Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Libro del flamenco

El flamenco con sello cordobés

La provincia mantiene un ecosistema completo del arte jondo: cantaores , bailaoras y guitarristas, además de una red de peñas y certámenes que llenan el calendario cada año

El guitarrista Paco Peña está considerado uno de los mejores maestros de España.

El guitarrista Paco Peña está considerado uno de los mejores maestros de España. / CÓRDOBA

Víctor Recuerda

Córdoba

Córdoba y su provincia siguen siendo lugar de referencia dentro del mapa flamenco de quilates. Cuenta con un plantel de artistas, espectáculos y formaciones que hacen que este arte continúe muy vivo: del cante de Puente Genil al baile de la capital; de las guitarras que construyen insignes lutieres en sus talleres a las que se forman en el Rafael Orozco, y de grandes hitos en el calendario como el Festival de la Guitarra o el Concurso Nacional de Arte Flamenco (CNAF) a una red de peñas y certámenes que dan lustre y brillo a este arte.

Para realizar un repaso por la fotografía del flamenco con sello cordobés es imprescindible detenerse en nombres propios que configuran el «quién es quién» del arte jondo declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad hace ahora tres lustros. Ayuntamientos, Diputación Provincial, Universidad de Córdoba, IMAE (Instituto Municipal de Artes Escénicas), Asociación de Artistas Flamencos de Córdoba, Federación de Peñas o centros especializados apoyan y promocionan el flamenco en esta tierra.

Cante: quejíos que emocionan

Recorrer el panorama flamenco cordobés por el cante sirve para dar voz a una lista interminable de artistas cuyo eco de quejíos resuena a lo largo y ancho de toda la provincia. Del barrio de San Agustín, en Córdoba, emerge El Pele (Manuel Moreno Maya), que sigue siendo el cantaor cordobés más solicitado: aparece en el cartel de la Noche Blanca del Flamenco, en ciclos de verano y también en grandes festivales. Siempre con esa mezcla de quejío antiguo y vuelo melódico suyo, muy personal. El que fuese Medalla de Oro de las Bellas Artes trabaja mucho los tientos y tangos, las bulerías de eco marismeño y las soleares de Córdoba, con giros moriscos que lo identifican. A través de su dilatada carrera ha enseñado que se puede ser libre sin dejar de sonar a Córdoba.

Cantaor veterano también y natural de Adamuz es Paco Ocón, consolidado como defensor del cante tradicional. Su estilo se caracteriza por un fraseo sobrio, afinación muy cuidada y dominio de la soleá y la seguiriya, con resonancias de la escuela de Fosforito. Su labor docente y de divulgación lo ha hecho figura clave en el mantenimiento del flamenco clásico en Córdoba.

Desde los 10 años, Rafael Montilla ‘El Chaparro’ acompañaba a su padre a la célebre taberna de Casa Currito, del Campo de la Verdad. Y, aunque nadie de su familia se dedicó profesionalmente a ello, él sí se ha labrado un nombre en este arte. Su hermosa voz, su pureza de sentimiento y expresión emanan con fuerza, armonía y musicalidad de su garganta y le han granjeado numerosos premios. Además, desde 1980 recorrió mundo junto a Paco Peña.

«En la búsqueda de referencias hay que dirigir la mirada a Posadas y mencionar al cantaor Luis de Córdoba»

«Otra parada obligatoria es en Puente Genil, origen de una figura tutelar y esencial como Antonio Fernández ‘Fosforito’»

Capitalino también es Juan Antonio ‘El Claus’, que representa una renovación del cante urbano de Córdoba, fusionando letras propias y versiones de cantes festeros con acompañamiento moderno. Su timbre rasgado y su interpretación cercana al público lo han hecho una de las voces emergentes del flamenco local más fresco, sin perder el respeto a la tradición.

Y joven es Moisés Vargas, cantaor de proyección que representa la nueva generación del cante cordobés, aunque naciera en Cartaya (Huelva). Su voz, grave y templada, destaca por la claridad con que interpreta soleares, tientos y bulerías. En 2024 publicó su primer disco independiente, ‘Raíces vivas’, grabado con guitarristas de la escuela cordobesa. Su cante equilibra tradición y sensibilidad contemporánea, heredero de Fosforito y de El Pele, y en 2025 se consolida como firme promesa del panorama local.

En la búsqueda de referencias, hay que dirigir la mirada a Posadas, y mencionar a Luis de Córdoba (Luis Pérez Cardoso). Maestro de maestros, más presente en 2025 como conferenciante, presidente de peñas o ‘institución’ académica, que como cantaor de gira: la peña de su nombre en la localidad malena mantiene una programación de altísimo nivel y él sigue defendiendo el cante valiente, bien dicho, con letra completa y afinación rigurosa. Es la voz de la memoria del cante cordobés en los últimos tiempos.

Otra parada obligatoria es Puente Genil, origen de una figura tutelar y esencial como Antonio Fernández Díaz ‘Fosforito’, a quien en 2025 se ve todavía activo en conferencias o en presidencias de jurado y su nombre sigue vertebrando el Festival de Cante Grande y el propio Centro Flamenco de Córdoba que lleva su nombre. Mantiene un magisterio clásico, sobrio, que se enseña como modelo en cátedras universitarias y peñas.

De Puente Genil es también David Pino, director de la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba y cantaor de línea culta, que en los últimos años ha alternado recitales cuidados con esta faceta formativa. Su cante es elegante, de dicción perfecta, con querencia por las malagueñas y los estilos abandolaos de su tierra.

Igualmente, destaca Julián Estrada, cantaor de repertorio del sur de la provincia: festival Fosforito, Zambra, agosto pontanés… Cada comparecencia suya es una lección de temple, de ‘hablar’ por fiesta y de alegrías bien resueltas. Mantiene fidelidad al acompañamiento de Manolo Silveria y suena a su Puente Genil.

De la tierra subbética de Lucena proviene Antonio Mejías, cantaor de corte serio muy activo en festivales de Andalucía oriental y que ha consolidado la seguiriya y la soleá como cartas de presentación, con ecos de Antonio Mairena, pero con un punto lucentino en los abandolaos.

Y de la Campiña Sur, de Fernán Núñez, lo hace Bernardo Miranda, una de las voces jóvenes más completas que actúa mucho en peñas de la provincia y de fuera de la misma, manejando muy bien los cantes de Córdoba.

De vuelta a la capital en este viaje, los nombres que destacan son muchos, caso de Rafael Ordóñez. 2025 lo ha visto brillar en la Noche Flamenca de Zambra y en los ciclos del Fosforito con un cante recio, muy de metal cordobés, donde la seguiriya y la soleá salen con empaque y compás atrás impecable. Es de los que mantienen el pulso tradicional en escena.

Rafa del Calli (Rafael Plantón Heredia) es un cantaor gitano cordobés muy en forma que, por ejemplo, en la Noche Blanca hizo dupla con Rocío Luna y demostró que se puede ser ortodoxo y actual, sobre todo en seguiriyas y tangos. Canta con mucho compás y pulso de fiesta, recordando al cante de las familias de Córdoba.

Y Manuel García ‘Morenín’, salido del Campo de la Verdad, ha aprovechado el Circuito Andaluz de Peñas 2025 para entrar en casi toda la provincia con un cante sin alharaca, muy de peña, que gusta porque no se sale del molde y porque conoce bien los estilos de Córdoba.

Por su parte, Rafael Mesa Navarro ‘El Guerra’ es un símbolo de la afición y este año la Asociación de Artistas Flamencos le ha reconocido en el Cordobán Flamenco. Canta con ese pellizco viejo de La Corredera y mucho peso en la saeta.

María José Llergo, durante su actuación en los Premios de la Academia de la Música en 2024.

María José Llergo, durante su actuación en los Premios de la Academia de la Música en 2024. / CÓRDOBA

Igual sucede con Antonio de Patrocinio, decano del cante local, muy respetado por su saeta y la limpieza con que ‘dice’ las malagueñas, es una referencia en las peñas. Su hijo, Antonio Luque, aunque también canta, aparece ahora más como guitarrista de primer nivel.

Rostro de mujer

Entre las féminas al cante destaca Rocío Luna, de Cañada del Rabadán (Fuente Palmera), que obtuvo la Lámpara Minera 2023 y, este 2025, está de gira por el Festival de Flamenco Experimental (FEX) y por Córdoba como voz joven que canta de todo: granaínas, cantiñas, levante y bulerías, con una atractiva soltura y una presencia escénica muy clara.

Asimismo, Carmen Carmona Lara, de Benamejí, ha logrado el Melón de Oro de Lo Ferro 2025, lo que la ha aupado. Es poderosa en seguiriyas, afinada en malagueñas y con una edad (22 años) que la convierte en apuesta de futuro de la Subbética cordobesa.

Lucía Leiva, cantaora de flamenco de Montoro, es conocida por su sensibilidad y por sus estudios de flamencología y clarinete, recibiendo clases de figuras como El Pele y Arcángel, y habiendo ganado premios como la Saeta de Oro de Granada. Su cante se caracteriza por el amor por la música y es una de las voces flamencas más prometedoras de su generación.

Y Marina Reyes, de Lucena, ha sido la ganadora del Certamen de Jóvenes Flamencos de la Diputación 2025. Canta con una dulzura que recuerda a la escuela de Córdoba, pero con recursos de Levante y de Cádiz que ha aprendido en el circuito.

Otro nombre propio es el de Jesús Reyes, joven artista del circuito cordobés, también de Lucena, que se mueve entre peñas, Cordobán Flamenco y el circuito de noviembre. Lleva el aire de Córdoba a los pueblos y forma parte de la cantera de este arte. Y, cómo no, voces de proyección nacional e internacional como India Martínez (Córdoba) y María José Llergo (Pozoblanco). Cordobesas que no se dedican al cante en peñas pero que han puesto la raíz flamenca en el centro de sus enormes giras. India, con ‘Aguachile’, cruzando alma flamenca y música mexicana; Llergo, con ‘Ultrabelleza’, como símbolo de mestizaje flamenco con fórmulas vanguardistas y electrónicas. Las dos, desde el pop y la experimentación, alzan las palabras Córdoba y flamenco a los grandes escenarios, su presencia atrae público joven y ayuda a que esta provincia se vea también como semillero de flamenco híbrido.

Guitarra: rasgueos que atraviesan

Del toque flamenco emanan profundos acordes interpretados por virtuosas manos. Entre ellas, se puede comenzar por Vicente Amigo, aunque no oriundo de la tierra, sí criado aquí y es un artista que Córdoba lo siente suyo: en 2025 ha presentado ‘Andenes del tiempo’, disco instrumental de enorme finura, donde mezcla bulerías de pulso suave, tanguillos y piezas casi cinematográficas. Cada creación suya ennoblece la guitarra, el flamenco y Córdoba. Su nombre da lustre en general y, en particular, a iniciativas como el Certamen de Jóvenes Flamencos, que tiene un premio con su nombre. Innumerables galardones para este embajador de la guitarra flamenca de la Unesco.

Paco Peña es otro gran embajador a las cuerdas: cada actuación que ha regalado se convierte en un acontecimiento y los ecos de su guitarra clara, de compás evidente, que enseña a medio mundo, siguen vigentes. Ha sido jurado de jóvenes y como puente con el flamenco en Reino Unido. Junto al cantaor El Chaparro ha brillado en la Ópera de Sidney, el Madison Square Garden de Nueva York, el Barbican Center de Londres o la Ópera de París.

«No sólo de guitarra vive el arte jondo y lo demuestran dos nombres propios: el fagotista Niño Rubén y el violinista flamenco Paco Montalvo»

Rafael Rodríguez ‘Merengue de Córdoba’ es gran guitarrista clásico que empezó en el tablao Zoco y acumula más de seis décadas tocando y enseñando. Un auténtico maestro de generaciones. Su toque es limpio, de sonoridad antigua, ideal para el acompañamiento al cante y para la escuela. Sigue vinculado a actos y homenajes.

El profesor, compositor y tocaor José Antonio Rodríguez es el modelo de guitarrista integral que salió del conservatorio cordobés. Este 2025 lo ha llevado a festivales como ‘Flamenco On Fire’ y a seguir moviendo ‘McCadden Place’, un trabajo donde mezcla guitarra solista, orquesta y colaboraciones de artistas andaluces.

Paco Serrano resalta por su toque de escuela jerezana y cordobesa, muy limpio, con falsetas de corte clásico. Es catedrático en el Conservatorio Rafael Orozco y está muy implicado en los cursos internacionales. Este año sigue formando a la hornada que acompaña a las bailaoras.

Otro nombre propio, por partida doble, es el de Rafael Trenas. El padre, una institución; el hijo, muy solicitado en el circuito solidario y en las peñas del programa ‘Solera Flamenca’. Su guitarra tiene sonoridad moderna y dialoga bien con otros instrumentos.

Desde la Judería emerge Niño Seve, Premio de Guitarra en el 20º Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y con presencia constante en el conservatorio. En la actualidad, está también en el entorno del CNAF como referente. Su guitarra es de sonoridad cristalina, con conocimiento profundo del cante. Y otros nombres van desde Rafael de Córdoba, David Caro, Curro Cruz, Juanjo León o Ángel Mata. Son artistas en la línea del toque habitual del Cordobán Flamenco y de las peñas federadas: acompañan, se dejan oír y muestran que el nivel medio de guitarra en la provincia es muy alto.

Pero no solo de guitarra vive el flamenco; y hay dos nombres propios que lo demuestran. Uno es Rubén Jiménez, ‘Niño Rubén’, fagotista flamenco considerado revolucionario del instrumento. Ganador de la Lámpara Minera 2022, ha situado a Córdoba en el centro de una nueva estética sonora. Su propuesta combina compás flamenco, jazz y música de cámara, con un discurso que dignifica la fusión desde el respeto. En 2025 sigue girando con su espectáculo ‘FlamencoEñe’ y colaborando con artistas como Arcángel o Rosario La Tremendita. Innovador, elegante y profundamente cordobés, ha llevado el flamenco a auditorios sinfónicos.

Y lo mismo Paco Montalvo, violinista de proyección internacional, considerado el creador del concepto de violín flamenco solista. Montalvo fusiona técnica clásica y raíz jonda con una limpieza y virtuosismo excepcionales. En el último lustro ha girado con sus espectáculos ‘Alma del violín flamenco’ y ‘Leyenda del tiempo’, además de actuar en la Noche Blanca y en festivales internacionales. Su estilo combina lirismo melódico, claridad del compás y una puesta en escena que rezuma emoción, estética y perfección técnica.

Paco Montalvo, en una actuación en la Mezquita-Catedral.

Paco Montalvo, en una actuación en la Mezquita-Catedral. / CÓRDOBA

Baile: quiebros que embrujan

El bloque del baile y danza se abre con Olga Pericet, Premio Nacional de Danza 2018. Instaladísima en la primera línea internacional, 2025 la ha llevado por Jerez, Madrid o Francia con su línea de creación personal: un baile muy técnico, apoyado en la escuela cordobesa de brazos y caderas, pero atravesado por la dramaturgia contemporánea. Su presencia en jurados cordobeses legitima a la nueva generación.

Mercedes de Córdoba, Premio Nacional de Flamenco 2013, es una bailaora y coreógrafa en plena madurez. Tras una década de crecimiento, en 2025 se le ha visto de maestra invitada e intérprete en la Noche Blanca. Baile poderoso, rítmico, con raíz en Eva Yerbabuena, pero sello propio. Dirige escuela en la capital y es referencia femenina del baile cordobés actual.

Merece mención a su vez Yolanda Osuna, que ha llevado su espectáculo al ciclo Flamenco Real del Teatro Real y mantiene agenda estable en tablaos andaluces. Es un baile más clásico, limpio, con mucho dibujo de falda y braceo muy cordobés.

Y Lola Pérez, de La Carlota, bailaora y maestra, es una de las figuras femeninas más sólidas de la provincia. Su baile combina elegancia y fuerza, con técnica depurada de pies y una presencia escénica envolvente.

Otra gran bailaora, Blanca del Rey, de la escuela elegante de Córdoba, se fue a Madrid con 14 años y acabó dirigiendo el Corral de la Morería. En 2025 ha celebrado los 70 años del tablao. Su aportación coreográfica más conocida es ‘La soleá del mantón’.

Cristina Carrasco es otro nombre consolidado en 2025 como rostro habitual del Cordobán Flamenco gracias a su frescura, juventud y un baile de alegrías y bulerías con solvencia.

El Pele es un artista completo, que no falta en cualquier cita de referencia en la provincia.

El Pele es un artista completo, que no falta en cualquier cita de referencia en la provincia. / CÓRDOBA

E Inmaculada Aguilar (Premio Nacional de Flamenco en 1986), calificada como gran pedagoga del baile y la danza española. Su docencia a través de las aulas se ha transmitido a muchas bailaoras de la ciudad. Mantiene el nexo con la universidad y con el conservatorio. Sin olvidar a dos relevantes bailaores y coreógrafos locales, que han llevado el flamenco fuera de Córdoba, Benito García, a Japón, y Rubén Molina, a París, siendo este segundo director del Instituto Flamenco en la capital francesa y embajador habitual de este arte en el país vecino.

Peñas y tertulias flamencas

que exponer todo su arte jondo. Y ahí juegan un papel fundamental las peñas y tertulias flamencas. La Federación Provincial de Peñas Flamencas de Córdoba es la entidad que agrupa a las peñas de toda la provincia y articula actuaciones y otras iniciativas. Ahora organiza una treintena de recitales del Circuito Andaluz ‘Solera Flamenca’, llevando cante, guitarra y baile a 28 localidades. Es la espina dorsal de la afición.

Asimismo, en Córdoba sobresalen la Peña Flamenca Fosforito, que trabaja codo con codo con el Centro Flamenco del mismo nombre; la del Campo de la Verdad y El Rincón Flamenco.

Y, en la provincia, la Peña Cultural Flamenca Luis de Córdoba (Posadas); la Peña Flamenca Agustín Fernández (Pozoblanco), referente en Los Pedroches; y otros lugares del mapa peñístico como El Mirabrás (Fernán Núñez) o las peñas de Baena, Bujalance, Carcabuey, La Carlota, Villa del Río o Peñarroya-Pueblonuevo, que hacen accesible el flamenco en toda la geografía cordobesa. Una ‘democratización’ del arte jondo muy valiosa.

Tracking Pixel Contents