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Entrevista | David Pino Director de la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba

David Pino: «Somos conscientes del peso de la tradición»

Entre docencia, arte y divulgación, el director de la Cátedra de Flamencología reivindica más apoyo institucional y una mayor conexión con el público

David Pino afirma que Córdoba puede presumir como pocas de mantener una programación constante, prácticamente todo el año, y de contar con figuras de primer nivel.

David Pino afirma que Córdoba puede presumir como pocas de mantener una programación constante, prácticamente todo el año, y de contar con figuras de primer nivel. / CÓRDOBA

Córdoba

-Usted fue nombrado director de la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba solo seis meses antes del confinamiento por el covid. Me imagino que no fue el comienzo que esperaba.

Menudo panorama, que nos cogió a todos con el paso cambiado. Cuando aún quedaban casi dos meses de actividades por celebrar y en el frenesí de mi primer año, en el que percibía que todo iba sobre ruedas, de repente, la realidad nos arrebató la culminación de una temporada emocionante y llena de sensaciones. De hecho, en la siguiente edición programamos todo lo que quedó pendiente, pero lógicamente, en unas condiciones inéditas, poco o nada amables. Siempre recordaré imágenes vividas impartiendo clase, como mi amigo José Tomás, con una mascarilla puesta acompañándome a la guitarra, mientras cantaba y hablaba a una cámara, sin público. Pero de repente entendí que internet nos brindaba la oportunidad de conectarnos con el mundo.

-Usted fue alumno de esta cátedra. ¿Haber sido alumno le ha ayudado a la hora de plantear la forma de trabajar?

Y tanto que me ha ayudado. Los certificados que obtuve como matriculado en la cátedra me permitieron acceder a mi puesto de trabajo como cantaor en el Conservatorio Superior. Por tanto, no llegué a un lugar desconocido para mí. Sabía a lo que me enfrentaba y el nivel de responsabilidad es máximo, por el respeto que siempre he profesado, tanto a la propia institución como a mis antecesores. Cuando recibí la llamada por parte de Juan Antonio Caballero para ofrecerme el cargo, fueron días de emociones encontradas. De un lado, sensación de vértigo y miedo, por temor a no estar a la altura de lo que ambos construyeron. Por otro, alegría desbordante ante la oportunidad que se me ofrecía de ocupar un espacio en el que poder desarrollar un proyecto ilusionante en torno a aquello que desde la niñez fue y continúa siendo mi pasión y vida: el flamenco.

-¿Qué balance hace de estos seis años?

En este sentido, no me queda otra que someterme al dictamen de quienes participan como espectadores y que me han acompañado en esta apasionante aventura desde sus asientos o a través de la pantalla durante este tiempo y que sean quienes opinen.

-¿Sigue manteniendo la ilusión de los comienzos?

Cada día es un reto, lo que significa que bajar la guardia no es una opción, y esto sólo se puede conseguir desde la afición, el afán de superación y, sobre todo, amor y respeto hacia el flamenco. El contacto directo con mis compañeros artistas o investigadores que acuden a nuestra llamada, los preparativos propios de cada actividad o el antes, durante y después de cada sesión, me aportan el estímulo suficiente. De hecho, en el curso 2026/27 cumpliremos nuestro 30 aniversario y ya estamos desarrollando ideas para su conmemoración.

-¿Y qué tal la relación con la Universidad?

Nuestras enseñanzas se enmarcan dentro del vicerrectorado de Formación Permanente, Empleabilidad y Emprendimiento de la UCO. Su responsable, Antonio Arenas, a quien estoy enormemente agradecido por su implicación y atención a nuestras necesidades, asume su compromiso en la cátedra con absoluta entrega. Por ejemplo, gracias a su iniciativa fueron creados los Premios Córdoba de Arte Flamenco, que con el patrocinio de Caja Rural del Sur concedemos cada año. También tengo sólo palabras de agradecimiento para su antecesor en el cargo, Juan Antonio Caballero, a quien le tocó mostrarme los entresijos propios del cargo a mi llegada. Además, me gustaría poner de relieve que jamás he recibido directrices impositivas por parte de ninguna instancia universitaria. Tengo la enorme suerte de gozar de la confianza del actual rector, Manuel Torralbo. Me siento bendecido, valorado, respaldado y, sobre todo, agradecido.

-Quizá es un prejuicio mío, pero tengo la impresión de que la vertiente académica del flamenco aún no goza de la relevancia que debiera. ¿Lo ve así?

Hemos avanzado dando pasos tímidamente, pero con firmeza. Actualmente, el flamenco está inmerso en los conservatorios y, quien así lo desee, puede obtener un grado en Cante, Guitarra o Baile y continuar los estudios de postgrado en cualquiera de los máster de flamenco creados, para culminar con la tesis doctoral, si bien a día de hoy, aún no existe un programa específico de doctorado en flamenco. Fíjese que en el centro donde trabajo, la especialidad de Flamenco integrada con los itinerarios de Cante Flamenco, Guitarra Flamenca y Flamencología, es la que mayor número de matrículas aglutina. También le digo que nada de esto ha sido fácil. Afortunadamente, ahora estamos en un tiempo diferente.

-Usted es catedrático de Cante Flamenco en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba y cantaor. ¿Se aplica sus propias enseñanzas?

Claro que sí. Permanentemente estoy cuestionándome, analizando qué material debe ser transmitido al alumnado y de qué modo y poniendo a su servicio aprendizajes y lugares transitados prácticamente sin ayuda de nadie. Creo que pertenezco a una de las últimas generaciones de artistas -no sé si la última- que hemos aprendido cuando aún no estaba extendida la idea del aprendizaje del cante en las academias y, por supuesto, conservatorios. Nada de ello tiene que suponer una amenaza para la salvaguarda de la esencia y el espíritu libre y genuino del flamenco. En mi caso particular, la mayor satisfacción como docente siempre será que cualquier cante que pueda entregar a un alumno o alumna que verdaderamente se lo tome en serio y tenga vocación, suene con mayor enjundia en su voz que en la mía propia.

-¿Ser de Puente Genil, que es una de las cunas del flamenco en la provincia, imprime carácter a la hora de cantar y de enseñar?

De algún modo, sí que nos puede condicionar a la hora de dar mayor visibilidad a un determinado repertorio, tanto en la docencia como en la interpretación. En mi caso y como cantaor, es cierto que no me ha preocupado especialmente promulgar o seguir ningún tipo de estética que pueda ser asociada al propio terruño. Dicho lo cual, sí que somos conscientes del peso de la tradición que atesoramos y, particularmente, me siento muy afortunado por haber convivido con figuras como Fosforito o Pedro Lavado, que han sido determinantes en mi desarrollo como cantaor y aficionado.

-Desde su experiencia y conocimiento, ¿goza el flamenco de buena salud en Córdoba?

Nuestra ciudad puede presumir como pocas de mantener una programación constante. De hecho, es una observación que suelen hacer muchos de los invitados de la Cátedra. Ayuntamiento, Diputación y Universidad y entidades privadas ponen al alcance del público una oferta rica y variada, seguro que mejorable, pero siempre será mejor que hacer poco o nada. A nivel artístico, Córdoba es tierra de flamenco y siempre ha destacado por tener a figuras de la mayor altura en todas las disciplinas. Tenemos un plantel de artistas de extraordinaria calidad que, dicho sea de paso, creo que no ocupan el espacio de mayor representatividad en el panorama flamenco que les corresponde, que transcienda al ámbito local. Pienso en Churumbaque, Bernardo Miranda, Sara Dénez, Eva de Dios, José y Rafa del Calli, Gabriel Expósito, Currito, Rafael Montilla, Daniel Navarro o Ángel Reyes, por citar sólo algunos. Otra cosa es la afición y aquí sí creo que no atravesamos por el mejor momento. En muchas de las programaciones encontramos que la asistencia de público es bastante deficitaria, a veces de manera alarmante. Ojalá esta tendencia sea revertida en un futuro no lejano.

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