Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Esther Pons Comisaria de la exposición ‘El despertar de la vida’

«Egipto no es solo la majestuosidad de los templos»

Esther Pons, comisaria de la exposición sobre Egipto en Córdoba

Manuel Murillo

-¿Cómo surge la idea de dedicar una exposición íntegra a la infancia y adolescencia en el Antiguo Egipto y por qué era importante abordar este tema ?

-Cuando nos propusieron hacer la exposición, vimos enseguida que la infancia y la adolescencia en el Antiguo Egipto habían sido tratadas solo de manera muy puntual. Existen textos y documentos, pero nunca se había realizado en España una exposición arqueológica dedicada exclusivamente a ellas. Normalmente aparecían fragmentos en muestras sobre nacimiento, educación o juguetes, pero no se había abordado la infancia como un conjunto coherente. Nos pareció un vacío importante, porque estas etapas representan el futuro de cualquier sociedad. Mostrar cómo vivían, cómo se cuidaban y cómo crecían los niños egipcios nos permite acercarnos a un Egipto mucho más humano, cotidiano y reconocible.

-La muestra cuenta con dos sedes, ¿qué se podrá ver en cada una?

-En Vimcorsa se podrán ver las casi 200 piezas de la exposición. Después, en la Sala Orive se expone un inmersivo acerca de la exposición para entender mejor toda esa etapa que cuenta la misma.

-¿Qué dificultad ha tenido el traslado de las piezas?

-Son piezas originales y se ha tenido mucho cuidado con ellas. Vienen de museos de España como el de Monserrat, el de Terrasa o el propio de Córdoba, entre otros, pero también de numerosos museos europeos como los de Manchester, Florencia, Bruselas, Budapest y Portugal, entre otros. Es una colección magnífica para conocer de cerca la infancia y adolescencia en el Antiguo Egipto y verla como algo más cercano de lo que nos puede parecer.

Esther `Pons junto a las otras dos comisarias que han organizado la exposición.

Esther `Pons junto a las otras dos comisarias que han organizado la exposición. / Manuel Murillo

-¿Qué se podrá ver en el inmersivo de la Sala Orive?

-Es un inmersivo muy serio que tiene más de nueve minutos, en el que, además, hemos tratado con muchísimas imágenes. Es muy llamativo y muy espectacular, pero con mucha seriedad y muchísimo rigor, tratando el Antiguo Egipto con el respeto que merece ser tratado.

-La exposición comienza con la gestación, el parto y la lactancia. ¿Qué prácticas o creencias pueden resultar sorprendentes hoy?

-Hay prácticas que resultan llamativas por su cercanía. Por ejemplo, los egipcios intentaban predecir el sexo del bebé antes del nacimiento, igual que hoy muchas familias. El parto era un momento extremadamente delicado debido a la alta mortalidad materna e infantil, por lo que las mujeres que podían permitírselo contaban con espacios especiales de alumbramiento. Se cuidaban con cremas y ungüentos para prevenir complicaciones. Respecto a la lactancia, amamantar hasta los dos o tres años era habitual.

-En la sección dedicada a la infancia, ¿qué objetos ayudan mejor a entender cómo crecían, jugaban y aprendían los niños egipcios?

-Los juguetes son fundamentales para entenderles. Un caballito de madera con ruedas o muñecas de trapo adornadas con collares y cabello muestran hasta qué punto muchos objetos de la infancia han permanecido casi intactos a lo largo de los siglos. Probablemente los fabricaban los propios padres. A través del juego los niños aprendían a ganar, a perder, a ceder, a compartir, a interactuar con otros. Para el público actual es muy impactante ver que un niño egipcio jugaba con un caballito o una muñeca no tan distintos a los que han tenido ellos. Eso ayuda a comprender que la infancia, aunque cambien las tecnologías y los contextos, mantiene constantes muy profundas.

«La infancia siempre fue fundamental, los egipcios cuidaban muchísimo a sus hijos y los protegían»

-¿Qué otras claves da la exposición sobre el juego y la socialización en la infancia egipcia?

-El juego era una parte esencial de la educación emocional y social. Los padres tenían la responsabilidad de alimentar, vestir y escolarizar a los niños, pero también de enseñarles a convivir a través de actividades lúdicas. Era una manera de prepararlos para el futuro: aprender a respetar turnos, a tolerar la frustración, a relacionarse con otros niños.

-En la preadolescencia y adolescencia, ¿qué señales muestran que los jóvenes asumían nuevos roles y responsabilidades? ¿Existían ritos de paso?

-Sí, existían transformaciones marcadas. Cuando los niños llegaban a la pubertad, dejaban de llevar la coleta o trenza lateral que caracteriza a los más pequeños. También cambiaban los juegos, que pasaban a ser más físicos. La apariencia se transformaba: adoptaban nuevos tipos de vestimenta y más adornos. Muy importante era el uso del kohl en los ojos, que no solo tenía una función estética, sino también medicinal, porque ayudaba a prevenir infecciones. En cuanto a responsabilidades, los chicos empezaban a ayudar en el campo. Las chicas, por su parte, colaboraban en el cuidado de los hermanos y en la preparación de la comida.

Así es el vídeo inmersivo de la exposición de Egipto en Córdoba

Diario CÓRDOBA

-La exposición aborda también la muerte temprana y la enfermedad. ¿Qué muestran estas partes sobre la fragilidad infantil en el Antiguo Egipto?

-Muestran una conciencia muy clara de la fragilidad de la vida. La mortalidad infantil era especialmente alta en los primeros cinco o siete años. Para protegerlos recurrían a amuletos, a prácticas rituales y a cuidados específicos. La medicina estaba muy avanzada: contamos con numerosos papiros médicos y sabemos que existían especialistas en prácticamente todos los ámbitos. La medicina combinaba conocimientos prácticos con rituales mágicos, pero los tratamientos y utensilios eran sorprendentemente sofisticados. Aun así, la vida era frágil.

-¿Hasta qué punto se mezclaban la medicina, la magia y las creencias protectoras?

-La mezcla era total. Los tratamientos con ungüentos se acompañaban de rituales y fórmulas protectoras; los amuletos acompañaban al enfermo; y los papiros recogían instrucciones para invocar la ayuda de distintos dioses, que los había para todo.

-A menudo se piensa en Egipto como una civilización solemne y monumental. ¿Qué aporta esta exposición a esa imagen?

-Muestra un Egipto íntimo, doméstico, cercano. Nuestro objetivo es poner en valor la importancia de la infancia y la adolescencia, y también de la gestación como etapa previa. Queremos que el visitante comprenda que Egipto no es solo la majestuosidad de los templos, sino también la vida diaria de familias que cuidaban, se emocionaban y educaban a sus hijos. Al ver juguetes, pequeños objetos de cosmética o amuletos de protección, el visitante reconoce hábitos cotidianos.

-¿Qué pueden enseñarnos hoy estos niños de hace miles de años sobre nuestra manera de criar y entender la infancia?

-Enseñan que la infancia siempre fue fundamental. Los egipcios cuidaban muchísimo a sus hijos y los protegían. Ser niño significaba estar rodeado de atenciones por parte de la familia. Muchos aspectos han cambiado, tenemos medicinas y condiciones muy distintas, pero los sentimientos, los miedos y los deseos de proteger y acompañar el crecimiento de un hijo son prácticamente los mismos. Esa continuidad es lo que hace que muchas personas se sientan identificadas al recorrer la exposición.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents