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Libro del flamenco

Los caminos que llevan al flamenco

En Córdoba, todas las direcciones llevan a este arte y existen varias rutas en los barrios de la capital, en sus municipios y aldeas que marcan la importancia de este pilar cultural

Una actuación del Festival de Cante Grande de Puente Genil.

Una actuación del Festival de Cante Grande de Puente Genil. / CÓRDOBA

Carlos Gómez

Córdoba

En Córdoba se esconde un duende. Un duende que nadie puede ver, solo sentir. Envía señales que demuestran su existencia, que andan mimetizadas con la ciudad y su provincia y son cuerpo y alma de ella. Da igual el origen -Bujalance, Cabra, Lucena o la misma capital-. No importa la dirección. Lo realmente relevante son las insignias que manda y lo que la gente percibe. Un rasgueo de guitarra, un quejío profundo, un taconeo al compás. No hay que buscarle sentido, pues carece de él. No hay que seguir su camino, pues todas las rutas llevan al mismo destino: al flamenco.

«El duende se trabaja tocando; no solo consiste en ponerse alegre, como algunos piensan. El duende también se curte», explica Rafael Trenas, guitarrista cordobés. Y, como tanto se trabaja, Córdoba también celebra el flamenco como solo él merece. Cuna de grandes artistas, como Luis de Córdoba, Juan Serrano o La Tomata, la provincia organiza eventos para vivir, rescatar, extender y reivindicar este arte, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco hace ya quince años.

Ejemplo de ello es el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. Antonio Fernández ‘Fosforito’, Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar han sido algunos de los artistas que han subido al escenario del Gran Teatro. La Noche Blanca del Flamenco, aquella en la que Córdoba convive con el cante jondo en sus distintos palos. El Festival de la Guitarra, de carácter internacional, que rinde homenaje a todos los tipos de este instrumento. O el Festival de Cante Grande Fosforito, de Puente Genil, que encamina ya su edición número sesenta.

Y es que, como no puede ser de otra forma, la fuerza del ‘quejío’ traspasa las fronteras de la capital. Incluso, a veces, dibuja unas rutas por toda la provincia con las que poder empaparse y saborear lo que significa este arte para los cordobeses. Unas rutas de trayecto libre, como su propia naturaleza, pero con destino claro: la historia y la tradición flamenca.

Entre pajarona y seguiriya

Las siete torres se alzan sobre el castillo y un compás palmero copa el ambiente de la Plaza Mayor. Se escucha de fondo una pajarona, cante autóctono de Bujalance, y el soniquete pasa por la Iglesia de la Asunción y llega al Teatro Español, albergue de actuaciones flamencas en el pueblo. La pajarona es un estilo propio que se realiza por uno y le contesta el otro compañero distante que lleva otra yunta.

Bujalance fue una parte del trayecto de Cayetano Muriel (1870-1947), ‘El niño de Cabra’, en cuyo honor se celebra la ‘Ruta del Cayetano’, una ruta que describe, precisamente, el camino que recorrió este artista egabrense tan influyente en la época. El compás sigue el curso del río Genil y llega casi a la frontera con Sevilla, al pueblo que lleva su nombre. Esta situación entre ambas provincias hace de Puente Genil un lugar clave para los artistas. Hasta la localidad llegan los aires de la sierra de Ronda, que transforma la rondeña en zángano, término con el que se conoce a dos vertientes musicales distintas: la bailada y cantada; y la folclórica, nacidas en el barrio alto de la localidad.

«El compás sigue el curso del río Genil y llega casi a la frontera con Sevilla, al pueblo que lleva su nombre»

«En Lucena se pueden oír tres tipos diferentes de fandangos propios. Dolores de la Huerta es la madre de dos de ellos»

Baja el río este zángano, recorre la ciudad y visita la Iglesia de Jesús Nazareno; allí la saeta duerme esperando la llegada de una nueva Cuaresma. Se adentra en la peña flamenca, en cuya puerta hay un azulejo en memoria de Fosforito, con la letra de un fandango local que él mismo grabó con la guitarra de Paco de Lucía. Allí, una voz rasgada canta una serrana, típica en este y otros pueblos.

Compás en Lucena y Cabra

Siguiendo su recorrido, el compás llega a Lucena, el pueblo con mayor trascendencia cantaora de la comarca. Aquí, entre las callejuelas y fachadas encaladas del barrio de Santiago, se pueden oír, al menos, tres tipos diferentes de fandangos propios. Dolores de la Huerta es la madre de, al menos, dos de ellos, mientras que a Rafael Rivas se le otorga el estilo llamado «de la calle Rute». Tras pasar por la iglesia del Carmen y subir a la sierra para visitar a la Virgen de Araceli, marcha dejando el mismo soniquete tras de sí.

Y para en Cabra, ciudad natal del protagonista de esta ruta, Cayetano Muriel, cuya casa de la infancia permanece intacta con un azulejo que conmemora su nombre. Cabra es célula base del tesoro abandolado cordobés gracias a esta mítica figura. Los cantes abandolados, protagonistas de la ruta del Cayetano, aún se escuchan en los adentros del barrio del Cerro o la Plaza Vieja.

Abandolados

Estos tipos de cantes surgieron cuando los verdiales comenzaron a perder su carácter bailable y el acompañamiento de una banda de música. Su interpretación suele estar realizada por un único cantaor y tienen un ritmo más lento, acompañado por una guitarra y, en algunos casos, a las castañuelas. Este término es bastante reciente, ya que se usa en el flamenco desde hace unos 50 años. Recibe su nombre por el instrumento con el que se acompañaban los cantes, la bandola. Dicho ritmo, acto seguido, marcha a la capital para terminar su recorrido. La ciudad de Córdoba ha sido refugio histórico de los más grandes cantaores de la historia. Primero va a la Plaza del Potro y observa hacia los cuatro puntos cardinales, cada uno de ellos respira flamenco. Se pasea por la Judería y percibe que la música impregna los rincones y cada calle cuenta un secreto. Y desemboca en Las Tendillas, que suenan a seguiriyas de Juan Serrano cada vez que el minutero marca las doce. El soniquete y el compás, que comenzó como pajarona en Bujalance, se transformó en serrana y zángano en Puente Genil, en fandango de la calle Rute en Lucena, en abandolado en Cabra o en seguiriyas en Córdoba. Terminó así su ruta, la ruta del Cayetano, emulando al gran Niño de Cabra y una vida recorrida por el flamenco.

Actuación de Paqui Corpas y Rafael Trenas.

Actuación de Paqui Corpas y Rafael Trenas. / CÓRDOBA

El flamenco en las tabernas

En la Judería vieja de Córdoba, entre muros encalados y sombras, se abre la puerta discreta de las Bodegas Guzmán. La madera bruñida de la barra y los azulejos que conservan la humedad de los años crean un silencio denso, únicamente interrumpido por la guitarra de Manolo Flores y las voces de Rafael Mesa ‘El Guerra’ y Antonio Plantón ‘Güeñi’.

Los romerillos

Junto a la Torre de la Calahorra, al otro lado del río, se alza la taberna Los Romerillos. Su fachada sencilla y azulejos sevillanos anuncian recuerdos cotidianos. Es un refugio de vecinos y paseantes que huyen del bullicio del centro histórico, pero también de amantes del flamenco, que acuden a escuchar a Romerín y Juan Antonio Camino con la guitarra de Antonio Migueles.

La taberna y la bodega han sido, históricamente, fuente permanente de flamenco. El ambiente, la concentración de arte o el estado de ánimo que producen esos lugares los hacen idóneos para sacar una guitarra y darle paso a la voz. Estos momentos mágicos son los que se conmemoran en la ruta de las tabernas de Córdoba, un ciclo de actuaciones en tabernas, bodegas y bares emblemáticos de la capital que se celebra, generalmente, entre los meses de enero y abril, y dónde el flamenco se aúna a la maravillosa gastronomía de esta tierra.

«Recuerdo de niño que, en las tabernas, el flamenco se transmitía de viva voz, pues eran centros de divulgación donde se reunían cantadores, guitarristas y aficionados», confiesa Manuel Baena, presidente de la Asociación de Artistas Flamencos de Córdoba, entidad organizadora de esta ruta, que ha cumplido 20 años con la edición de 2025, patrocinada por Cruzcampo. «Hoy ya no es tan normal que se escuche flamenco en las tabernas. Por eso, con el evento, se quiso dar continuidad a esta tradición que había en Córdoba», continúa.

Mientras tanto, en la Taberna San Cristóbal, El Jaro y Miguel del Pino, con acompañamiento de Juan Marín, deleitan a un público que degusta los platos tradicionales de este lugar de alma taurina. «Hasta la pandemia eran doce o trece actos, pero después se ha reducido un poquito y ahora mismo estamos en siete», confirma Manuel.

El cantaor José Mercé, en una abarrotada plaza de las Tendillas, durante una edición de la Noche Blanca del Flamenco.

El cantaor José Mercé, en una abarrotada plaza de las Tendillas, durante una edición de la Noche Blanca del Flamenco. / CÓRDOBA

O el Mesón San Basilio, en el barrio que lleva su nombre. El Alcázar Viejo es testigo de grandes veladas de flamenco que allí se celebran gracias a esta ruta, como la que la pasada primavera ofrecieron Moisés Vargas y Pepi Mantas, junto a la guitarra del Niño Seve. Así como Mariano Romero y María José Abad, con el toque de Rafael Trenas hijo. Maravillaron al público del Jardín del Delirio, susurrando de cerca a la Mezquita.

Allí mismo, en las bodegas que llevan su nombre, el cante de El Chaparro y Verónica Moyano, con Miguel Aguilera a la cuerda, hicieron que las Bodegas Mezquita fueran testigos de un flamenco cautivador.

Especialmente destaca, dentro de este ciclo, la exaltación a la saeta que se lleva a cabo en los salones que el Círculo de la Amistad guarda en la calle Alfonso XIII, el corazón de la ciudad. Esta cita, ya adentrada en Cuaresma, contó con la participación de María del Mar Martos y Bernardo Miranda. «Los aficionados y clientes demandan todos los años este evento. Hay sitios en los que no se puede ni entrar», resalta el presidente.

La asociación de artistas también organiza unos ciclos flamencos, los sábados de julio y agosto, en la Posada del Potro. Son ocho actos repartidos entre baile, cante y guitarra, que llevan cinco años celebrándose tras su propuesta a la Delegación de Cultura del Ayuntamiento. En la opinión de Manuel, están siendo un éxito, y la gente acude horas antes de cada inicio para coger asiento. «Es un placer ver como estos sitios se llenan de respeto y agradecimiento», concluye.

«El flamenco es capaz de revivir noches de antaño en las tabernas cordobesas. Aquellas, con un buen vino y un rico plato en la mesa»

Así, el flamenco es capaz de revivir noches de antaño en las tabernas cordobesas. Aquellas, con buen vino y un rico plato en la mesa, eran cuna de la improvisación, del sentimiento inesperado y del duende en su máximo esplendor. La vida ha cambiado, pero festejos como este vuelven a convertir a la taberna o la bodega en eso que siempre fue: un lugar donde el tiempo se detiene.

Las peñas, donde nace el arte

La peña es el soporte de la afición. Es el lugar donde muchos artistas se han criado. La peña es un colegio donde tradicionalmente se ha aprendido y se ha difundido el arte del flamenco. «Hoy en día las peñas están pasando por muchas dificultades, sobre todo, porque no hay renovación generacional, la mayoría de socios suelen ser mayores», lamenta Manuel Baena.

En la misma línea se posiciona José Gregorio, presidente de la Federación de Peñas Flamencas de Córdoba: «Lo importante es que las peñas tengan actividades e intentar llamar a gente joven».

Mucho cante en España

«En España cantamos mucho. Mejor o peor, pero casi todo el mundo canta. Y es por eso por lo que sale el artista de la calle». Gregorio Ruiz ‘Chocolate’, cantaor, atribuye a la peña flamenca mucha importancia en la formación del artista. «Por ese motivo, la peña es el origen del artista, porque es donde se canta sin miedo ni tapujos», recalca.

El cantaor, original de Moriles, también dirige la mirada hacia la educación de la nueva generación. «Ya no se hacen los antiguos cantos que se hacían antes tan ortodoxos, pero el flamenco puro y duro, de donde se mama, eso no cambia», opina, haciendo referencia a que hay que innovar sin olvidar las raíces. Él mismo, en su espectáculo, ya introduce flauta travesera, piano o saxofón.

Promoción

Para eso justamente se celebra el circuito andaluz de peñas Solera Flamenca. Este conjunto de actos está incluido en la marca Andalucía-Flamenco, del Instituto Andaluz del Flamenco, y se llevan a cabo entre el 2 y el 30 de noviembre. La presente edición cuenta con 32 actuaciones en 28 peñas flamencas de la provincia y en la Cátedra de Flamencología de Córdoba. Más de 60 artistas se subirán a las tablas en esta ruta. José Gregorio, presidente de la Federación de Peñas, determina que este tipo de eventos se llevan a cabo, principalmente, para favorecer a las mismas peñas, que cuentan con pocos recursos. «A través de la Diputación, a través del Instituto y de la Federación se le intenta dar movimiento, que tengan actividad», destaca.

Niño Seve y Rafa del Calli, dos de los grandes artistas flamencos cordobeses de la actualidad.

Niño Seve y Rafa del Calli, dos de los grandes artistas flamencos cordobeses de la actualidad. / CÓRDOBA

La Asociación de Artistas Flamencos de Córdoba, esta vez con la colaboración de la Fundación Cajasur, también elabora ciclos de actuaciones para beneficiar a las peñas flamencas: ‘Empéñate’ en el Flamenco. «Queríamos devolverles todo lo que han hecho por los artistas», subraya Baena, presidente de la asociación.

Se podría decir que, en este caso, con las peñas flamencas se cumple aquello de que «uno recibe lo que da». Por eso, entre otras cosas, estos circuitos no se desarrollan en jardines, teatros ni grandes espacios: «hay que llevarlo a la esencia del flamenco, para que esta no se acabe», declara. «Si no hubiera peñas, el flamenco se perdería o se quedaban cuatro gatos», incide Rafael Trenas. «De allí sale el artista. Es bueno que vayan al conservatorio, estudien, se preparen y sepan música, pero lo teórico no es para el flamenco, el flamenco es salvaje. El pellizco, el duende… Eso, aunque se trabaje, no se escribe», sentencia el guitarrista.

El cante jondo en el pueblo

En la peña flamenca La Soleá, de Palma del Río; en la peña Fuente del Rey, de Priego de Córdoba, o en la de Doña Mencía. En La Albuhera, de Espejo, en la cultural flamenca aguilarense, o en El Lucero, de Montilla. En la Plaza Real de Fuente Palmera, en la Plaza de la Constitución de Adamuz, en la del Algarrobo de La Carlota. Así como en el barrio del Huerto Francés, de Cañete de las Torres, o en el Castillo-Alcazaba de Bujalance.

En los pueblos también se siente el flamenco. En los pueblos también se escucha a Curro Díaz, Rafael Trenas o Rocío de Dios. Y gracias al circuito provincial ‘Flamenco en nuestros pueblos’, allí también se vive este arte. Como su propio nombre indica, se trata de circuitos locales que recorren peñas y plazas de 25-30 municipios cordobeses por edición. Esta es una iniciativa de la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Córdoba y de la Diputación de Córdoba, cuyo objetivo no es otro que acercar el arte flamenco a diversos municipios de la provincia, y viceversa: hacer que artistas menos conocidos lleguen a todos los rincones. Este año se ha celebrado la 13ª edición.

Circuitos locales

A diferencia del circuito andaluz de peñas, ‘Solera Flamenca, que es de ámbito autonómico y lo organiza el Instituto Andaluz del Flamenco, en colaboración con las federaciones de peñas provinciales, ‘Flamenco por nuestros pueblos’ es una iniciativa de ámbito provincial, organizada por la Diputación y la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Córdoba. «Queremos llevar el flamenco a todos los pueblos por pequeños que sean», reivindica José Gregorio, presidente de la Federación Provincial. «Y, además, potenciarlo como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad».

El significado

Después de todo, se puede vislumbrar lo que significa el flamenco para Córdoba. «Decir Córdoba’ es decir ‘Flamenco’ y decir ‘Flamenco’ es decir ‘Córdoba’. Como ya le dije una vez a este diario, Córdoba es una madre que pare guitarristas y cantaores», recuerda Rafael Trenas. «El flamenco para Córdoba es historia, es cultura, es vida. Pero, lo más bonito no es eso, es que también significa amistad», finaliza Gregorio ‘El Chocolate’. No obstante, no es cuestión de buscarle sentido, pues todas las rutas llevan hacia él.

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