Cultura en Córdoba

La historiadora Encarnación Lemus rescata la figura de la mujer que indujo a la lectura a los poetas de Cántico

Carmen Guerra San Martín llegó a Córdoba en 1931 como directora de la biblioteca pública, donde ejerció un gran influjo en toda una generación de intelectuales

La biblioteca Grupo Cántico recibe este miércoles a la Premio Nacional de Historia 2023 para hablar de su estudio sobre la Residencia de Señoritas

Imagen de archivo de la Residencia de Señoritas.

Imagen de archivo de la Residencia de Señoritas. / CÓRDOBA

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

La Biblioteca Grupo Cántico de Córdoba acogerá este miércoles a las 19.30 horas una charla de Encarnación Lemus, profesora de Historia Contemporánea y autora del ensayo Ellas. Las estudiantes de la Residencia de Señoritas, que le valió el Premio Nacional de Historia en 2023. Investigadora de las mujeres exiliadas durante al Guerra Civil y profesora del Máster de Género, Identidad y Ciudadanía, cuenta que acudió a la Fundación Ortega Marañón para consultar el archivo de la secretaría de la Residencia de Señoritas, un espacio de formación creado por la Institución Libre de Enseñanza en el que pasaron mujeres como Victoria Kent, María Zambrano, Maruja Mayo o la que sería después directora de la residencia, María de Maetzu. "Buscaba algo de información sobre sus vidas y encontré mucho más de lo que esperaba en el archivo de correspondencia de estas mujeres, que a falta de teléfono, mantenían relación entre ellas por carta". Aquel fue el germen de un ensayo que pretende "desenterrar historias maravillosas de mujeres que tenían mucho que decir a la sociedad, la mayoría de las cuales eran muy desconocidas", explica convencida.

La Residencia de Señoritas, creada en 1915, recibió a "un grupo muy interesante de mujeres cordobesas que conviene ir rescatando", asegura la historiadora, un grupo muy renovador que llegaron desde municipios como Cabra, para formarse y buscar un futuro no convencional. Así, algunas se hacen farmacéuticas y abrieron farmacias en los pueblos de la zona, otras hicieron oposiciones y trabajaron como profesoras en institutos y otras regresaron a casa y continuaron con sus vidas.

Una bibliotecaria revolucionaria

Carmen Guerra San Martín no era de Córdoba, pero se instaló en la ciudad cuando aprobó las oposiciones de Archivos y Bibliotecas, en 1931, con la República recién instaurada. Según la autora del ensayo, su paso por la ciudad fue revolucionario, ya que no solo transformaría absolutamente la biblioteca pública, que estaba en estado medio ruinoso, para convertirla en un espacio que atrajera a la gente y que estimulara la lectura, sino que "representaba a una mujer distinta, que ostenta una función social, un personaje público femenino con responsabilidad que hace lo que le gusta y sirve de ejemplo a otras mujeres de cómo vivir en sociedad". Esto es algo que comparte con otras mujeres de la residencia, interesadas en una visión moderna de la cultura, impulsoras de bibliotecas de barrio que acerquen la literatura a todas las clases sociales, destaca.

Como bibliotecaria, "abrió varias salas e hizo que los libros empezaran a circular creando las bases de las bibliotecas públicas que son organismos fundamentales entonces y ahora por la difusión de la cultura , hoy en día, no solo a través de los libros sino con otros soportes". Guerra San Martín "hizo mucho por la lectura en Córdoba y no porque lo diga yo, sino porque lo dijeron los poetas del Grupo Cántico, que eran muy jóvenes en aquel momento y que reconocían que Carmen fue quien les introdujo en el mundo de la lectura".

Su trayectoria como bibliotecaria se vería truncada, como la de otras muchas mujeres vinculadas a la cultura, con la Guerra Civil, pero eso no la apartó de su amor a los libros y siguió compartiéndolos con los poetas de la generación con los fondos que ella poseía en casa. "La Residencia de Señoritas tenía un planteamiento muy rompedor y aunque en los estatutos aspiraba a atraer a mujeres de cualquier familia española, en la práctica eso no era viable". A pesar del elitismo propio del acceso a la educación de las mujeres en toda Europa, "las mujeres de familias más pudientes no eran las que acudían a formarse porque tenían la vida resuelta y no tenían necesidad de estudiar, fueron más las mujeres de la burguesía, procedentes de capitales de provincia, hijas de profesores, de clase media o media-baja, las que entraron en la residencia, muchas de ellas siendo ya maestras".

Impulso al feminismo en España

Para la Premio Nacional de Historia, el feminismo en España no nació con la Residencia de Señoritas, porque antes de su fundación ya había pioneras como Rosario de Acuña o Concepción Arenal, "pero hasta la creación de esta institución estas mujeres estaban desperdigadas y no tenían conciencia de formar una generación, la residencia lo que hace es concentrarlas de alguna manera y reforzar su ejemplo fomentando la conciencia de grupo". Ese germen, en el que -recalca- tenían cabida mujeres de distintas tendencias políticas, no solo de izquierdas, también mujeres que después se unirían después a la Falange, se truncó en gran medida por la Guerra Civil, que hizo que una parte importante de ellas acabara exiliándose por motivos políticos, ideológicos o profesionales, porque en España no tenían muchas posibilidades de desarrollar sus inquietudes.

Según Encarnación Lemus, "las mujeres que se incorporan a la Universidad en España en los años 60 y 70 no encuentran referentes ni inspiración en la vida de sus madres, pero sí en la de sus abuelas formadas en la Residencia de Señoritas, mujeres deportistas, independientes, que viajaban solas, que ejercían una profesión y no se casaban necesariamente y que son muy parecidas en muchos aspectos a las mujeres de hoy".

La Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Señoritas, que formaba parte de ella, estaba inspirada en la libertad, la tolerancia y la defensa de la enseñanza por el gusto de aprender y no por tener una nota. De hecho, no había exámenes al final, ni siquiera tenían libros y el alumnado se iba confeccionando su propia materia, "esa manera de estudiar voluntariamente se ha perdido hoy en día" y no estaría mal recuperarla, al igual que el gusto por la cultura, afirma.