona que arrasó la ciudad y ejecutó o esclavizó a sus moradores, unos 20.000 cordobeses de entonces. Se trata de la calle Julio César, en Levante. «Están locos estos romanos», que diría el bárbaro Obélix de nosotros.

La configuración de la ciudad, muchos rótulos y las estatuas son un primer tributo a Roma.

A pie de calle y a la vista de todos

Pero centrémonos en ese legado romano en espacios públicos y privados, comenzando por el (por fin) recién recuperado Templo Romano, con el que Córdoba ha ganado un monumento para su patrimonio y orgullo, además de para el turismo, todo hay que decirlo, y del que no nos extenderemos al tratarse ampliamente en un capítulo de esta publicación.

Se trata de un punto magnífico para recordar lo mucho que de Roma está oculto a la vista de todos, comenzando por la actual trama urbana de Córdoba. Por ejemplo, con la vecina calle San Pablo, heredera de la Vía Augusta camino de Roma o, por el otro lado de la ciudad, parte de la avenida de Medina Azahara y Puerta Gallegos, entrada a la urbe desde Cádiz de esta calzada. Más aún, ahí está el trazado circular de las calles Alfaros y San Fernando, La Ribera, Vallellano y el Paseo de La Victoria hasta llegar a Ronda de Los Tejares, que coincide con los lienzos de la muralla romana.

Otro caso es la rotulación del callejero, que aunque faltarían muchos nombres, como el de Sexto Mario (aunque la actual Sierra Morena se llama precisamente así por él, «sierra de Mario»), también nos permite recordar a personalidades de las poderosas familias de la Bética que fueron reconocidos en Roma pese a su fuerte acento de provincia. Retranca que, por cierto y valga la anécdota, se cortó por lo sano (con claro riesgo de que algún bromista encontrara también cercenada su propia cabeza) cuando con ese mismo acento hispano llegasen desde Itálica a la dignidad imperial Trajano (53-117 dC) y Adriano (76-138 dC).

Mosaico de los Aurigas, uno de los doce encontrados en La Corredera, ocho de los cuales se llevaron al Alcázar.

Mosaico de los Aurigas, uno de los doce encontrados en La Corredera, ocho de los cuales se llevaron al Alcázar. / CÓRDOBA

Así, y también partiendo desde el Templo Romano, la calle ‘Nueva’, paradójicamente, rinde homenaje al más antiguo vecino de la ciudad, a su fundador, Marco Claudio Marcelo; mientras que con Procónsul Metelo Pío se hace un tributo a quien se le atribuye costear el amurallamiento de Córdoba (la calle está en Miraflores, irónicamente extramuros de la ciudad).

También está la calle Familia Annea (en La Fuensanta) y de esta saga en concreto encontramos la plaza de Séneca, cerca de donde se cree que nació el filósofo estoico tan de moda actualmente, o la calzada no muy lejos dedicada a su sobrino, el poeta Marco Anneo Lucano. Sin olvidar ese paso que se abrió en el lienzo amurallado romano de la calle San Fernando, que fue clausurada y de nuevo reabierta y que está dedicada al hermano de Séneca, Lucio Junio Galión Anneano, uno de los dos hispanos que se citan en la Biblia.

En piedra y bronce

También modernas y a la vista de todos están las estatuas. La última en erigirse, obra de Marcos Dueñas en 2015, fue la de Claudio Marcelo, ubicada a la entrada del reabierto Templo Romano. Sin embargo, la más antigua en rendir tributo a Roma es, al menos en su génesis, el conjunto escultórico ‘La educación de Nerón’, obra de Eduardo Barrón que le valió el premio de la Exposición de 1904 y que estuvo décadas cedido al Ayuntamiento de Córdoba por el Museo del Prado y ubicada en el edificio de Capitulares. Fue en 2007 cuando se devolvió el conjunto tras hacer un vaciado en bronce del mismo que se instaló solitaria y perdidamente en la inmensidad del Llano del Pretorio, actual plaza de España. Hay quien propugna para tan azarosa obra que vuelva al entorno de Capitulares. Mientras, no dejan de darse un cierto aire parecido otros dos ínclitos romanos con tres siglos entre ellos: la estatua de Lorenzo Coullaut Valera, erigida en 1926 en la plaza de Las Capuchinas del obispo Osio (256-357 dC) y la misma de Séneca que Amadeo Ruiz Olmos levantó junto a la Puerta de Almodóvar en 1965.

En Alfonso XIII se tapó una cloaca que tras dos mil años aun da servicio a la red Emacsa.

Séneca tendría una tercera escultura en Córdoba, al menos así se le atribuye popularmente, la de El Descabezado, en la propia plaza que lleva el nombre del filósofo. Aunque en realidad se desconoce a quién se dedicó el mármol de este togado junto a esa fuente donde un capitel de orden corintio sirve de taza al surtidor.

Puerta de Roma, comienza la marcha

La estatua de la plaza Séneca nos llama a cambiar de tercio para comenzar a visitar los restos de época romana que aún pueden admirarse de la ‘Corduba’ romana. Para ello volvemos al Templo de la calle Capitulares, con el bien conocido tramo de la muralla que se encontró en el antiguo edificio, y tomamos por el que fuera ‘Decumanus maximus’, la avenida que cruzaba todas las ordenadas ciudades romanas de este a oeste. Atrás dejamos donde estuvo el Circo romano, aquella mole de 400 metros de longitud y anchura superior a 100 metros, maravilla en los siglos I y II dC, que se demolió desde el siglo III casi hasta los cimientos, aunque se encontraran restos en Orive que... fueron tapados.

Por el decumano (calle Alfonso XIII), justo en la esquina con Capitulares, por donde estuvo la Puerta de Roma, también se descubrieron en 2009 restos (y se volvieron a tapar, dijeron que por su difícil integración y lectura fuera del lugar) de losas de la Vía Augusta y de la cloaca romana aún en servicio como parte de la red de alcantarillado de Emacsa. No se tenía conocimiento de esta infraestructura bimilenaria porque nunca había dado problemas en 20 siglos. A nadie se le escapa el contraste que ello supone con algunas obras actuales.

Restos de la ‘domus’ integrada en el hotel Palacio del Bailío.

Restos de la ‘domus’ integrada en el hotel Palacio del Bailío. / CÓRDOBA

Nos desviamos un poco del decumano para acercarnos por la actual calle Carbonell y Morand, a los restos de la ‘domus’ que puede visitarse en el subsuelo del hotel de cinco estrellas Palacio del Bailío. Encontrada por Rafael Castejón en el siglo XX en este inmueble renacentista de los Fernández de Córdoba que data del siglo XVI, conserva y pone en valor desde 2007 los restos de una ‘domus’ romana encontrada muchas décadas antes, incluido el estuco original en algunos muros y el primer atrio de una vivienda romana, del que, por cierto, son tributarios directos en arquitectura nuestros bienamados Patios cordobeses. En 2024, la apuesta respetuosa de la empresa Hospes, por la recuperación de este patrimonio, mereció el Premio Hernán Ruiz.

A izquierda y derecha del decumano

Volviendo al decumano, menos suerte en cuestión de integración (el Palacio del Bailío pone el listón muy alto, hay que reconocerlo) encontramos a un lado y otro del eje Conde de Gondomar-Concepción, y eso a pesar de que a mano derecha, hacia el norte, había no solo uno, sino dos foros romanos: el colonial, entre Cruz Conde y la iglesia de San Miguel, y el monumental ‘Foro Novum’ (o ‘Adiectum’). De las construcciones de las casas que se fueron levantando en el siglo XX salió material e hitos para llenar todo un museo dedicado a Roma. Sin exagerar. El ínclito Samuel de los Santos Gener hizo lo posible en sus investigaciones, pero...

Al menos hoy en día se puede imaginar cómo serían aquellos foros en el sótano del Colegio de Abogados, que conserva restos del ‘Foro Adiectum’, complementario al colonial, y una esquinita del majestuoso templo a la divinidad imperial, de 45 metros de largo y 30 de alto y ancho, que presidía majestuosamente aquella plaza porticada.

El Mausoleo de Puerta Gallegos, abierto con cita previa, es una visita imprescindible.

Mientras, a mano izquierda del decumano, hacia el sur, y bajando la calle Jesús María, nos encontramos con restos de una calle porticada y tiendas (‘tabernae’) en el gimnasio que se construyó en el edificio del colegio Santa Victoria. Siguiendo adelante, en la calle Concepción y justo antes de llegar a San Nicolás, nos quedan parte de unas termas en los sótanos de la antigua tienda Bershka.

Cuando salgan del establecimiento, siga en este recorrido por la Córdoba romana hacia Puerta Gallegos sin mirar al bulevar del Gran Capitán. Es lo mínimo para mostrar el dolor que supuso aquel auténtico atentado al patrimonio e historia tras descubrirse, alterarse y volverse a tapar entre 1984 y 1985, durante las obras del fallido aparcamiento subterráneo, el importante yacimiento encontrado. ¡Qué oportunidad perdió Córdoba! Por Puerta Gallegos salimos de la ciudad romana por la ‘Vía Augusta’, pasando junto a una de las grandes necrópolis de ‘Corduba’ (las sepulturas se organizaban a lo largo de grandes vías en donde el caminante pudiera ver y recordar el nombre de los muertos en las lápidas) con esos grandes hitos de los reconstruidos mausoleos romanos, cuyas bases fueron encontradas en 1993, además de un tramo de la citada arteria vial imperial. El mausoleo principal alberga una imprescindible exposición para conocer la Córdoba de la época, con un Centro de Interpretación del Mundo Funerario Romano abierto gratuitamente los fines de semana desde septiembre de 2024 con cita previa.

Mausoleo y pequeño tramo de la Vía Augusta, frente a Puerta Gallegos.

Mausoleo y pequeño tramo de la Vía Augusta, frente a Puerta Gallegos. / CÓRDOBA

Camino del anfiteatro y del palacio imperial

Por aquí, sobre un puente sobre el arroyo del Moro, que entonces discurría junto a la muralla, salían en masa los habitantes de ‘Corduba’ para disfrutar de los deportes sacros, que así eran como se concebían, de las sesiones de luchas contra bestias y de gladiadores en el anfiteatro. Se trata de un edificio cuyos restos se hallaron en 2002 bajo la antigua Facultad de Veterinaria (actual rectorado de la UCO). Construido en el siglo I dC y en uso hasta el siglo IV, fue el tercer anfiteatro mayor del imperio tras el Coliseo y el anfiteatro de Cartago, con capacidad entre 30.000 y 40.000 espectadores, 178 metros de longitud en su eje mayor y 140 en el menor. En el entorno se encontraron lápidas de gladiadores que ahora se conservan en el Museo Arqueológico. Más de dos décadas después de su descubrimiento, un convenio entre la Gerencia Municipal de Urbanismo, la Universidad Pablo Olavide y la de Córdoba contempla reiniciar la investigación y planificar la recuperación de este yacimiento arqueológico junto al otro gran reto patrimonial de la historia de Roma en Córdoba a poner en valor, a apenas 400 metros en línea recta al norte: el complejo tardo romano del palacio de Maximiano Hercúleo, en Cercadilla. Hablamos de ese conjunto cruzado por las vías de la estación de trenes, que arrasó el yacimiento en sus dos terceras partes en 1991. ¿Es quizá el mayor conjunto romano a recuperar de España? Tarea hay.

La otra estación vecina, la de autobuses, conserva restos de una construcción hidráulica romana en su sótano, que contenía un sistema de sifón y tuberías de plomo, posiblemente, para conducir el agua a presión al anfiteatro. ¡Qué ingenio el de los ingenieros romanos! Valga la reiteración.

Volviendo sobre nuestros pasos al anfiteatro, también en los sótanos de un nuevo edificio en Ximénez de Quesada queda un magnífico ejemplo de ingeniería hidráulica, caminos y restos de una manzana (‘insulae’) industrial y de viviendas.

Hacia las murallas

Regresamos por Antonio Maura al Paseo de la Victoria y visitamos en Vallellano, en el entorno de la Puerta de Sevilla, los restos de conducciones romanas y una tumba encontrada precisamente en el Camino Viejo de Almodóvar (Antonio Maura), restos integrados en los jardines a los que no les vendría mal algún panel explicativo. Estamos cerca de la primitiva Córdoba Ibérica, la Colina de los Quemados (parque Cruz Conde), en donde no han faltado también restos romanos, como los que se identifican con una batalla que encontró en una excavación en 2019 armas, munición para balistas y un hueso de un elefante de batalla.

Una imagen del yacimiento tardorromano de Cercadilla.

Una imagen del yacimiento tardorromano de Cercadilla. / CÓRDOBA

Ya llevamos 2,7 millas romanas, 4 kilómetros desde que salimos del templo de la calle Claudio Marcelo y nos queda mucha Roma por ver. A partir de ahora seguiremos el trazado de la muralla romana, que coincide en el lienzo oeste de la ciudad con la línea de edificios de Vallellano y La Victoria. En varios inmuebles se conservan restos en sus sótanos, aunque mucho más en el lienzo norte, en Ronda de Los Tejares, comenzando por los dos pisos de muralla a soga y tizón integrados por Rafael de la Hoz, Gerardo Olivares y José Chastang en la actual sede principal de Kutxabank en Córdoba. Otro buen ejemplo, menos visitable, es el parking del número 13 de Tejares, que incluye una torreta de vigilancia a dos pisos bajo el nivel actual de la calzada. A la izquierda, encontramos también un mosaico de una ‘domus’ integrado en la construcción de finales del siglo XX del pasaje entre Reyes Católicos y la plaza de Gonzalo de Ayora, aunque mucho más sorprendente, rico y desconocido es el mausoleo que recientemente se ha adaptado a la visita en el Palacio de la Merced y más al norte en Santa Rosa, el nuevo edificio entre los magníficos restos de la villa patricia del siglo II, entre las calles Algarrobo y Cronista Rey Díaz.

A un lado y otro de san fernando

Pero volvamos a la muralla. También en Colón hay inmuebles con sótanos que guardan notables tramos de esta construcción defensiva romana hasta la Puerta del Rincón, donde el lienzo oeste gira hacia el sur salpicando con sillares todo el lado izquierdo de Alfaros, Capitulares y calle San Fernando. Buena muestra de ello es el solar de la antigua ermita de La Aurora.

Y aunque llegando a la Cruz del Rastro quedan a la izquierda restos notables en el centro de salud de la calle Lucano (conjunto funerario tardorromano y elementos fabriles hidráulicos) y en el edificio del Soho Ribera (de talleres y almacén portuario de aceite), es intramuros donde se han hallado infinidad de hitos en el subsuelo que hablan de la Puerta Pescatoria y la zona de termas en la que se halló la Venus bañándose, hoy una de las joyas del Museo Arqueológico.

Camino de donde estuvo el puerto se sigue (y a buen seguro se seguirá en el futuro) encontrando restos relevantes como los integrados en el Centro de Recepción de Visitantes o los hallados en el Alcázar de los Reyes Cristianos, que además cuenta con el sarcófago pagano hallado en 1958 cerca de El Brillante u ocho de los doce mosaicos que se encontraron en La Corredera y se trasladaron en 1959.

Entrando de nuevo en la ciudad hacia el teatro

Y ya que estamos hablando de centros museísticos, adentrándonos de nuevo en la urbe y dejando las murallas, recordemos el patio de la antigua Casa de los Romero de Torres (entre su museo y el de Bellas Artes) y su impresionante colección de restos romanos, que en su día competiría con el incipiente Museo Arqueológico.Eso fue hace mucho, porque ya muy pocos museos en la antigua ‘Hispania’ pueden mirar por encima del hombro las colecciones romanas del Arqueológico cordobés. Sin ir más lejos, porque en el subsuelo se halla el Teatro Romano, otra joya de la Bética. No nos extenderemos en la riqueza en los museos porque, al igual que el templo de la calle Claudio Marcelo y la búsqueda del puerto de ‘Corduba’, esta publicación aborda su riqueza en otro capítulo.

Tramo del lienzo norte de la muralla integrado en la sede de Kutxabank.

Tramo del lienzo norte de la muralla integrado en la sede de Kutxabank. / A.J. GONZáLEZ

De puente en puente

Sumamos ya 9,1 kilómetros de paseo, 6,1 millas romanas. Pero, ¿nos hemos dejado atrás el Puente Romano? Pues no, pero es que en cuestión de ingeniería de caminos e hidráulica los romanos eran punto y aparte. Ya nos lo recuerdan millarios de calzadas romanas integrados en la misma Mezquita-Catedral o esa columna en la esquina de Rey Heredia con Encarnación.

Además, muchos ignoran que Córdoba no solo tiene un puente de la época romana, sino cuatro. Y, paradójicamente, el Puente Romano es el menos romano de ellos. Solo se conserva de aquella época unos sillares en el arco que, precisamente, está sepultado bajo el Paseo de la Ribera, aunque de esta pasarela, decenas de veces remozada, sí que es romana en estilo y buena construcción. La prueba de ello es que se jubiló al tráfico rodado hace nada: en 2004. Cuatro años después se reabrió como hito peatonal, patrimonial y turístico. Ya casi se ha olvidado la polémica por su pavimento de losas.

Sin embargo, a tres millas, junto a las cocheras de Aucorsa, se encuentra el reconstruido y abandonado puente del arroyo Pedroches, con un arco romano y otro califal, así como restos del acueducto ‘Aqua Nova’, ambos languideciendo y esperando su integración definitiva en el parque de Levante. Más triste es la imagen del arco, a punto de caerse, que queda del puente romano sobre el arroyo de Linares, cerca del santuario, en la calzada que unía ‘Corduba’ y ‘Emerita Augusta’. Y aún nos resta un cuarto puente romano en el municipio: el del Guadanuño, en Los Arenales, con cuatro arcos. Los cuatro puentes se pueden ver en una maratoniana jornada de marcha legionaria de 27,2 kilómetros (18,3 millas romanas) por la Sierra de Mario, en la que no contamos desvíos para visitar las impresionantes canteras subterráneas de calcoarenita (de donde salió casi toda la piedra para construir Córdoba) junto al restaurante Cuevas Romanas, las minas de cobre de Cerro Muriano o de calcopirita cerca de los Baños de Popea, así como los restos del ‘Aqua Vetus’ que llevaba a través de 18,6 kilómetros desde esta zona el agua a ‘Corduba’ por el conocido después como acueducto de Valdepuentes, con restos actualmente en la glorieta de María de Maetzu y en La Arruzafilla. Y aún nos quedaría otro enclave más en el municipio para sentirse tan orgullosos por el legado romano como avergonzados por la desidia con la que lo tratamos: ‘Ategua’, en la barriada de Santa Cruz, a 27 kilómetros (18 millas) del núcleo central de Córdoba. Por supuesto, sin desmerecer de otros yacimientos que salpican la provincia, y a los que también dedicamos un capítulo específico en esta obra. Nosotros nos hemos limitado en este reportaje a ese medio centenar de hitos más conocidos de ‘Corduba’, reflejo de un legado que no recuerdan lo mucho que tuvimos, y aún tenemos, de romanos.

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