Entrevista | César Orrico Escultor

"Lo difícil era representar a Antonio Gala vivo, que tú veas la escultura y parezca que se va a mover"

César Orrico es escultor y fue becario de la Fundación Antonio Gala en la promoción 2008-2009. Su obra reflexiona sobre la idea circular del tiempo para lo cual rescata arquetipos del pasado y los trae al presente resignificándolos

Centrado en la representación del ser humano, es el autor de la escultura homenaje a Antonio Gala inaugurada este miércoles en el Bulevar Gran Capitán de Córdoba

El escultor César Orrico  y la escultura de Antonio Gala.

Diario CÓRDOBA

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

-¿Cómo le llegó el encargo de la escultura de Antonio Gala y qué instrucciones te dieron?

-Se puso en contacto conmigo la fundación a través de José María Gala y me comentaron que el Ayuntamiento de Córdoba quería hacer un homenaje a Antonio Gala en forma de escultura y que la hiciera uno de los becarios. Ellos habían pensado en mí y yo claro está, dije que sí después de salir del shock. Era algo que me produción mucha emoción y también una responsabilidad muy grande que me brindaran esta oportunidad. A partir de ahí, empezamos a hablar de la escultura en sí. En principio, se barajó hacer un busto, de hombros hacia arriba, pero claro, había que hacer alguna alusión a los atributos que llevaba siempre Antonio como el pañuelo y sobre todo, su bastón. Entonces, comenté que había que hacer algo más grande y mostrar las manos y esa manera tan peculiar que tenía Antonio de sostener el bastón, que más que cogerlo parecía que lo acariciaba. Durante la ejecución del proyecto, tuve varias conversaciones largas con Francisco Moreno, el presidente de la fundación, y con su sobrino y director, José María Gala, para decir qué vestimenta era la más adecuada, cómo se sentía él más cómodo, hasta llegar al resultado final. Una de las principales claves que decidimos desde el principio era que mirara hacia el Gran Teatro, ese lugar que tantas alegrías le dio.

-¿De qué material está hecha?

-La escultura en sí es de bronce a la cera perdida y el pedestal es de piedra.

César Orrico, junto al aescultura de Antonio Gala, en el Bulevar Gran Capitán.

César Orrico, junto al aescultura de Antonio Gala, en el Bulevar Gran Capitán. / Pablo Cabrera

-En la inauguración comentaron que había usado sus recuerdos para reproducir al escritor. ¿Cuál fue su fuente de inspiración?

-Antonio era una persona muy conocida y hay muchísimas cosas en Internet, pero para un trabajo así se necesita un material muy específico y ante la imposibilidad evidente de hacerle fotos o que él mismo posara para mí, tuve que valerme de mis recuerdos. Tenía algunas fotos de la edad aproximada en la que lo quería representarlo, me serví también de sus entrevistas con Jesús Quintero, por ejemplo, pero hay una parte muy importante de memoria. He intentado que sea como un retrato más, buscando que se parezca, pero sobre todo, lo más importante para mí era captar esa personalidad brillante y arrolladora que tenía.

-¿Qué ha sido lo más complicado de ejecutar, su rostro, sus manos...?

-No tanto las manos ni la cara o el cuerpo, lo más complicado al final es captar esa personalidad y sobre todo que esté vivo, que tú lo veas y parezca que se va a mover, que de repente se va a arrancar a decirte algo. Lo difícil es representar ese momento en el que le ves con esa sonrisa medio pícara que él tenía siempre que no sabías si te iba a dar una reprimenda o recitar una poesía. Había que buscar justo ese momento porque su genialidad era tal que no sabías por dónde te iba a salir.

-Usted convivió con Antonio Gala en la fundación, en la promoción de 2008-2009. Quince años después de aquello, es un escultor consagrado y ha ganado entre otros el Premio Reina Sofía de Escultura 2023. ¿Qué supuso su paso por la Fundación Gala?

-Aquel fue uno de los mejores años de mi vida. Si yo hoy soy escultor, puedo decir que en gran medida, casi al cien por cien es gracias a la fundación y a Antonio Gala. La labor que hace la fundación es muy importante para un artista porque te ayuda en el momento justo, que es cuando acabas la carrera, en mi caso terminaba en la facultad de Bellas Artes, luego hice un máster y cuando terminas eso viene tu salida al mundo exterior, tienes que presentar tu trabajo y necesitas un tiempo para centrarte en tus motivaciones personales, en ver qué es lo que a ti realmente te interesa como artista. Cuando acabas la facultad, lo único que tienes son trabajos académicos y eso no es un material de alta calidad ni está a la altura, necesitas hacer un trabajo más profundo y personal y eso te lo da la fundación porque te deja hacerlo sin las preocupaciones de tener que conseguir un taller, te permite encontrar tu camino porque te ofrece un sitio donde construir tus pilares y eso es fundamental.

César Orrico, en el proceso de ejecución de la escultura de Antonio Gala.

César Orrico, en el proceso de ejecución de la escultura de Antonio Gala. / CÓRDOBA

-Además, creo que allí encontró también a la que hoy es su mujer.

-Sí, sí. Mi mujer es Ana Moya, es pintora, artista visual y la conocí en la fundación. Allí se reúne gente de diferentes disciplinas, pintores, fotógrafos, músicos, literatos y al estar tanto tiempo juntos, es inevitable que unos influyan en otros. Yo creo que eso era lo que quería realmente Antonio, que cada uno se subiera a los hombros del otro para que pudiéramos ver más lejos. No puedo decir nada más que cosas maravillosas de la fundación y de Córdoba, que es una gozada de ciudad, de la gente y del cariño que siempre nos han brindado.

-¿Qué recuerdos de Antonio guarda en su memoria?

-En la época en que yo estuve en la fundación, Antonio estaba muy activo, pero siempre sacaba un huequito para venir vernos y ayudarnos, se implicaba mucho en los trabajos de los becados y pasaba continuamente por los talleres para interesarse por lo que hacías, se soltaba a hablar contigo. Desde el punto de vista de la experiencia, había un ambiente brillante, te daba su opinión, sus consejos... Yo tuve la suerte de tener largas conversaciones con él y esas cosas se te quedan grabadas. Él siempre decía que había que ponerle como un sello sobre tu corazón y la verdad es que en el mío está.

-¿Esta escultura sigue los mismos cánones que otros trabajos suyos o es distinta?

Aunque sea un encargo, siempre intentas que esté en tu línea. Yo trabajo la figuración del ser humano y mi trabajo se mueve en recuperar arquetipos del pasado, traerlos al presente y reinterpretarlos. En los aspectos formales, para mí lo importante es que mis esculturas tengan movimiento, que no sean estáticas. La escultura tiene una frase debajo del busto que obliga a la gente a rodearla y eso aporta más movimiento. La escultura para mí es energía, fuerza y creo que he conseguido llevarla a mi terreno.

-¿Siempre supo que quería ser escultor?

-Cuando empecé la facultad, iba más por la parte de dibujo, pero cuando se te abren las puertas y empiezas a conocer las posibilidades que existen, que son infinitas, al final, donde más cómodo me encontraba era en la escultura y decidí especializarme en ello. De pequeño, la plastilina era mi juguete favorito y es curioso que ahora con 40 años recién cumplidos sigo jugando con plastilina, con la de los colegios, es la mejor para trabajar y para echar un ratito e intentar hacer escultura, así que animo a quien quiera probar que lo haga con plastilina.

César Orrico, en el proceso de creación de la escultura de Antonio Gala.

César Orrico, en el proceso de creación de la escultura de Antonio Gala. / CÓRDOBA

-¿La relación entre los becarios de la fundación es tan familiar como parece desde fuera?

-Parece un cliché hablar de familia, pero aunque, evidentemente, hay algunos con quienes mantienes más contacto que con otros, todos sabemos que si hay un momento señalado o alguna necesidad, puedes contar con los demás. Mi mujer y yo mantenemos contacto con el que vive más lejos, con el pintor Fernando Motilla que está en México, pero con el resto también hablamos, existe un cariño y cuando podemos hacemos por vernos. Con las generaciones nuevas, también hay ese vínculo de unión de la fundación, hay un sentimiento de hermandad y la gente que pasa por ahí pasa a formar parte de ese grupo de gente cercana.

-Usted ha vuelto a Córdoba después de mucho tiempo. ¿Cómo se ha sentido?

-Antonio siempre decía: volved, que esta es vuestra casa. Yo he tenido mucho trabajo y no había podido venir hasta hoy y estos días están siendo una explosión de emociones.