El legado de Roma en Córdoba
Los principales yacimientos arqueológicos romanos: el reflejo de seis siglos de dominio romano
La provincia atesora un importante número de yacimientos, que se localizan en el Valle del Guadalquivir y la Campiña, así como en Los Pedroches, Valle del Guadiato y Sierras Subbéticas

Detalle del yacimiento arqueológico de Ategua, que se encuentra en Santa Cruz. / CÓRDOBA
José Antonio Morena
Córdoba atesora un importante número de yacimientos romanos que se localizan, preferentemente, en el Valle del Guadalquivir y la Campiña, aunque también los hay en otras zonas como Los Pedroches, Valle del Guadiato y Sierras Subbéticas, consecuencia de seis siglos de presencia y control romano. Además de los yacimientos principales que se describen a continuación, la provincia cordobesa cuenta con otros muchos sitios romanos de interés, como la Villa del Arca en Castro del Río, el complejo industrial alfarero de Los Tejares en Lucena, la Villa del Mitra en Cabra o el yacimiento de Los Cipreses en Priego.
Este rico patrimonio arqueológico romano cordobés no sólo se está investigando sino que, además, constituye un recurso turístico de primer orden que fomenta el desarrollo de los municipios en los que se encuentra. La Ruta Bética Romana es un buen ejemplo de ello, una ruta turística que pasa por doce ciudades y pueblos de Sevilla, Cádiz y Córdoba, discurriendo por la provincia más meridional de la ‘Hispania’ romana y abarcando territorios por los que pasaba la Vía Augusta. Forman parte de ella los municipios cordobeses de Montoro, Almodóvar del Río, Baena, Almedinilla, Puente Genil y Córdoba capital.
Torreparedones
El yacimiento arqueológico de Torreparedones se conoce desde el siglo XVI por la aparición fortuita de numerosos vestigios, pero no será hasta los años 80 y 90 del siglo XX cuando se iniciaron los estudios científicos y excavaciones. A partir de 2006 el Consistorio baenense inicia los trabajos para convertirlo en un parque arqueológico y se retoman las investigaciones con el apoyo de la Universidad de Córdoba (UCO). Está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y está incluido en la Red de Espacios Culturales de Andalucía, junto con ‘Ategua’. Su nombre antiguo se debate hoy entre la colonia ‘Ituci Virtus Iulia’ y el municipio ‘Bora’. Solo se ha excavado un 10% de la superficie intramuros y se han puesto al descubierto, consolidado y musealizado diferentes sectores del yacimiento. El buen estado de conservación de los restos romanos han hecho que algunos investigadores la denominen como la «Pompeya Cordobesa». La puerta oriental es el único acceso a la ciudad documentado y constituye un sistema de doble puerta, una entrada de tipo patio también conocido como ‘cavedium’, sistema que permitía a los defensores contener al enemigo al llegar a la segunda puerta y someterlo a un fuego cruzado. La cronología de esta entrada monumental se sitúa en la segunda mitad del siglo I aC.
El estudio del yacimiento de Torreparedones cuenta con el apoyo de la UCO.
El centro monumental de la ciudad está constituido por el foro, con su gran plaza abierta en torno a la cual se situaban los edificios públicos más importantes como el templo, la basílica civil, una capilla de culto dedicada a la concordia, la curia y sendos pórticos, ubicados al norte y al sur. Fuera del foro y, junto a una de las vías más importantes de la ciudad, que hacía las veces de decumano máximo, estaba el mercado público (’macellum’).
La platea o plaza del foro se construyó en época de Augusto, siendo reformada en tiempos de Tiberio (años 20 dC) cuando se pavimentó con grandes losas de caliza micrítica traídas de canteras localizadas en las cercanías de Córdoba. Esta reforma fue obra de un personaje destacado que fue ’ duumviro’ (alcalde) y cuyo nombre quedó grabado en la hilera central de losas de la plaza con ‘litterae aureae’: Marco Junio Marcelo. El templo corresponde al tipo denominado ‘rostratum’, dotado de tribuna frontal para oradores y dos accesos laterales. Estuvo dedicado al culto del emperador Augusto, cuya estatua se encontró despedazada en la curia. En frente del templo, al este, estaba el edificio más grande del foro, la basílica civil destinada a actividades judiciales y los negocios. Tenía forma rectangular con dos plantas y tres accesos desde la plaza. El interior se articula entre naves mediante una perístasis de 4x8 columnas, conformando una gran nave central.
La curia, ubicada en el ángulo noroeste de la plaza, era la sede del senado local, donde se reunían los decuriones para tratar los asuntos de interés público. Consta de un patio tetrástilo del que se conservan las basas y el ‘impluvium’. En la pared sur del patio hay un nicho que pudo albergar el archivo o ‘tabularium’, mientras en la pared situada en frente, se abre una estancia rectangular que pudo funcionar como ‘aerarium’, donde estaría una caja fuerte o arca ferrata para custodiar el dinero de la ciudad (pecunia publica). Al fondo, y al oeste del atrio, está la sala de reuniones de los decuriones, al estilo de los salones de plenos de los ayuntamientos actuales. La edícula de la concordia es una capilla situada en el lado norte, con una única puerta abierta a la plaza flanqueada por pilastras. Al fondo hay un nicho que debió albergar una estatua sedente. La epigrafía recuperada apunta a que este espacio de culto estuvo dedicado a la Concordia Augusta y que una mujer llamada Mummia Galla lo restauró a mediados del siglo II dC. En los lados norte y sur de la plaza se disponen sendos pórticos, habiéndose recuperado en el primero varias estatuas marmóreas acéfalas (Augusto o quizás Tiberio, Livia y un torso ‘thoracato’ que podría ser Domiciano o Trajano).

Cisternas Romanas de la localidad cordobesa de Monturque. / CÓRDOBA
Otras tres esculturas fragmentadas se encontraron en la sala de reuniones de la curia donde fueron guardadas después de su destrucción a finales del siglo II dC. Las tres están en posición sedente y son de tamaño superior al natural. La más espectacular es la que representa al emperador Augusto ubicada, originariamente, en la ‘cella’ del templo forense como imagen de culto; las otras dos representan a Calígula (después transformado su rostro en el de Claudio), y a Livia. La casa del panadero es la única vivienda romana excavada y está ubicada entre dos calles. La planta corresponde a una casa de atrio tetrástilo, fechada en el siglo I dC, que se desarrolla en torno a un patio central, con una superficie de 700 m2, y una serie de estancias (’triclinium’, ‘cubicula’, ‘tablinum’, fauces, etc.). Aún se conserva la base del ‘lararium’ en el pasillo oeste, junto al ‘tablinum’. El elemento más significativo es un gran horno para la fabricación del pan, motivo por el cual se ha denominado como «casa del panadero».
Los baños públicos descubiertos son tres de los que destacan las termas orientales o de la salud, un ‘balneum’ público que dispuso de letrina, vestíbulo y sala destinada a ‘destrictarium/unctorium’, sala de servicios y hornos. En la esquina suroeste hay un pozo con encañado circular que debió surtir de agua al conjunto. Desde el vestíbulo se accedía a una gran sala que hacía las veces de ‘apodyterium’ (vestuario) y también de ‘frigidarium’ (sala fría) con piscina de agua fría, a continuación está el ‘tepidarium’ (sala templada) que ya tenía el suelo radiante y, por último, el ‘caldarium’ (sala caliente) que tenía ‘alveus’ (piscina caliente), un banco corrido de obra alrededor de las paredes, un saliente absidado en el muro oeste con el ‘labrum’ o fuente y sendos ‘praefurnia’ (hornos) para calentar la habitación y la piscina, mediante el sistema del ‘hypocaustum’. En las paredes hay 23 ‘capsae’ (taquillas) que servían para que los usuarios dejaran sus enseres de aseo y objetos de valor. Junto al pozo de agua se halló un altar cuya inscripción reza: «Esta es la Fuente de la Señora de la Salud Salutífera».
El anfiteatro es el único edificio de espectáculos que se conoce de la ciudad romana y su descubrimiento y estudio parcial se ha realizado en tres fases consecutivas. En primer lugar, un estudio basado en las fotografías aéreas de la zona del vuelo LiDAR del Instituto Geográfico Nacional, la segunda fase consistió en una prospección geofísica y una tercera, que consistió en la apertura de varios sondeos que sacaron a la luz restos del muro de fachada, graderío y un vomitorio principal de acceso a la arena.
‘Ategua’
El enclave arqueológico de ‘Ategua’ pertenece al término municipal de Córdoba y se sitúa a 31 kilómetros al sureste, en línea recta de la capital y a 6 kilómetros de la pedanía de Santa Cruz, en el cerro de los Castillejos de Teba, junto al río Guadajoz (el ‘Salsum’ de los romanos). Es un yacimiento de titularidad pública y está declarado BIC, con una superficie protegida de 31,674 hectáreas. ‘Ategua’ es uno de los grandes yacimientos arqueológicos de la provincia de Córdoba y los datos que mejor conocemos se encuadran dentro de la etapa romana. Cuando Julio César llegó al ‘oppidum’ ibérico de ‘Ategua’, en el 45 aC, el lugar contaba ya con una historia milenaria, pues se cree que su ocupación comienza en la Edad del Cobre, en el III milenio aC, aunque con certeza dicha ocupación se ha establecido, recientemente, en el Bronce Final, hacia el siglo IX aC.
En ‘Ategua’ hay noticias de investigaciones ya desde el XIX, a cargo del general Stoffel.
Se tienen noticias de investigaciones realizadas ya desde el siglo XIX, a cargo del general francés Stoffel, en el contexto de la búsqueda de la ciudad de ‘Munda’. A partir de 2004, el sitio se incluyó en la Red Andaluza de Yacimientos Arqueológicos (RAYA) luego denominada Red de Espacios Culturales de Andalucía (RECA). La prospección geofísica realizada en 2018 fue clave para conocer el potencial soterrado del interior del recinto amurallado, ya que se obtuvo una imagen bastante aproximada del urbanismo histórico con identificación del viario, puertas y espacios públicos y domésticos, llegándose a la conclusión de que esa imagen correspondía a la de una ciudad plenamente romana con un urbanismo ortogonal articulado por 76 caminos y calles norte-sur y este-oeste. El momento histórico de mayor relevancia de ‘Ategua’ se corresponde con la llegada de Roma, en el siglo II aC, con motivo de la guerra civil entre Julio César y los hijos de Pompeyo, pues el 19 de febrero del año 45 aC, tras un largo y duro asedio, César rindió una de las plazas más fuertes de los pompeyanos. La epigrafía no es muy abundante, pero el análisis de una inscripción, de carácter funerario y datada en el siglo II dC, plantea la posibilidad de que la ciudad alcanzara el status de ‘municipium iuris’ con la dinastía Flavia.
De lo excavado hasta la fecha hay que mencionar una serie de estructuras domésticas, varias casas modestas, con patios con cisternas o pozos, abiertas dos de ellas a un ‘decumano’. Asimismo, se han documentado dos estancias casi completas y una serie de muros pertenecientes a unas termas de las que solo se ha interpretado, con seguridad, la sala fría. Al sureste de la plataforma superior se localiza un edificio romano con columnas, quizás de uso civil, una basílica o un pórtico, que articulaba el paso a dos zonas distintas. Los descubrimientos más recientes se refieren a una panadería y al anfiteatro. La primera se ubica en el cruce de las dos calles principales de la ciudad, el cardo y el ‘decumano’ máximos; tras su excavación fue acondicionada y protegida de las inclemencias meteorológicas, instalándose una recreación del molino y otra de la bóveda y la boca del horno para su mejor interpretación. Por último, y dentro del Plan General de Investigación (PGI), denominado ‘Análisis Urbanístico del Yacimiento de ‘Ategua’: Investigación Arqueológica en el Edificio 1-Sector SE’, liderado por la Consejería de Cultura y Deporte y desarrollado por la Universidad de Córdoba, Grupo PAI HUM-882 Antiguas Ciudades de Andalucía de la Investigación a la Rentabilización Social, hay que citar el hallazgo de una gran edificio y la confirmación del anfiteatro. Éste último tiene un eje mayor de 50 metros y un eje menor de 45 metros, habiéndose identificado las dos puertas principales, la ‘porta triumphalis’ al norte y la ‘porta libitinaria’ al sur. El otro gran edificio, ubicado en el mismo lugar que el anfiteatro, es de planta rectangular con una entrada precedida por un espacio abierto con cuatro columnas, ‘in situ’, de tipo toscano que se interpreta como un recinto sagrado de época republicana.

Foro romano del yacimiento de Torreparedones, cuya recuperación ha impulsado el municipio de Baena. / CÓRDOBA
Mellaria
El norte de la provincia de Córdoba ha sido y continua siendo, una de la zonas más desconocidas durante la etapa de la dominación romana, y ello debido en parte a las peculiaridades del territorio que no favoreció el desarrollo de núcleos de población como sucedió, por ejemplo, en el área campiñesa. A ello habría que sumar la escasa atención prestada por los estudiosos del mundo romano que han centrado sus investigaciones en otras zonas más ricas. Las fuentes antiguas solo citan tres poblaciones: ‘Solia’, ‘Baedro’ y ‘Mellaria’.
La ciudad romana de ‘Mellaria’, se localiza a unos 8 kilómetros al noreste de Fuente Obejuna, entre la carretera N-432 y el embalse San Pedro, en el entorno del Cerro Masatrigo y basó su riqueza en las explotaciones mineras de Sierra Morena. Gracias a un ambicioso proyecto de investigación, impulsado por la Universidad de Córdoba y el Ayuntamiento de Fuente Obejuna, propietario de los terrenos, está resurgiendo con importantes descubrimientos. Desde 2022 se han realizado varias excavaciones y prospectado, con métodos geofísicos, 25 hectáreas. La primera de ellas supuso el hallazgo de una fuente, sin duda, una de las más monumentales de ‘Hispania’, formada por cuatro grandes pretiles de caliza micrítica violácea, de unos 2 metros de longitud con un peso que ronda los 1.500 kg cada uno. La fuente conserva la pila, la columna trasera que albergaría la tubería de plomo para la conducción del agua y una de las lajas verticales de salida del líquido elemento.
También se detectó, tal y como se esperaba, el recorrido urbano de la vía ‘Corduba-Emerita’, que vertebra la ciudad, con un pavimento original de losas de piedra y con sucesivas remodelaciones entre los siglos III-V dC. Asimismo, se han recuperado las alineaciones de las fachadas que flanqueaban la vía. En total, se pudieron reconocer 1.160 metros del trazado de la citada vía. La campaña de 2023 se situó a los pies del Cerro de Masatrigo, con la intención de localizar la casa de las aguas a donde vertía el acueducto de ‘Mellaria’ y desde la que partiría la organización del ciclo urbano de la ciudad. En efecto, se documentó el ‘castellum divisorium’, el punto final del acueducto, el lugar de potabilización y la sede de la distribución mediante tuberías de plomo. El edificio excavado en 2024, próximo al trazado de la carretera N-432, se interpreta como un recinto funerario de planta cuadrangular perteneciente a una de las necrópolis de la ciudad. Sería un cenotafio honorífico dedicado a un personaje célebre no fallecido en la ciudad y que no recibió sepultura en ella. Se ha encontrado el lugar de la edícula y fragmentos de la estatua funeraria de mármol, de tamaño mayor que el natural. Junto al basamento de la edícula se disponían dos reclinatorios para recostarse en los banquetes que se celebraban en honor del fallecido.

Restos de la panadería existente en el yacimiento arqueológico de ‘Ategua’. / MANUEL MURILLO
Majadaiglesia
El paraje de Majadaiglesia está inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como BIC, tipología de zona arqueológica, y se localiza en la comarca de Los Pedroches, dentro del término municipal de El Guijo, a unos 6 km, desde El Guijo por la carretera CO-7100 a San Benito. La implicación del Ayuntamiento de El Guijo y la colaboración de los propietarios de los terrenos han supuesto un impulso importante para recuperar el yacimiento que cuenta ya con un moderno centro de recepción de visitantes. El origen de la ocupación del sitio es anterior a la llegada de los romanos y su razón de ser la misma que ‘Mellaria’, la explotación de los recursos mineros del territorio.
La ciudad de Mellaria basó su riqueza en las explotaciones mineras de Sierra Morena.
Su nombre probable es ‘Solia’, en base a un ‘trifinium’ hallado en el siglo XVI en Villanueva de Córdoba, un hito territorial que señala la delimitación de los términos de los municipios romanos de los solienses (’Solia’), eporenses (’Epora’-Montoro) y sacilienses (’Sacili-Alcorrucén’, Pedro Abad). Los materiales estudiados ofrecen una secuencia cultura muy amplia, desde el Paleolítico, pasando por el Neolítico, Edad del Bronce, época ibérica, romana y tardoantigua. De esta última destaca un baptisterio de inmersión, de planta cruciforme, localizado en la misma ermita de Nuestra Señora de las Cruces, que debió pertenecer a un edificio religioso previo paleocristiano. En los alrededores se localizaron varias lápidas funerarias fechadas en los siglos III-IV dC. Tradicionalmente, se conocía la existencia en la zona de estructuras hidráulicas pertenecientes a un gran complejo industrial relacionado con la explotación del mineral. Las primeras intervenciones se remontan a los años 30 del siglo XX y en los años 80 de la misma centuria se llevaron a cabo nuevas excavaciones en el torno de la Ermita de la Virgen de las Cruces que permitieron documentar una necrópolis tardorromana. Más recientemente una prospección geofísica, llevada a cabo por la Unidad Patricia-UCO, ha puesto de relieve la existencia de un importante entramado viario correspondiente a un destacado núcleo urbano romano. Como estructuras más relevantes caben citar construcciones subterráneas, un acueducto, pozos y cisternas, algunas de las cuales podrían pertenecer a unas termas, caso de una ‘natatio’ que dispone de varias escaleras y los típicos enlucidos y cordones hidráulicos de ‘opus signinum’. Entre las piezas más interesantes halladas aquí está el relieve de Ceres y Proserpina, que se conserva en el Museo Arqueológico de Córdoba.
El paraje de Majadaiglesia cuenta con un Centro de Recepción de Visitantes.
El Ruedo
La excavación de la villa romana de El Ruedo tuvo lugar a finales de los años 80 del siglo pasado con motivo de la construcción de la carretera A-339, de Cabra a Alcalá la Real, pero el lugar se conocía ya desde comienzos del siglo XIX. Las investigaciones arqueológicas desarrolladas por el Seminario de Arqueología de la Universidad de Córdoba pusieron al descubierto una gran necrópolis de inhumación tardorromana y al sur una villa romana, con diversos periodos de ocupación entre los siglos I-VI dC. Posteriormente, fue el Museo Histórico de Almedinilla el que continuó con los trabajos de investigación, restauración y puesta en valor del sitio que se completó con la construcción del centro de recepción de visitantes del Ecomuseo del Río Caicena. La villa presenta una organización funcional con dos sectores bien definidos, la llamada ‘pars’ urbana y la ‘pars’ rustica. La primera era la residencia de los propietarios señores y se desarrolla en torno a un patio central, mientras que la parte rústica estaba dedicada a la explotación agropecuaria. Esta última contó con una alberca principal, almazara o lagar, zona de trabajo del metal y estancia con calefacción y pinturas murales. Los espacios de la zona residencial son privados unos y públicos otros, de representación, donde el ‘dominus’ recibía los honores y regalos de clientes y visitantes, en habitaciones que expresaban el lujo y el estatus del propietario. Así, encontramos un patio o peristilo en torno al cual giran el restos de estancias, porticado y con cubierta sostenida por columnas, habitaciones o cubícula que eran los dormitorios con pavimentos musivos y pinturas murales e incluso zócalos marmóreos, cocina, bodega, biblioteca o ‘tablinium’, baño con sala caliente o ‘hypocaustum’ y comedor o ‘triclinium’. Destaca el comedor que disponía de una plataforma central semicircular en la que se comía recostado en torno a una fuente central con rebosadero de agua procedente de una fuente monumental, a modo de ninfeo. La villa contó con un impresionante conjunto escultórico, en mármol y bronce, único en la Península Ibérica, vinculado según algunos estudiosos, con un santuario que pudo estar dedicado a una divinidad oriental Attis. De mármol son las esculturas de Attis, un geniecillo, el conjunto de Perseo y Andrómeda, cabezas de Dionisos y Apolo y, en bronce, el hermafrodita y el dios del sueño Hypnos.

Algunas de las dependencias que formaban parte de la Villa Romana de Fuente Álamo en Puente Genil. / CÓRDOBA
Fuentre Álamo
La villa romana de Fuente Álamo se localiza a unos 3 km al noreste de Puente Genil, entre la carretera CO-6224 que conduce a la aldea de Los Arenales y el arroyo que le da nombre. En época romana quedaba integrado en la provincia Baetica, dentro del ‘conventus Astigitanus’. La elección del lugar no fue casual, sino que se debe a la presencia de un manantial de abundantes y excelentes aguas y su ubicación en una encrucijada de caminos. La secuencia del sitio es muy amplia, ya que abarca desde el siglo I dC hasta el siglo XI dC, siendo la época romana la más representativa con mosaicos únicos en Hispania, tanto geométricos como figurados. La implicación directa del Ayuntamiento de Puente Genil en su investigación y puesta en valor ha convertido al yacimiento en un referente del turismo arqueológico y cultural.
La fase más antigua de ocupación se remonta al siglo I dC y se relaciona con un ‘balneum’, mientras que las estancias calefactadas y la habitación de planta cruciforme con mosaico de ‘geranomaquia’ responderían a edificaciones, reformas y ampliaciones posteriores que llegarían hasta el siglo IV dC. Ese ‘balneum‘ primigenio tendría como fin el aprovechamiento de las aguas del arroyo mediante una serie de piscinas y estanques de grandes dimensiones de los que sobresale uno de planta circular, interpretado como posible ‘frigidarium’.
Al sur quedan restos del ‘hypocaustum’ y al noreste de un ninfeo y un gran estanque de planta rectangular con cabecera semicircular a modo de ‘natatio’.

Paraje de la Madaiglesia en la comarca de Los Pedroches, reconocido como Bien de Interés Cultural. / CÓRDOBA
Pero el momento de mayor esplendor y el que nos ocupa aquí es el relativo a la villa aúlica, el más duradero de todo el conjunto y el de mayor importancia arqueológica. Fue levantada por un rico propietario, entre finales del siglo IV dC y finales del siglo V dC, con su ‘pars’ urbana y ‘pars’ rustica, separadas ambas por el arroyo de Fuente Álamo, pero sin solución de continuidad entre una y otra. En total, unos 4.000 metros cuadrados, unas dimensiones colosales, de las más grandes de Hispania.
El núcleo central lo compone el sector de representación: vestíbulo, peristilo y ambientes de recepción y banquete, destacando la abundancia de mosaicos, sin duda, unos de los principales atractivos del yacimiento. Esos pavimentos musivos, bícromos unos y polícromos otros, unidos a la decoración pictórica de las paredes convirtieron la villa en una evidente manifestación de la riqueza y del lujo de su propietario. Uno de los espacios más singulares presenta planta tripartita con cabecera absidada en la central y dos tribunas laterales y, aunque su interpretación no es segura, se cree que pudo estar dedicada al culto mitraico.
La Villa Romana de Fuente Álamo es referente del turismo arqueológico y cultural.
Los mosaicos más interesantes son tres. El nilótico que decoraba una sala de planta cuadrada con cuatro ábsides en los que aparece la lucha de los pigmeos contra una grulla y encima de las escenas unas inscripciones en latín con referencias a la temática representada, una vieja historia cómica de origen alejandrino, con el eje central que articula un dios-río, personificación del Nilo. El segundo se localiza en el espacio abierto que precede al ‘oecus’, que algunos interpretan como una estancia nupcial, con Pegaso acompañado de una ninfa a la izquierda, en el centro las Tres Gracias y a la derecha un sátiro saltando sobre una ninfa. Por último, está el gran mosaico del ‘oecus’, subdividido en dos rectángulos que representan el mito de la conquista de la India por Baco y su entrada triunfal.
La ‘pars’ rustica cuenta con estancias ubicadas en el lado norte de la villa, de las que sobresalen unos ‘horrea’ o graneros sobreelevados respecto del suelo para evitar que la humedad pudiera afectar al grano. Destaca la llamada torre Norte, de planta semicircular, que pudo servir para vigilar el ‘fundus’.
Monturque
El actual pueblo de Monturque se ubica sobre un pequeño cerro testigo que destaca en el entorno, con fuertes pendientes hacia el norte y hacia el este y con una cima amesetada que delata una intensa ocupación humana durante los últimos cuatro milenios.
El Sitio Arqueológico de Monturque tiene la categoría de zona arqueológica desde 1996 y sería en época romana altoimperial cuando el lugar alcanzara su período de mayor esplendor, aunque no se tiene certeza del nombre que tuvo en la antigüedad.
Según algunos autores, fue a partir del reinado de la dinastía Flavia cuando el antiguo ‘oppidum’ ibérico debió lograr el status jurídico de municipio de derecho latino, perteneciente al ‘conventus Astigitanus’, lo que supuso un gran florecimiento para la ciudad y el incremento de la actividad edilicia en el último tercio del siglo I dC.
Sin embargo, recientes estudios apuntan a que ese apogeo se produjo en momentos anteriores y que a finales del siglo I dC el lugar estaría ya en pleno declive. En ese contexto hay que encuadrar la construcción de importantes edificaciones romanas, de carácter público, como los llamados ‘paseíllos’, interpretados como un gran edificio semisubterráneo o criptopórtico de aterrazamiento y las Cisternas Romanas, una de las obras de ingeniería hidráulica más importantes de la península ibérica.
Las Cisternas se localizan en la parte más elevada del casco urbano, en el subsuelo del antiguo cementerio municipal de San Rafael, un lugar que permaneció oculto durante 1.500 años hasta su descubrimiento a finales del siglo XIX.
Las cisternas de Monturque se sitúan en la zona más elevada del Casco Urbano.
El descubrimiento de las Cisternas, que algunos denominan ‘Gran Cisterna’ porque existen otras más pequeñas distribuidas por el casco urbano, tuvo lugar en el año 1885 de manera fortuita.
El conjunto se compone de doce cámaras cubiertas con bóvedas de medio cañón, distribuidas en tres naves paralelas con orientación norte-sur y separadas por gruesos muros que se dividen, a su vez, en cuatro cámaras comunicadas entre sí mediante puertas rematadas por arcos de medio punto y pequeñas aberturas circulares en la parte superior. Del extremo norte de la nave situada más al este parte una estrecha galería que actuaría como desagüe de la cisterna.
Toda la construcción está realizada con fábrica de ‘opus caementicium’ y revestida al interior con ‘opus signinum’ para impedir que el agua se filtre y se pierda y todas las uniones de las paredes con el suelo están reforzadas con las típicas medias cañas o cordones hidráulicos, también de ‘opus signinum’. El conjunto tiene una superficie de 336 metros cuadrados y una capacidad de 850.000 litros de agua. Una intervención de musealización y puesta en valor llevada a cabo en los años 2005 y 2006 mejoró notablemente el sistema de iluminación y el tránsito en el interior del edificio, convirtiéndose en un centro de interpretación sobre los usos del agua en la época romana.
Y no es esta gran Cisterna la única que se conoce en Monturque, sino que se tienen datos de otras más repartidas por todo el cerro, de similares características constructivas, aunque más pequeñas.
Las más recientes fueron descubiertas en 2017-2018 con motivo de unas obras de remodelación de la red de saneamiento en la calle Rafael de Lara.
Por su parte, el cementerio de San Rafael forma parte de la Ruta Europea de Cementerios, un itinerario cultural del Consejo de Europa y del Ayuntamiento de Monturque que se celebra todos los años, coincidiendo con el día de Todos lo Santos y con las jornadas ‘Mundamortis’, dedicadas a la muerte, los cementerios y el turismo.
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