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El legado de Roma en Córdoba

El futuro de Roma se decide en ‘Munda’: la batalla en la que se acabó una época

Pocos episodios bélicos han despertado un interés tan persistente, tanto entre la investigación especializada como entre los aficionados a la historia, como el decisivo combate de ‘Munda’

El paraje de los Llanos de Vanda, enclavado entre los términos de Montilla, Nueva Carteya y Espejo, es uno de los lugares que se han defendido como lugar donde ocurrió la batalla de ‘Munda’.

El paraje de los Llanos de Vanda, enclavado entre los términos de Montilla, Nueva Carteya y Espejo, es uno de los lugares que se han defendido como lugar donde ocurrió la batalla de ‘Munda’. / A.J. Gozanlez

Sergio García-Dilf

Córdoba

Pocos episodios bélicos han despertado un interés tan persistente, tanto entre la investigación especializada como entre los aficionados a la Historia, como la decisiva batalla de ‘Munda’, librada en el año 709 de la fundación de Roma (45 aC), ‘ante diem XVI Kalendas Apriles’, esto es, el decimosexto día antes de las ‘kalendas’ de abril (17 de marzo). La fecha no es un detalle menor: habría de coincidir con las ‘Liberalia’, festividad religiosa dedicada al dios Liber, divinidad ligada a la fecundidad, la libertad y el vigor de la vida que renace. Bajo ese signo, el de la renovación, la fuerza y el tránsito, se sellaría también el destino político de la República.

‘Munda’ fue el último gran enfrentamiento campal de la guerra civil romana desencadenada tras el cruce del Rubicón por Cayo Julio César. Y, a diferencia de Farsalia o Tapso, su significado excede con mucho el de una victoria más en el campo de batalla: fue la liquidación definitiva de la resistencia pompeyana organizada. Con ella se extinguió la última alternativa armada al poder personal de César y quedó expedito el camino hacia su dictadura vitalicia, que -por una ironía histórica digna de tragedia antigua- apenas habría de sostenerse menos de un año antes de caer bajo los puñales del Senado.

César se trasladó a la ‘hispania ulterior’ decidido a cerrar una guerra que se resistía.

En una perspectiva más amplia, ‘Munda’ representa el epílogo del sistema republicano de equilibrios: tras aquel día, ya no hubo ejércitos capaces de disputar el control del Estado fuera del círculo cesariano. La muerte de César en las idus de marzo del 44 aC no abrió una restauración efectiva de la República, sino el umbral de una nueva guerra civil cuyo desenlace será el Principado de Augusto. Por eso, aunque ‘Munda’ sea menos célebre en la memoria popular que otras batallas, resulta en términos estructurales más decisiva: allí no solo se ganó una jornada; allí se terminó una época.

El contexto de un día decisivo

Tras la derrota de Gneo Pompeyo Magno en Farsalia (48 aC) y su asesinato en Egipto, el partido pompeyano no se extinguió: se dispersó para sobrevivir, y en esa dispersión buscó nuevos teatros donde rehacerse. Uno de los más sólidos -y, a la postre, el último capaz de sostener una guerra regular- fue el de ‘Hispania’, donde los hijos de Pompeyo, Gneo Pompeyo el Joven y Sexto Pompeyo, junto con el veterano Tito Labieno, lograron reagrupar tropas, captar adhesiones y reconstruir un ejército considerable. En aquella tierra, lejos del Foro, pero no lejos del destino de Roma, se preparaba el desenlace.

En ‘Munda’ no solo se enfrentaron dos ejércitos, sino dos concepciones polítcias.

César, tras imponerse en el frente africano, comprendió que no bastaba con delegar: la amenaza exigía su presencia. Por ello, se trasladó personalmente a la ‘Hispania Ulterior’ a finales del 46 aC, decidido a cerrar una guerra que se resistía a morir. La campaña fue áspera, marcada por marcha forzada, escaramuzas, asedios y maniobras de desgaste, en un escenario donde la logística y la fidelidad de las ciudades pesaban tanto como el valor en el combate. Finalmente, el choque decisivo se produjo en las inmediaciones de ‘Munda’, cuando el ejército pompeyano ocupó una posición favorable y obligó a César a aceptar una batalla de alto riesgo. Lo que siguió fue un combate extraordinariamente encarnizado, de esos en los que la victoria no se logra tanto como se arranca. Las fuentes insisten en su dureza y en el peligro real de un colapso en las líneas cesarianas: César, en un gesto que revela la gravedad del momento, se expuso personalmente para sostener la moral y evitar que la jornada se torciera. La batalla se prolongó hasta que la resistencia pompeyana cedió y la derrota se convirtió en desbandada.

Tras el desastre, Labieno cayó en el propio campo de batalla. Gneo Pompeyo el Joven fue capturado y ejecutado poco después. Sexto Pompeyo logró huir, pero ya sin capacidad para mantener en ‘Hispania’ un ejército comparable ni para sostener una campaña a gran escala: desde entonces, su actuación quedaría reducida a una resistencia fragmentaria y sin horizonte estratégico inmediato.

Proyectiles localizados en Sevilla relacionados con la batalla de ‘Munda’.

Proyectiles localizados en Sevilla relacionados con la batalla de ‘Munda’. / CÓRDOBA

César regresó a Roma como vencedor absoluto, celebró su triunfo y acumuló poderes extraordinarios que culminarían, ya en el 44 aC, en su proclamación como dictador perpetuo. Pero la grandeza de aquella victoria encerraba una paradoja fatal: al aniquilar a sus enemigos en el campo de batalla, César había privado a la República de cualquier contrapeso efectivo y, con ello, aceleró la crisis terminal del sistema político que afirmaba estar salvando. No nacía aún un Imperio en sentido pleno, pero sí se abría el umbral de un nuevo orden: el camino que, tras nuevas guerras civiles, conduciría al Principado de Augusto.

‘Munda’ y el campus ‘Mundensis’

La principal fuente directa para el conocimiento de los acontecimientos que condujeron a la batalla de ‘Munda’ es el ‘Bellum Hispaniense’, obra redactada por un autor cesariano. A través de su relato es posible reconstruir, aunque de forma desigual, la secuencia de operaciones militares que desembocaron en el enfrentamiento decisivo, así como los principales ejes espaciales de la campaña desarrollada en el sur de ‘Hispania’.

Tras las grandes victorias de César en Farsalia y Tapso, el partido pompeyano logró recomponerse en ‘Hispania’, donde acudieron los hijos de Pompeyo Magno, Gneo y Sexto, para encabezar la resistencia. Aunque el control del mar favorecía a César, el territorio se había mostrado mayoritariamente favorable a los pompeyanos, lo que hizo inevitable un nuevo episodio de guerra civil. A finales del 46 aC, César regresó precipitadamente a la ‘Hispania Ulterior’, completando en apenas veintisiete días el trayecto desde Roma hasta ‘Corduba’, capital provincial. Este movimiento obligó a Gneo Pompeyo a levantar el asedio de la procesariana ‘Ulia’ (Montemayor) y a acudir en defensa de la capital, custodiada por su hermano Sexto.

Los pompeyanos se refugiaron en ‘Munda’, que fue sitiada por las tropas cesarianas.

Se inició así una nueva fase de guerra de movimientos, en pleno invierno, marcada por rápidas maniobras y asedios selectivos. César marchó primero contra ‘Ategua’ (‘Teba’), cuya caída supuso un punto de inflexión en la contienda: quebrada la confianza en el mando pompeyano, numerosas ciudades y contingentes comenzaron a pasarse al bando cesariano. La indecisión de Gneo Pompeyo se reveló como uno de los principales aliados de su adversario, y el escenario bélico se desplazó progresivamente por las campiñas béticas hacia el suroeste, en dirección al núcleo de la Turdetania, tradicional bastión de la fidelidad pompeyana.

En este contexto adquiere especial relevancia ‘Urso’ (Osuna), citada reiteradamente en el ‘Bellum Hispaniense’ como uno de los principales apoyos del partido pompeyano. El anónimo autor recoge incluso el contenido de cartas enviadas por Pompeyo a los ursonenses, con el propósito de reforzar su moral, presentando a César como un enemigo bisoño y reacio al combate, cuando en realidad era el propio Pompeyo quien evitaba una confrontación decisiva. Se describe además el avance cesariano hacia el suroeste, la toma de Ventipo y el establecimiento del campamento junto al campus ‘Mundensis’, escenario inmediato de la batalla.

El 17 de marzo del 45 aC tuvo lugar el enfrentamiento definitivo. El ejército pompeyano contaba con trece legiones, abundante caballería y unos 6.000 infantes ligeros, además de tropas auxiliares, hasta alcanzar unos 70.000 hombres. César, con fuerzas inferiores en número -en torno a 40.000 efectivos, entre 80 cohortes y 8.000 jinetes-, disponía sin embargo de tropas más cohesionadas, experimentadas y disciplinadas. En ‘Munda’ no solo se enfrentaron dos ejércitos, sino dos concepciones antagónicas de la acción política, en una guerra que fue también internacional por el diverso origen de las fuerzas implicadas, incluidos contingentes norteafricanos. El desarrollo del combate, descrito con detalle por el ‘Bellum Hispaniense’ y confirmado por autores posteriores como Floro, Apiano y Casio Dion, revela hasta qué punto la victoria cesariana estuvo en duda. Todos coinciden en subrayar la extrema dureza de la lucha y la implicación personal de César en los momentos más críticos. Apiano describe muy elocuentemente la desesperación de César: «En aquel momento, cada uno de sus oficiales corrió hacia adelante y se colocó a su lado y todo el ejército se lanzó con ímpetu y luchó todo el día, con ventajas y reveses alternativos, hasta que, a la caída de la tarde, logró con dificultad la victoria. Y dicen que él había dicho, con motivo de esta ocasión, que numerosas veces había peleado por la victoria, pero que en ésta lo había hecho por su vida». Finalmente, la victoria se alcanzó ‘in extremis’, tras una jornada de combate prolongado y sangriento.

Una de las posibles localizaciones de ‘Munda’ fue el Cerro Camorras en la localidad sevillana de Osuna.

Una de las posibles localizaciones de ‘Munda’ fue el Cerro Camorras en la localidad sevillana de Osuna. / CÓRDOBA

Derrotados, los pompeyanos se refugiaron en ‘Munda’, que fue sitiada por las tropas cesarianas. Gneo Pompeyo el Joven emprendió la huida, pero moriría poco después cerca de Carteia, junto al Estrecho. César se dirigió a ‘Corduba’, dejando el asedio en manos de Quinto Fabio Máximo. La ciudad acabó cayendo tras un largo cerco, marcado por rendiciones parciales y una represión implacable.

La esquiva localización de ‘Munda’

La localización precisa de ‘Munda’ sigue siendo uno de los grandes problemas abiertos de la historiografía sobre el final de la guerra civil en ‘Hispania’. Las fuentes antiguas -en especial el ‘Bellum Hispaniense’- ofrecen indicaciones generales: una plaza fortificada y un terreno de combate en una zona meridional y con posiciones elevadas, pero sin un repertorio de datos topográficos lo bastante inequívoco como para fijar el lugar con certeza. De ahí que, desde hace siglos, se hayan propuesto hipótesis diversas que conviven -y compiten- en la bibliografía.

Las teorías modernas se apoyan, ante todo, en el haz de topónimos y distancias que la fuente va dejando a lo largo del relato de la campaña. Algunos enclaves se reconocen con relativa facilidad, bien por la continuidad del nombre, bien por la convergencia de la evidencia epigráfica y arqueológica. Así ocurre con ‘Corduba’, capital provincial, cuyo topónimo ha variado poco desde la Antigüedad; o con ciudades como ‘Obulco’, ‘Ucubi’ y ‘Urso/Ursao’, identificadas de manera general con Porcuna, Espejo y Osuna. También aparecen ‘Ategua’ y ‘Ulia’, cuya localización se ha discutido, aunque la investigación suele proponer para la primera un enclave en el entorno de la campiña cordobesa y para la segunda la identificación mayoritaria con la actual Montemayor. En cambio, otros topónimos del relato -‘Aspauia’, ‘Soricaria’, ‘Carruca’- permanecen inseguros o controvertidos, y, sobre todo, lo sigue siendo la ubicación de ‘Munda’ y del ‘campus Mundensis’, el punto donde se decidió la guerra.

La incógnita sigue en pie, dónde exactamente se libró el último gran combate de César.

Con todo, a partir de las identificaciones más firmes puede sostenerse que la campaña se desarrolló en un teatro de operaciones relativamente acotado en el sur de ‘Baetica’: en torno a ‘Corduba’ y a las campiñas articuladas por los grandes ejes fluviales de la región, con especial protagonismo del valle del ‘Singilius’ (el actual Genil). Desde esa base, la discusión se desplaza hacia el sudeste: cuanto más se intenta precisar dónde se hallaba ‘Munda’, más se revela el núcleo del problema. No es una controversia menor ni reciente: ha crecido en intensidad desde la Edad Moderna y, en los últimos siglos, ha movilizado de forma creciente a historiadores, geógrafos y arqueólogos. La incógnita sigue en pie, y con ella una cuestión central: dónde exactamente se libró el último gran combate de César.

Efectivamente, ya desde el siglo XVI, tanto la erudición local como la investigación académica han propuesto diversas localizaciones para la ciudad de ‘Munda’ y para el escenario de la batalla que puso fin a la guerra civil en ‘Hispania’. Entre las hipótesis planteadas figuran enclaves tan dispares como la localidad malagueña de ‘Monda’; Ronda la Vieja (‘Acinipo’); la sierra de Gibalbín, en el entorno de Jerez de la Frontera; ‘Saelices’ (Cuenca), así como distintas áreas de la campiña cordobesa y sevillana, entre ellas Montilla y los Llanos de Vanda, además del espacio comprendido entre Écija y Osuna, con especial atención al cerro de las Camorras y los Llanos del Águila.

Imagen Battle of Munda (M. Merian)

Imagen Battle of Munda (M. Merian) / CÓRDOBA

En conjunto, la historiografía ha tendido progresivamente a descartar las propuestas más alejadas del marco bético -basadas sobre todo en argumentos toponímicos o en tradiciones eruditas tempranas- y a concentrar la búsqueda de ‘Munda’ en un teatro de operaciones más restringido, coherente con los itinerarios militares descritos por las fuentes. Hoy existe un acuerdo creciente en situar la campaña final de César en la campiña cordobesa y sevillana, en torno al eje ‘Corduba’-‘Urso’-‘Singilius’, donde el análisis conjunto del ‘Bellum Hispaniense’, del relieve y de la red de comunicaciones antiguas ofrece un marco geográfico verosímil. Sin embargo, la ausencia de una evidencia arqueológica concluyente, especialmente de carácter epigráfico, impide todavía una identificación definitiva, manteniendo abierto un debate que pone de relieve, tanto la ambigüedad de las fuentes antiguas como la dificultad de armonizar los datos literarios con la evidencia arqueológica y el análisis del territorio, un problema metodológico que sigue condicionando nuestra comprensión del episodio.

‘Corduba’, colonia Patricia.

Antes de Munda, en los compases finales de la guerra civil, Corduba había actuado ya como uno de los principales bastiones del partido pompeyano en Hispania. Capital de la provincia y sede de una élite municipal romanizada, la ciudad proporcionó recursos financieros, reclutas y respaldo institucional a los ejércitos de Gneo Pompeyo el Joven y Tito Labieno, convirtiéndose en un nodo logístico y político de primer orden. Su alineamiento no fue circunstancial: respondía a una tradición de vínculos con el partido pompeyano y a la posición de buena parte de sus notables, que veían en César una amenaza para el equilibrio republicano tradicional.

Denarios de César (superior) y de Pompeyo (inferior), de gran valor histórico.

Denarios de César (superior) y de Pompeyo (inferior), de gran valor histórico. / CÓRDOBA

La derrota de ‘Munda’ tuvo consecuencias inmediatas y devastadoras para la ciudad. Las fuentes antiguas coinciden en señalar que César aplicó en ‘Corduba’ una represión particularmente severa, con ejecuciones, proscripciones y confiscaciones masivas de bienes. No se trató de un castigo arbitrario, sino de una medida deliberadamente ejemplarizante: Córdoba era demasiado importante para permitir que su desafío quedara impune. Al castigarla, César enviaba un mensaje inequívoco al conjunto de la provincia y, por extensión, a todo el Occidente romano. Sin embargo, esa destrucción fue también el preludio de una refundación. Tras la represión, el poder vencedor impulsó la reorganización jurídica de la ciudad y su instalación colonial: ‘Corduba’ fue refundada como colonia, en un proceso tradicionalmente vinculado a la política colonizadora cesariana y consolidado después bajo Augusto. Desde entonces, la ciudad se integró plenamente en el nuevo orden político, con asentamiento de colonos, reordenación urbana y una función estratégica reforzada en la administración provincial. La caída de ‘Corduba’ simboliza, en este sentido, el colapso definitivo del poder pompeyano en la Península. Tras ‘Munda’, ya no existió en ‘Hispania’ ningún centro urbano o ejército capaz de desafiar seriamente la autoridad del vencedor. El control cesariano fue completo y permitió una reorganización administrativa profunda de la provincia, sentando las bases de su posterior estabilidad bajo el principado.

Paradójicamente, aquella ciudad humillada y refundada acabaría convirtiéndose, en las décadas siguientes, en uno de los principales focos culturales y económicos de la ‘Hispania’ romana. Ya en el Alto Imperio, ‘Corduba’ será cuna de figuras capitales de la literatura latina, como Séneca y Lucano, prueba de que la violencia fundacional del final de la República no impidió -sino que, en cierto modo, facilitó- su plena integración en el nuevo orden imperial.

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