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Entrevista | Pedro Álvarez Ossorio Dramaturgo, director de teatro, actor y escritor

"Avellaneda fue un impostor quitándole los personajes a Cervantes, pero Cervantes no lo fue menos"

Acaba de publicar su novela ‘Imposturas: Cervantes y Avellaneda’ que presenta este martes en Córdoba, en la sede de la Fundación Antonio Gala, a las 18.30 horas.

Pedro Álvarez-Ossorio hablará este martes sobre su novela en la Fundación Gala.

Pedro Álvarez-Ossorio hablará este martes sobre su novela en la Fundación Gala. / CÓRDOBA

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Pedro Álvarez-Ossorio, conocido por su trayectoria en el teatro y su labor como creador escénico, presenta en Córdoba una novela en la que explora el misterio del Quijote apócrifo, adentrándose en las tensiones y rivalidad de sus autores. En ella, ofrece una reinterpretación vista desde los ojos de una persona del siglo XXI sobre uno de los episodios más fascinantes de la historia de la literatura española.

-Acaba de publicar 'Imposturas: Cervantes y Avellaneda', una novela sobre una disputa literaria que permanece envuelta en misterio después de siglos. ¿Cuál fue el detonante que le llevó a escribir esta obra?

-La idea me surge a raíz de mi anterior novela Laberintos rotos, en la que escribí sobre un personaje de Medina Sidonia, el doctor Thebussem, que es un gran cervantista, un hombre que organizó y promovió muchas asociaciones sobre Cervantes. Aparte de eso, yo soy un gran amante de Cervantes de toda la vida, he leído El Quijote infinidad de veces y me doy cuenta de que siempre me había parecido que sobre la figura de Cervantes había una gran laguna, sobre su vida, porque no se sabe nada de ella, no hay certezas. Casi inmediatamente después, descubro que hay una nueva teoría según la cual se cree que un personaje llamado Jerónimo de Pasamonte, un militar y escritor español, podría ser Avellaneda. Con todo esto, me pongo a investigar a los dos personajes y claro, me sale una novela. Una novela sobre las relaciones entre los dos, empiezo a indagar qué pasó, si él fue Avellaneda o no... y llego a mis conclusiones. El libro mantiene la tensión sobre el intento de averiguar quién fue en realidad Avellaneda. Me parece muy interesante que siga habiendo tantas lagunas sobre el personaje, hasta el punto de que las asociaciones cervantistas afirmen que hay cinco homónimos de Cervantes que se confunden unos con otros. Detrás de este libro, hay mucho trabajo de documentación, he tenido que estudiar varios años antes de escribir la novela y creo que el resultado es de interés tanto para un lector amante de Cervantes como para quien disfrute con una narrativa con cierta tensión policial.

-La novela se llama 'Imposturas', ¿quién es el impostor, Cervantes o Avellaneda?

-Todos, de alguna manera. Creo que Avellaneda fue efectivamente un impostor quitándole los personajes a Cervantes para escribir su segunda parte del Quijote, pero Cervantes no lo fue menos. Cervantes lee la segunda parte de Avellaneda y lo que hace es una copia mejorativa. Yo mismo soy otro impostor cuando me pongo a escribir sobre esta gente. Es un juego de matrioshkas en el cual cada uno juega sus cartas. En realidad, detrás de toda narrativa hay cierta impostura, sobre todo, cuando tratas de personajes históricos. Por eso, la palabra impostura me parece acertada, porque define de algún modo a todos los personajes que aparecen y a los que están detrás fomentando la escritura de esa segunda parte. Porque todavía hoy nadie sabe quién fue el autor, ni si fue una persona o varias, si hubo una trama, si fue algo dirigido desde la corte o desde el mundo literario de la época, fruto de la envidia.

-¿Cuál es su teoría personal sobre la autoría?

-No quiero desvelarla porque se refleja en la novela. Solo diré que creo que hubo mucha gente implicada. Hay un dato importante y esto es un dato histórico. No solo se desconoce quién es Avellaneda, tampoco sabemos dónde se editó el libro. La imprenta que aparece es falsa, no existía, los escritos y autorizaciones que figuran, aparte del cardenal que es el único que seguro que existía, no son reales. ¿Cómo es posible inventar una trama de este tipo y que nadie pueda averiguarlo? Detrás tiene que haber poder. Esto no se hace tan fácilmente ni en el siglo XVI ni hoy en día. Ahí hubo una trama y eso es lo que yo trato de averiguar: cuál fue la trama, quiénes están implicados y por qué se urdió.

-¿Qué libertad se ha tomado como novelista que no se habría tomado un historiador?

-La libertad de rellenar todos los huecos vacíos que hay y responder a las preguntas que uno se puede hacer y que los historiadores se hacen constantemente, pero no son capaces de responder más allá de hacer suposiciones. Sobre esas suposiciones yo digo cuáles son las más verosímiles. Por ejemplo, ¿qué pasa con Cervantes en los dos años que desaparece, cuando no sabemos dónde estuvo, cuando se va de Sevilla, pero no está en Valladolid ni en Madrid ni en ningún sitio. Después de permanecer escondido aparece con El Quijote. Todo esto te permite como novelista crear un supuesto y una trama que puede llevarlo a estar en situaciones que no tienen por qué ser verídicas pero sí verosímiles. Sobre Cervantes, hay teorías para todos los gustos, pero con todo eso podemos crear una historia con la que acercarnos a lo que fue como figura literaria, a su época, a las convulsiones y a los intereses contrapuestos del momento.

-En su novela reinterpreta una disputa de hace siglos, ¿cuánto hay en ella de nuestra visión actual, de la guerra cultural o ideológica contemporánea?

-El personaje ha salido de mí que soy un hombre del siglo XXI. Por lo tanto, yo no sé hasta dónde está impregnado del pensamiento de una época u otra, aunque lógicamente todo está teñido de contemporaneidad. Las envidias que aparecen en el mundo se dan en la actualidad igual que determinados entornos en los que me inspiro. Todo autor tiene elementos de auto ficción. Cuando hablo de Cervantes metido en un hospital, lo saco de mi propia experiencia en un hospital de Córdoba hace treinta años. Igual que cuando hablo de las luchas por el poder, de los intereses de uno o de otro, son cuestiones absolutamente contemporáneas. Los seres humanos nos movemos siempre por los mismos principios tanto positivos como negativos: amistad, amor, deseo, relaciones amorosas... y todo eso está en mi novela.

-Es imposible evadirse de la mirada contemporánea.

-Claro. Yo creo que eso es importante tenerlo en cuenta. Por ejemplo, ¿por qué se habla ahora de la homosexualidad o no de Cervantes? Cuando uno escribe, escribe para su contemporáneos y para sí mismo, escribe en su contemporaneidad, aunque ponga la vista en un paisaje y en un ambiente con costumbres de otra época. Eso da riqueza porque al final siempre hacemos viajes de ida y vuelta.

-Entonces Cervantes escribió El Quijote, Avellaneda lo reescribió y ahora se está reescribiendo otra vez en el siglo XXI.

-Se escribe sobre el personaje que se ha reescrito a lo largo de los siglos. Ocurre como con la obra de Shakespeare, de la que se han hecho infinidad de reinterpretaciones y se seguirán haciendo. Los grandes escritores y las grandes figuras son reinterpretables siempre. Esto está claro. Y no sé si alguna vez se descubren datos fundamentales como cuando hace poco alguien planteó que en realidad Cervantes no nació en Alcalá sino en Córdoba. Entonces, ¿dónde nació? ¿Son dos personas diferentes? ¿Cuáles son las preguntas y las respuestas?

-¿Avellaneda fue un rival brillante o un provocador con mala leche?

-Fue un rival, pero Avellaneda tiene la desgracia de tener como competidor a Cervantes que es mucho más brillante que él, sin dudarlo. Su libro no habría pasado a la historia si no hubiera existido Cervantes aunque su libro esté razonablemente bien escrito, pero tiene enfrente a un contrincante terrible, Miguel de Cervantes, que sobre todo en la segunda parte, le hace una copia mejorativa con mucha potencia. Además, hay rencor en Avellaneda, no se puede escribir un libro atacando al autor de esa manera sin rencor. Y también hay mucha constancia porque hay que estar muy bien organizado para llevar eso adelante.

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