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Libro del flamenco

Lo flamenco en el periódico

Pocos rotativos como Diario Córdoba ha prestado más atención a esas artes y las ha puesto a la altura de las demás, lo que se refleja también en los premios cordobeses del año

Antonio Fernández ‘Fosforito’ recibe el premio Cordobés del Año 1984.

Antonio Fernández ‘Fosforito’ recibe el premio Cordobés del Año 1984. / CÓRDOBA

Juan M. Niza

Juan M. Niza

Córdoba

Diario CÓRDOBA ha prestado desde sus inicios un gran protagonismo al flamenco, tanto en sus páginas diarias como en los reconocimientos o publicaciones especiales que ha publicado.

La historia de la prensa refleja que no ha sido tan frecuente que los periódicos hayan dedicado tanta atención (o al menos un mínimo de sensibilidad) al flamenco y su entorno, a una manifestación cultural que, como Miguel Jiménez recuerda en esta misma obra, se le miraba «por encima del hombro» desde otras artes (y aún hoy ocurre) por estar ligada a una tradición oral, ágrafa, de grupos humanos y escenarios marginados lejanos a la correcta visión de la vida y cultura de las élites. Frente a ello, Córdoba y su prensa, en líneas muy generales, al menos no ha tratado tan mal al flamenco como en el resto de España, no ha sido tan ajena a este arte del pueblo y para el pueblo. Incluso antes de que Diario CÓRDOBA sacara su primer número, ¿es descabellado pensar que entre todo lo que hablaron Federico García Lorca con Vázquez Ocaña en aquella redacción del periódico ‘El Sur’, en Maese Luis 22, o en su paso por la actual taberna de Las Beatillas, se tratase de flamenco? A fin de cuentas, hacía poco que Lorca en Granada había impulsado el primer Concurso de Cante Jondo, que por cierto Córdoba haría suyo indisolublemente desde 1956, convirtiéndolo después en el actual Concurso Nacional de Arte Flamenco (CNAF). Hablamos del entorno de una Generación del 27 en la que por primera vez la cultura oficial y con mayúsculas miraba a los ojos al flamenco. Que ya era mucho. Por cierto, aquellos literatos tomaron el nombre de un tributo en Sevilla a Góngora que en 2027 sumará otra centena, a ser posible con Córdoba más protagonista que hace un siglo.

Diario Córdoba y el flamenco

Tras la Guerra Civil, a Diario CÓRDOBA le tocaría contar, como podía y le dejaban, aquel día a día de hambres y horrores en donde el flamenco se cantaba bajito, para no molestar a las autoridades, y menos con según qué letrillas, y en donde el quejío tenía un doble sentido.

Sin embargo, el flamenco nunca desapareció en la prensa cordobesa, aunque fuera citado a través de otros actos como homenajes o galas. Mucho menos a partir de 1956, año en que no hubiera permitido tal olvido el entonces alcalde Antonio Cruz Conde, futurista visionario del turismo y el ‘turisteo’ en Córdoba siete décadas antes del actual despendole en el casco histórico.

El Concurso de Fosforito

Y es que en 1956 el segundo Concurso de Cante Jondo (primero de Córdoba) marcó un antes y un después en la historia de este arte al arrasar en todas sus modalidades un tal Antonio Fernández, un chavalote de Puente Genil hijo de El Fósforo, que se impuso en todas las modalidades en un evento tan apoteósico que para muchos marca el año cero de una gira en la que Dios es flamenco y Fosforito su único profeta. Y que conste que, tras el tiempo, cada vez hay más creyentes en ello.

El caso es que, aunque solo fuera por el tirón del Concurso de Cante Jondo (Concurso Nacional de Arte Flamenco desde 1965) y gracias al nacimiento de una muy activa Federación de Peñas (1966) en la que el flamenco sigue siendo piedra angular, Diario CÓRDOBA nunca estuvo ajeno a este arte, así como a los éxitos que cosechaban sus artistas, sobre todo en el extranjero.

El flamenco se reivindica en la transición

La nueva etapa del periódico desde 1984 recogió este testigo al final de una Transición en la que social, política y culturalmente el flamenco, y ya intentando dejar atrás con ahínco la tacha de ser un fenómeno cultural marginal, se reivindicó como un elemento identitario del pueblo y particularmente de Andalucía, todo ello en un momento de cierta dicotomía de amor-odio hacia este arte, donde junto al ansia de fórmulas nuevas de expresiones culturales convivía el deseo de rescatar e integrar lo flamenco, aunque no siempre fuera de forma ortodoxa.

«Las críticas de Agustín Gómez en Diario CÓRDOBA fueron un ejemplo de la apuesta por las artes flamencas»

«Antonio Fernández ‘Fosforito’ fue elegido por votación popular Cordobés del Año en la edición de 1984 y 1985»

El llamado rock andaluz de la época quizá sea el mejor ejemplo de ello. Fueron tiempos en donde también el Ateneo Casablanca (1986), actual Ateneo de Córdoba, comenzó una labor documental y de difusión en vivo del flamenco, tanto desde lo popular como desde lo histórico y científico.

En todo caso, y volviendo a Diario CÓRDOBA, en esta época se dejó sentir la dirección del andalucista y periodista Antonio Ramos Espejo, experto en la obra de Lorca y particularmente buen conocedor de su fascinación por el flamenco.

De hecho, en esta época (y aún hoy en día), en el periódico se le otorgó al flamenco igual rango de importancia como elemento cultural que al resto de las artes, si no más, algo inédito en la prensa regional generalista.

La época de Agustín Gómez

Quizá el mejor ejemplo de esta apuesta del periódico por el flamenco fue la colaboración durante largo tiempo del crítico, investigador y escritor Agustín Gómez.

Con Agustín Gómez se cumplía aquella máxima del periodismo que dice: «un texto no es que deba entenderse perfectamente, sino que no haya manera de no entenderse». Y a Agustín se le entendía incluso en las más sutiles críticas en las que se precisaba escribir entre líneas. Y eso, además de inteligencia, era arte. Arte flamenco también. Quizá ese quinto premio que le falta cada tres años al Concurso Nacional de Arte Flamenco tras las categorías oficiales de cante, baile, toque e instrumentistas: el arte flamenco de «saber contarlo». A fin de cuentas, el intenso momento de una soleá y una alegría cordobesa, por muy bello que sea, no deja de ser efímero y dura lo que dura ese encogimiento del alma al escucharlo. Pero el recuerdo de un quejío en una crónica de Diario CÓRDOBA siempre ha aspirado a la eternidad.

Por supuesto, no le faltaron reconocimientos a Agustín Gómez, desde el Premio Nacional de Flamencología de la Cátedra de Jerez (1972), ni tributos en vida y aún posteriores, como el de dar su nombre a la Cátedra de Flamencología de la UCO. Y ni mucho menos el cariño y respeto que gozaba desde su Montilla natal hasta su muerte, en 2017, en esa tan difícil plaza como es Córdoba, que en cierta forma aún hoy responde al cruel dicho de ser una ciudad «que amamanta a sus hijos con vinagre y los entierra con vino».

En todo caso, la larga enfermedad que se llevó a Agustín Gómez también dejó un listón muy alto en materia de flamenco tanto a Diario CÓRDOBA como para los expertos colaboradores llamados a cubrir su labor en la prensa, lo que no hace más que hablar bien (muy bien) de firmas como la de Paco del Cid. Especialmente en unos tiempos en los que el periódico de los cordobeses mantiene alto el reconocimiento al flamenco en sus páginas de Cultura, Local y Provincia, tanto en las ediciones diarias como a través de especiales, pese a esa mayor diversificación de las artes contemporáneas que hace tan complejo informar y encontrar un lugar para cada una de ellas; y sin olvidar que, afortunadamente, los eventos flamencos se han multiplicado en la agenda diaria en los últimos años.

Flamencos ‘del año’

De esta alma flamenca de Diario CÓRDOBA, y de su voluntad de recoger el sentir popular de sus lectores, quizá el mejor ejemplo sean los premios Cordobeses del Año desde aquella primera edición de 1984, y tanto en las convocatorias en las que el galardón se otorgaba por votación popular directa como por un jurado o con una fórmula mixta.

Hay que decir que los primeros premios no solo reconocieron a personalidades que habían destacado en Córdoba en los doce meses anteriores, sino que tuvieron un cierto espíritu de querer saldar una deuda que en ocasiones se remontaba a décadas atrás. Era el caso de Antonio Gala en las letras, mientras que en el flamenco no podía ser otro que Antonio Fernández ‘Fosforito’, no solamente consagrado desde 1956, sino que en aquel 1984, con 53 años, estaba en plenitud tras haberse ganado al público, a la crítica y a las discográficas, y plenamente demostrado su saber enciclopédico de las artes flamencas.

La coreógrafa y bailaora Blanca del Rey recibió el Cordobés del Año en 2001.

La coreógrafa y bailaora Blanca del Rey recibió el Cordobés del Año en 2001. / CÓRDOBA

De hecho, Fosforito es una de las escasas personas o instituciones que tiene dos premios Cordobeses del Año, después de que a renglón seguido de su primer galardón recibiera otro en la edición de 1985, concedido por votación directa del público, lo que viene a demostrar cómo una vez más el pueblo tiene interiorizado el valor de un arte que, lamentablemente, no goza de tanto predicamento en otras esferas.

Las normas en los premios que otorga Diario CÓRDOBA cambiarían para los galardones de 1986 y desde entonces se limitó que una personalidad o institución pudiera repetir en tal reconocimiento, sin que ello implique que no se lo merezca. De hecho, cabe preguntarse cuántas veces más hubiera sido Antonio Fernández ‘Fosforito’ Cordobés del Año.

En los premios de la edición de 1990 Manuel Moreno Maya ‘El Pele’ obtuvo otro de los reconocimientos. También consagrado años atrás, desde que en 1983 obtuviera dos de los premios de cante del Concurso Nacional de Arte Flamenco. Además, en 1990 su voz y profesionalidad habían quedado patente a todos los niveles, llegando a ser el más singular telonero que tuvo David Bowie en su carrera en los macroconciertos de su gira española. Y eso que El Pele, aún tenía con 36 años (y aún hoy) muy buena parte de su trayectoria por delante.

Un caso muy similar fue en la edición de 1991 otro jovencísimo artista flamenco ya consagrado a sus 24 años: Vicente Amigo. El guitarrista venía de ganar en 1989 en el Concurso Nacional de Arte Flamenco en la modalidad de guitarra de concierto y en los últimos meses había recibido el Premio de la Música, ya había compartido escenario con Bob Dylan o B.B. King y publicaba ‘De mi corazón al aire’.

El Pele y Vicente Amigo

Sin duda, El Pele y Vicente Amigo son dos de los casos de reconocidos cordobeses a los que se les dio muy merecidamente el premio Cordobés del Año cuando tocaba, aunque esa regla que impide repetir galardón, tan justa, pero sin llegar a ser perfecta, les hubiera permitido sin duda ganar otros tantos reconocimientos a lo largo de una larga y prolífica carrera.

Y hay más casos. Con 26 años, y en la edición de los Cordobeses del Año 1995, uno de los seis premiados fue el bailaor Joaquín Cortés. En aquel año Cortés estrenaba su segundo espectáculo, ‘Pasión Gitana’, con la propia compañía que fundase en 1992, que con vestuario de Giorgio Armani, paseó por Estados Unidos, Iberoamérica, Australia o Canadá.

Ese abrumador peso de las carreras de El Pele, Vicente Amigo y Joaquín Cortés en los años 90, que quizá como único aspecto negativo estaba el eclipsar a tantas figuras cordobesas del flamenco, se tuvo que esperar a 2001 a que llegara un nuevo reconocimiento para este arte, con un carácter también implícito de reconocimiento a una trayectoria sin parangón y que inició ganando concursos a los seis años, todo ello en la persona de Blanca Ávila Molina ‘Blanca del Rey’. Artista profesional desde los 12 años y triunfando ya en Madrid a los 14, en 1963 aprovechó su retirada temporal mientras sacaba adelante a sus pequeños para estudiar la evolución del baile e interiorizar la danza, con la que encabezaría una nueva etapa del flamenco con hitos como la soleá del mantón, sus alegrías de Córdoba, la caña o su personalísima guajira. En aquel comienzo de siglo, era el momento de cosechar premios sembrados a lo largo de toda una vida profesional, comenzando por este Cordobés del Año 2001.

«El Pele y Vicente Amigo son algunos de los Cordobeses del Año premiados al principio de sus carreras artísticas»

«El Festival de la Guitarra y la Cátedra de Flamencología han sido reconocidas con el Cordobés del Año también»

Los años posteriores, en las ediciones de 2002 y 2003, si no hubo estrictamente un Córdobés del Año al flamenco, sí que implícitamente se reconocía lo mucho que este arte tiene de influencia en otras músicas. Fue el caso de 2003 para el cantante, compositor y productor Manuel Ruiz ‘El Queco’, con unas innegables raíces que ya le había permitido crear obras para Raimundo Amador, Pastora Soler, Remedios Amaya o Niña Pastori.

En 2003, Queco volvía con su trabajo ‘Tengo’ tras verse encumbrado como productor con ese ‘tsunami’ musical de siete millones y medio de discos vendidos en todo el mundo que fue el tema ‘Aserejé’, de Las Ketchup, que le mereció en una edición anterior el Cordobés del Año 2002 a las hermanas Pilar, Lola y Lucía. Por cierto, cantantes pertenecientes a una reconocida saga flamenca comenzando por su padre, Juan Muñoz Expósito ‘El Tomate’, fallecido este año 2025 y profesor en su día de Vicente Amigo o Manuel Silveria.

Festival de la Guitarra

También en su 25º aniversario, una institución de corazón flamenco, pero que no tiene reparos en codearse con otras músicas, recibió el premio Cordobés del Año. Fue el Festival de la Guitarra. En el galardón se reconocía toda su historia desde la fundación por Paco Peña, el esfuerzo organizativo del equipo del IMAE y a todos los artistas flamencos, profesores en los cursos, músicos de todas las tendencias de los conciertos y a los propios asistentes a los eventos de un ciclo que en este 2025 ha vivido su 44ª edición.

Ligado a este premio del Festival de la Guitarra como profesores, y tras unos doce meses de reconocimientos en Córdoba y en el resto del mundo, uno de los Cordobeses del Año 2006 fue para Concha Calero y Merengue de Córdoba, tras una carrera de compartir escenario con las principales figuras del flamenco y volcarse después en la formación.

Quizá menos purista pero referente de ese arte en la frontera del flamenco y en la llamada fusión de estilos, y que mueve millones de seguidores, está India Martínez, que también recibió el Cordobés del Año 2012 tras confirmarse su fulgurante trayectoria con su tercer disco, ‘Trece verdades’, y el tema «Vencer el amor», que sería disco de oro, y ya contando con dos nominaciones a los Grammy latinos. Desde entonces, India Martínez ya atesora diez trabajos en estudio, un Goya a la mejor canción original (2015) y en 2017 se le concedió la Medalla de Andalucía.

Precisamente, por la consolidación de su carrera en 2017 gracias al violín flamenco y el éxito de su segundo disco, ‘Corazón flamenco’, Paco Montalvo recibía el Cordobés del Año, convirtiéndose en el primer instrumentista flamenco en obtener este reconocimiento de Córdoba en esa categoría ya plenamente consolidada (por ejemplo, en el Concurso Nacional de Arte Flamenco) junto al cante, el toque y el baile.

Vicente Amigo con el galardón que lo acredita como Cordobés del Año 1991.

Vicente Amigo con el galardón que lo acredita como Cordobés del Año 1991. / CÓRDOBA

Volviendo al purismo y en una gala en la que los premiados subieron con mascarillas por la pandemia, un caso similar al de India Martínez de reconocimiento al principio de su carrera fue el de la pozoalbense María José Llergo, Cordobés del Año 2020, antes de su Goya a la mejor canción original (2022) o el premio de la Academia de Música 2024.

En los Cordobeses del Año 2021 fue una institución la que encarnó ese reconocimiento de Córdoba al flamenco: la Cátedra de Flamencología Agustín Gómez de la UCO, fundada por el crítico, escritor y flamencólogo en 1996, siendo la tercera de Andalucía después de la de Jerez (1958) y Granada (1987), la única ligada directamente a una universidad y dirigida desde 2020 por David Pino.

La lista de premios al flamenco en los Cordobeses del Año la cierra, por ahora, la edición de 2022, con la creadora internacional, bailaora y coreógrafa Olga Pericet, renovadora de la danza flamenca que ya había recibido por entonces el premio Max de coreografía (2009) y el Premio Nacional de Danza 2018. Todo ello en una edición en la que implícitamente el flamenco fue también premiado con el Cordobés del Año a la Federación de Peñas Cordobesas en el centenario del movimiento peñístico, al tratarse de una de las instituciones populares que más se ha distinguido por arropar estas artes.

Flamenco en todas las artes

Aunque bien mirado habría que decir que más directa o indirectamente, desde el Cordobés del Año de 1984 para Antonio Gala hasta el último de los reconocidos en los capítulos de artes, literatura y espectáculos, en lo que habría que incluir incluso al mundo del caballo con el espectáculo de Córdoba Ecuestre y hasta la gastronomía de Paco Morales, último premiado en 2024, poquísimos galardonados en artes y espectáculos han sido totalmente ajenos a esas raíces culturales tradicionales en las que lo flamenco está siempre presente.

Pongamos otro ejemplo reciente: Juana Martín, Cordobés del Año 2023, que perfectamente podría reivindicar tras el cante, el baile, el toque y los instrumentistas, las cuatro manifestaciones que reconoce el CNAF, un quinto nuevo arte flamenco: el de la moda, en torno al único traje regional, el de flamenca, que evoluciona año tras año. Ya ven que el flamenco, y nunca mejor dicho, «lo viste todo» en una Córdoba en donde su periódico así lo cuenta día a día.

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