Entrevista | Juan Ortega Chacón Flamencólogo
Juan Ortega Chacón: «El cante jondo corre el riesgo de quedarse en silencio»
El historiador y flamencólogo pontanés repasa la historia, evolución y desafíos del flamenco en Puente Genil

El historiador pontano Juan Ortega Chacón ha sido durante muchos años presentador del festival de Cante Grande de Puente Genil. / CÓRDOBA

Juan Ortega Chacón (Puente Genil, 1948), historiador, flamencólogo y durante 27 años fue el presentador del Festival de Cante Grande Fosforito de Puente Genil, teniendo como maestro a Agustín Gómez, quien le dijo que «presentar esto no es como en una pasarela, aquí hay que transmitir, debemos explicar que esto es una cultura hereditaria, que viene de lejos, y la gente tiene que empaparse de ello». Posee la medalla de oro de la Federación de Artistas Flamencos de Córdoba, medalla de oro de Puente Genil, ostenta el título de manantero ejemplar y es autor de la obra ‘100 años de flamenco’. Ha llevado esa cultura hereditaria de Puente Genil a rincones de Andalucía, también ha estado en Zaragoza, en la Casa de Andalucía y en Madrid, donde el público andaluz late con fuerza, manteniendo viva la llama del arte jondo.
-El Festival de Cante Grande de Puente Genil va camino de cumplir los 60 años ininterrumpidos, ¿cuáles son las claves?
La clave, indiscutiblemente, estuvo en su origen, en el empeño de crear un espacio propio para el flamenco. El impulso inicial, el apoyo institucional, la figura de Fosforito, la calidad artística, la hospitalidad y la pasión popular han sido determinantes para que el Festival Flamenco de Puente Genil se convirtiera en un referente histórico y cultural de primer nivel. Hay que recordar que los primeros festivales de este tipo surgen en Utrera, en 1959, con el llamado Festival de la Demanda de los Gitanos. El concurso nacional de Córdoba, además, sirvió como depuración y como punto de partida para que después se consolidaran los festivales flamencos en lugares con fuerte tradición. En nuestra zona, se da otro enclave claro, se trata del triángulo entre Cabra, Puente Genil y Lucena, con una tradición que arranca ya desde mediados y, sobre todo, en el último tercio del siglo XIX. No hay que olvidar la importancia de las figuras que sostuvieron este movimiento. Antonio Mairena, por ejemplo, impulsó mucho el auge de los festivales con la intención de rescatar la pureza del cante, muy deteriorado en los últimos tiempos de la llamada ópera flamenca, y al mismo tiempo asentarlo en lugares con una raíz cultural flamenca fuerte, donde pudiera tener continuidad. En ese sentido, el Gazpacho de Morón y, por supuesto, el Festival de Cante Grande de Puente Genil, forman parte de esa red de grandes citas que han logrado mantener viva y con prestigio la tradición del flamenco en Andalucía.
-¿Qué artistas flamencos han pasado por las tablas del pontanés?
Actuaron figuras históricas como Antonio Mairena, Curro y Manolo Mairena, Rafael Romero ‘El Gallina’, Fernando y Bernarda de Utrera o Enrique Morente. Todos los artistas importantes del flamenco pasaron por Puente Genil, que se convirtió en referencia obligada. El festival llegó a ser considerado el más importante de España, un verdadero honor tanto para artistas como para el público.
-¿Cuáles son los principales festivales en activo en la provincia de Córdoba?
En la provincia de Córdoba hay tres festivales principales que han superado los cincuenta años de existencia. Son el de Puente Genil (fundado en 1966-67), la Cata Flamenca de Montilla y el Festival de la Vendimia Flamenca de Doña Mencía. Estos son los pilares históricos del flamenco en la provincia de Córdoba. Pero el de Puente Genil es el único que ha permanecido ininterrumpido, incluso en la pandemia.

Juan Ortega junto al cartel de la 59ª edición del festival de Cante Grande de Puente Genil. / CÓRDOBA
-¿Qué aportaron, en su germen, los festivales flamencos?
En épocas pasadas ciertos sectores sociales, especialmente la burguesía, veían con distancia o desprecio al flamenco, prefiriendo la ópera o la zarzuela. Sin embargo, los festivales sirvieron para dignificar el flamenco, darle visibilidad y atraer a públicos que antes no se hubieran acercado a él. De este modo, estas celebraciones se convirtieron en un motor cultural que elevó el arte jondo a un nuevo estatus.
-¿Qué papel, a día de hoy, juegan las peñas en el mantenimiento, desarrollo, o todo lo contrario, de los festivales flamencos en la provincia de Córdoba y, en concreto, en Puente Genil?
Es una generalización, pero actualmente están muy decaídas. No solo las peñas, también los casinos, las sociedades. Las nuevas formas de vivir y de articularse la sociedad ya no hacen que la gente vaya, por ejemplo, a leer el periódico al casino o a jugar una partida como antes. Aquí, en Puente Genil la cuna de las peñas fue la taberna de Pedro Lavado, indiscutiblemente. Y, aunque algunos se pongan un poco puristas con eso de las tabernas, hay que reconocer que fueron ellas las que salvaron el flamenco. Yo diría que las peñas fueron el paso más importante del flamenco a nivel cultural, porque en aquella época hablar de cultura era hablar del que tenía cinco carreras o sabía de letras. Pero de flamenco, ¡ni hablar! Y, sin embargo, las peñas empezaron a reivindicar eso, la cultura flamenca. Aquí, la Peña Fosforito fue muy importante. Llegó a tener 650 socios. Otras peñas, como Lucero de Montilla, también tuvieron mucha fuerza.
-¿Y cómo ha sido la evolución, cómo es el panorama hoy?
Dolorosamente, hay que decir que está muy decaído. ¿Y de quién es la culpa? De la vida asociativa, sí, pero también de otra cosa que yo llevo tiempo diciendo -aunque predicando en el desierto-: no se ha sabido extender a los jóvenes. Y los pocos que han entrado, se han aburrido. Porque tú no puedes, por saber mucho o ser un iniciado, empezar a exigirle a un chaval que cante o escuche una malagueña de la Trinidad. Hay que empezar por lo básico, por aficionarlo con fandangos. Siempre lo he dicho: los fandangos son los más populares, los más fragantes, los más alegres. Ya habrá tiempo de llegar a las seguiriyas o a las deblas. Pero la juventud no se ha entroncado. La gente fue dejando de ir, se fue debilitando todo. Cada vez la gente se quedaba más en su casa. Al principio, las peñas también tenían un papel de asesorar o ilustrar a los políticos, a las comisiones de festejos. Pero en realidad, la cosa fue decayendo. Aquí ha habido tres o cuatro peñas: la de Fosforito, la de Frasquito, la de Amigos del Cante (que sigue figurando) y la de Vicente Cáceres; de todas ellas, esta última es la que mantiene más vitalidad. La de Fosforito, ahora, se está reactivando como aula flamenca. Hay ayuntamientos que han cedido terrenos para peñas -como en La Rambla-, pero eso fue hace años. En muchos sitios se ha hecho... Aquí, sin embargo, todavía no se ha conseguido.
«En épocas pasadas ciertos sectores sociales, como la burguesía, veía con distancia o desprecio al flamenco, prefiriendo la ópera o zarzuela»
«El Festival de Cante Grande de Puente Genil forma parte de esa red que ha logrado mantener viva y con prestigio la tradición del flamenco»
-¿Qué futuro le atisba a las peñas?
Las peñas se han convertido casi en un asilo, un lugar donde solo quedan los mayores. La razón es sencilla, los jóvenes escuchan otro tipo de música. Y quiero que eso se entienda bien, porque hay una confusión importante entre el flamenco y el flamenquito. El flamenquito es otra cosa, es como el rebujito, un flamenco aguado. Los jóvenes, como consecuencia de lo que hemos hablado, se aburren escuchando una malagueña, una soleá o un cante jondo. Pero hay que tener cuidado, el flamenquito no puede sustituir al flamenco, porque detrás de esa mezcla ligera se está perdiendo la esencia. Otro problema grave es que se están cerrando los palos. Hoy apenas se canta por seguiriyas, tangos, fandangos o bulerías, que son los más populares, y se ha olvidado la riqueza inmensa del árbol flamenco. Cantes como la serrana y tantos otros han desaparecido prácticamente. El aficionado envejece de la mano de la peña y no se ha logrado rejuvenecer ese público. El flamenco puro, el cante jondo, no se está protegiendo como merece. Y eso nos lleva al fondo de la cuestión: ¿cuál es el estado vital del flamenco hoy? Se ha ido dignificando, sí, hasta ser reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y en Puente Genil tenemos la quinta llave del cante. Pero, siendo sinceros, el flamenco está paralizado. Pero también pasa otra cosa: la gente no paga. A todo esto se suma que los honorarios de los artistas han subido de manera desmesurada. El flamenco sobrevive, pero con dificultad. Sin relevo generacional, con las peñas envejecidas y con una industria que se ha desvirtuado, el cante jondo --aquel que nos definía- corre el riesgo de quedarse en silencio.
- El alcalde de Córdoba a los trabajadores de Hitachi: 'No vamos a priorizar una inversión empresarial por delante de derechos laborales o despidos
- Del cheque bebé al cierre de El Arcángel: así progresa la hoja de ruta anunciada por Bellido en el debate de la ciudad 2024
- Insultos racistas, un atropello y patadas en la cabeza en una violenta agresión en Ciudad Jardín
- Córdoba vive un puente de diciembre 'extraño' con menos éxito en la capital y lleno en el turismo rural
- Córdoba no guarda el paraguas: la Aemet ya pronostica las próximas lluvias, y serán inminentes
- La empresa pública Casa 47 inicia su actividad con un centenar de viviendas en Córdoba
- Así lucirá el entoldado de la Feria de Mayo en Córdoba: 6.000 metros cuadrados de toldos contra el calor
- Defensa licita el contrato central para la construcción de la Base Logística del Ejército en Córdoba por 395 millones