Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Libro del flamenco

La importancia de Córdoba

Cuando la Unesco galardonó al flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, causó un impacto que aún aletea entre el beneplácito y la indiferencia de los amantes de este arte

El espectáculo flamenco ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’ de Javier la Torre.

El espectáculo flamenco ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’ de Javier la Torre. / CÓRDOBA

Francisco del Cid

Francisco del Cid

Córdoba

Córdoba no puede permanecer ajena a este reconocimiento del que se cumplen 15 años, el reconocimiento del flamenco como Patrimonio de la Humanidad. Su meritoria defensa en torno al hecho flamenco es una constante que llega a nuestros días con los encomiables resultados que todos conocemos, lo que ha cimentado el respeto y la consideración de propios y extraños sobre la valoración de este apasionante universo que brilla, fija y le da esplendor y que muestra al mundo la genialidad de sus artistas en las tres disciplinas que lo conforman. Pero es preciso remontarse a los siglos IX y X como punto de partida para iniciar un bosquejo de la importancia que el Califato de Córdoba otorgaba a las artes y, muy especialmente, en la música en la que el persa Ziryab aportó sus conocimientos influyendo de manera determinante en la fijación de un carácter eminentemente artístico que, como ya se sabe, contó con el apoyo del califa, que contribuyó de forma notable al esplendor de Córdoba, donde se creó el primer conservatorio del mundo islámico, cuyos destellos han llegado hasta nuestros días.

Hoy cuando se habla de nuestra ciudad como capital del flamenco no tenemos más remedio que retrotraernos a esa época, ya que presumiblemente su germen iluminó como un chorro de luz aquel tiempo en el que el quejido espeluznante de la cantaora Achfa de Bagdad, que gozaba del respeto y la admiración de la corte, estremecía al auditorio con su desgarro, como la Fernanda de Utrera de nuestros días que dejaba rastros de sangre cuando acometía los tercios de su inmortal soleá.

Un cúmulo de factores hasta llegar a nuestros días en la que Córdoba juega un papel protagonista desde que a mediados del siglo pasado un importante acontecimiento suscitó el respeto y la consideración del mundo del flamenco.

El origen

El Concurso de Cante Jondo que tuvo lugar en esa fecha mítica de mayo de 1956, enmarcado dentro del Festival de los Patios por sugerencia de la Corporación municipal de aquel tiempo, le fue encargado al poeta fundador de Cántico, Ricardo Molina, que ya se había apasionado con la lectura del libro ‘Flamencología’, del argentino de San Roque Anselmo González Climent. Una personalidad sin parangón en cuanto a la profundización de nuestras más elocuentes señas de identidad como son los toros y el flamenco y que a nuestro poeta le abrió un horizonte mucho más amplio que el que ya había experimentado en Córdoba en su constante deambular en las tabernas clásicas, donde se reunían los aficionados que sin guitarra ejercían una liturgia ‘jonda’ que encerraba en su minimalismo toda la fascinación que nos ha acompañado hasta hoy. El concurso, celebrado dentro de la programación de las Fiestas de Mayo, aunque desde hace algunos años, inexplicablemente, tenga cita en los meses de noviembre, tuvo como ganador absoluto al maestro Fosforito. Este acontecimiento marcó un antes y un después en la defensa del cante, ya que se nutrió de una estética única, cuyo estimulo imprimía un sello personalísimo como contrapartida a los errores del organizado en Granada en 1922.

«Cuando se habla hoy de nuestra ciudad como capital del flamenco tenemos que retrotraernos a los siglos IX y X»

«Por el Concurso Nacional de Arte Flamenco han pasado casi todos los artistas de prestigio, dejando su huella»

El éxito de la primera edición del Concurso de Cante Jondo de Córdoba, más tarde llamado Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, fue de una repercusión de vital importancia para el flamenco que le ha valido el calificativo del Concurso de Concursos. Por el mismo han pasado casi todos los artistas de prestigio de los tres pilares que sostienen al flamenco, dejando su indeleble huella.

Artistas

De su importancia solo cabe echar un vistazo a la larga nómina de artistas de reconocido prestigio, cuyos nombres figuran con letras de oro desde su primera edición en 1956. Fosforito, Fernanda y Bernarda de Utrera, Juan Talega, Curro de Utrera, La Paquera, José Menese, Paco Laberinto, Beni de Cádiz, Lebrijano, Chano Lobato, Chocolate, Canalejas de Puerto, Manuel Cano, Matilde Coral, Paco de Lucía, Serranito, Manolo Sanlúcar, Juan Carmona Habichuela, Merche Esmeralda, El Califa, Mariví Palacios y Antonio Alcázar, Rafael Ordóñez, Antonio de Patrocinio, Juan Antonio Camino, Manuel Espejo ‘Churumbaque’, Fernando Terremoto, Paco Peña, José Mercé, Luis de Córdoba, Mario Maya, Inmaculada Aguilar, Lola Pérez, Concha Calero, David Pino, Julián Estrada, El Veneno, Paco Cepero, Eva La Yerbabuena, El Pele, Vicente Amigo, José Antonio Rodríguez, Paco Serrano, Manuel Silveria, Gabriel Expósito, Olga Pericet, Rafael del Pino ‘Keko’, Mercedes de Córdoba, Javier Latorre, Marcos Flores, Niño Seve, Currito…

Imposible una recopilación de todos los nombres importantes que una vez obtenida la preciada credencial, la exhibirán como uno de los galardones más preciados de sus respectivas carreras y que sin duda los proyectó en mayor o menor medida. Es verdad que los medios de difusión de antes no eran los de ahora y el profesional que quiera proyectarse tiene hoy otros cauces en los que poder exhibir su virtudes, pero el Concurso de Concursos siempre será el luminoso faro que sacó al flamenco de su ostracismo poniendo las cosas en su sitio.

El guitarrista cordobés José Antonio Rodríguez, en la presentación de su espectaculo 'El guitarrista azul', en 2015.

El guitarrista cordobés José Antonio Rodríguez, en la presentación de su espectaculo 'El guitarrista azul', en 2015. / CÓRDOBA

Y, aunque ese esplendor del pasado no volverá, Córdoba debe de potenciar con nuevas fórmulas este hecho que se celebra cada tres años. El apoyo institucional de vital importancia, la estela de Ricardo Molina y de González Climent y, posteriormente, la de Agustín Gómez, debe de servir de ejemplo para la continuación y proyección del flamenco que necesita una puesta a punto con la que recobrar su prestigio.

Aunque la importancia del concurso está fuera de toda duda, insistimos en que necesita una adecuada revisión acorde con los nuevos tiempos. No obstante, otros acontecimientos señalan a Córdoba como ciudad indiscutible del arte flamenco. Nos referimos a un evento tan importante como el Festival de la Guitarra creado hace 40 años por nuestro Paco Peña, que puso a Córdoba en el más destacado pedestal de la música en todas sus manifestaciones. La maldita pandemia impidió su celebración con el esquema tradicional, pero seguro que vendrán tiempos mejores y volveremos a disfrutar de esos artistas de prestigio internacional que consideran a Córdoba como el gran referente de los festivales de guitarra que se exhiben a lo largo y ancho del mundo.

Festival de la Guitarra

En plena canícula, cuando el mes de julio muestra su cara más sofocante, es frecuente ver ese desfile de guitarristas que con su instrumento al hombro ya forman parte del paisaje urbano en el que buscar el punto de encuentro con colegas de todas las latitudes en esta celebración fastuosa que solo Córdoba puede ofrecer. Larga vida a este festival tan nuestro y tan de todos que ha conseguido aunar voluntades mediante ese rico intercambio de culturas, con el recurso mágico de las guitarras que inundan de sonidos de calles a plazas, con parada obligatoria en el barrio de la Judería, donde hace más de medio siglo que vigilan temblando las voces de Curro de Utrera, Lucas de Écija, Finito, Automoto, el Niño de la Corredera y tantos otros cantaores, guarecidos por las guitarras de Arango y Rafael El Tomate, donde destacaba la racial presencia de una volcánica Tomata, que se dejaba jirones de vida en su baile por soleá, siempre ajena a cualquier academicismo y solamente avivada por su intuición y rasgo flamenco donde todavía parece llegarnos el aire de los revuelos de las batas de cola que se daban cita en aquel mítico tablao que fue el Zoco, donde se fraguaron lo mejor de nuestras esencias flamencas, con una jovencísima Blanca del Rey que hasta hace poco reinaría en los más importantes escenarios del mundo con parada y fonda en su tablao del Corral de la Morería, de Madrid.

La importancia de Córdoba en el flamenco se sostiene, como no podía ser de otra manera, en la multiplicidad de su oferta a todas luces exigente y atractiva, lo que nos ha convertido en un referente en todo el mundo y muy especialmente para los jóvenes que cursan sus estudios en nuestros conservatorios, procedentes de la compleja diversidad de lugares de dentro y fuera de nuestro país y que para completar su aprendizaje colaboran en los tablaos ubicados principalmente en el entorno de la Judería.

Más visibilidad

Las instituciones deben mostrarse más sensibles en la ayuda a este colectivo que, con su arte, colabora sin duda a fomentar la consideración de ciudad flamenca de primerísimo nivel, con los correspondientes beneficios que tanta falta nos hacen. Otro evento que, año tras año, viene celebrándose es la Noche Blanca. Qué duda cabe que debe someterse a un serio análisis. Desde la primera edición que supuestamente contribuiría a sumar méritos para el logro de la ansiada capitalidad cultural, Córdoba viene año tras año celebrando este acontecimiento que invita a la gente a llenar calles y plazas con la consiguiente positiva repercusión en la hostelería. Este evento ha venido para quedarse y no hay Corporación municipal que renuncie a su celebración, ya que, entre otras razones, alguna que otra provincia podría gestionarlo en beneficio propio, lo que supondría sin duda un golpe más a nuestra consabida apatía.

El Concurso Nacional de Arte Flamenco alcanza este año su 24ª edición y se celebra en noviembre.

El Concurso Nacional de Arte Flamenco alcanza este año su 24ª edición y se celebra en noviembre. / CÓRDOBA

El entramado por el que Córdoba se ha erigido por derecho propio en capital del flamenco tiene otros nombres propios que han contribuido a través del tiempo a consolidar nuestra marca. Hablamos de la ingente labor que las peñas de Córdoba y provincia vienen realizando, motivadas por la sincera afición en el fomento de su espíritu peñístico puesto a prueba con la frecuencia que demanda su capacidad organizativa y su espíritu de sacrificio para mantener viva la filosofía que los anima desde su creación, que en la mayoría de los casos se remontan a las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo. Recitales, festivales, semanas culturales, hermanamientos en la noble y sincera competencia con socios de otras peñas revelan un generoso esfuerzo que, sin duda, robustece el tejido asociativo del arte flamenco…

Peñas

La Federación Provincial de Peñas Flamencas y, últimamente, la Federación de Peñas Cordobesas componen junto con el Ateneo de Córdoba un trípode en el que los artistas cordobeses se sienten también arropados. En la misma línea tenemos a la Asociación de Artistas Flamencos creada hace 25 años y pensada para potenciar los nuevos valores del flamenco y dar cobertura a los artistas veteranos, como año tras año viene haciendo con la Ruta de las Tabernas y con la entrega del Cordobán Flamenco.

Por otra parte, la Obra Social y Cultural de Cajasur ha venido manteniendo una decidida apuesta con el arte flamenco en el magnífico marco del Palacio de Viana, consciente de su aceptación por todo aquel que lo visita y es capaz de conmoverse ante la amplia y selecta diversidad de montajes.

La Cata Flamenca de Montilla, el Festival de Cante Grande de Puente Genil, la Peña El Mirabrás de Fernán Núñez, las Semanas Culturales de la Peña Flamenca de Córdoba, la Peña Flamenca del Campo de la Verdad, El Rincón del Cante, el Rincón Flamenco, la Peña Flamenca de El Carpio, La Pajarona de Bujalance, la Peña Manolo Caracol de Montalbán, Lucena o Baena, por citar las más activas, son los que contra el sinfín de inconvenientes de siempre está cercenando muchos de sus proyectos, si bien esperamos que más pronto que tarde ha de revertirse esta situación.

Cátedra de la Flamencología

La Cátedra de Flamencología Agustín Gómez es otra de las apuestas de Córdoba por consolidar su hegemonía en el mundo del flamenco. Creada con un serio compromiso de fomentarlo por el titular de la cátedra, que después ha continuado con Luis de Córdoba, Arcángel y David Pino, es un hecho imprescindible, tanto para el aficionado veterano, como para el que ha sentido el aguijonazo del flamenco y quiere ampliar sus conocimientos con la exposición semanal de la pluralidad de temas que han venido divulgando los citados titulares de la cátedra y la sabia exposición de la selecta nómina de sus invitados.

Inmaculada Aguilar, en una actuación en el Festival de la Guitarra de Córdoba.

Inmaculada Aguilar, en una actuación en el Festival de la Guitarra de Córdoba. / CÓRDOBA

Por otro lado, el Centro Cultural Fosforito de la Posada del Potro ya se ha convertido en uno de los espacios flamencos más valorados por el público. Sus jornadas matinales, ponencias, recitales, debates o entrevistas, respaldados por la presencia de ese museo que alberga parte de la trayectoria del maestro de Puente Genil, es otro foco de cultura flamenca que viene a completar la oferta flamenca de la ciudad.

Solamente lo reseñado nos puede dar una idea de la importancia de Córdoba y de ahí que se nos señale como de primer nivel a la hora de clasificar las distintas geografías flamencas. Esta efemérides de la declaración como Patrimonio de la Humanidad sirva, pues, para afianzarnos como indiscutible capital del flamenco con el beneficio que ello comporta, sobre todo a las nuevas generaciones que decidieron abrazarse a este arte de manera pasional por lo que tenemos la obligación de apoyarlos de forma clara e irrevocable.

Tracking Pixel Contents