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La formación abre este jueves la nueva temporada de abono

Orquesta de Córdoba: Tourmalet sinfónico

Con la intervención de la Orquesta Joven, el eje del concierto será la monumental ‘Octava Sinfonía’ de Bruckner

La Orquesta de Córdoba, durante una actuación. CÓRDOBA

La Orquesta de Córdoba, con el apoyo de la Orquesta Joven de Córdoba, inaugura la nueva temporada los días 6 y 7 de octubre con la monumental Octava Sinfonía de Bruckner. Superado el rubicón de la Quinta, las sinfonías Sexta y Séptima nacieron, como aquella, acabadas desde el primer momento. No hubo revisiones posteriores de ninguna de ellas, si bien el compositor no llegó a escuchar en vivo ni la Quinta ni la Sexta, y el éxito en el estreno de la Séptima alejó cualquier tentación revisionista sobre esta obra.

Pero detengámonos un instante en un detalle. Hasta ese momento, Séptima incluida, el esquema formal de las sinfonías brucknerianas se guiaba por la centenaria secuencia clásica allegro-adagio-scherzo-allegro. El uso reiterado de esta distribución de movimientos favoreció que Bruckner expandiera los finale como manera de equilibrar la forma global tras los monumentales movimientos primeros. Pero en la Séptima, siguiendo ese mismo esquema, los equilibrios no terminaron de resultar: el gran Adagio, planteado por primera vez como ascensión a una cumbre triunfal, dilató por fuerza su duración. El resultado fue dos grandiosos movimientos iniciales seguidos de dos postreros que siempre suponen una bajada a tierra después de los prodigios iniciales escuchados.

Un nuevo esquema

La futura Octava no podía volver a caer en el mismo problema. Un nuevo esquema formal se hacía necesario. La coincidencia de fuerzas físicas y dominio de la materia musical alentó a Bruckner a plantear un salto de escala sinfónica, ubicando definitivamente un nuevo Adagio montaña en tercera posición, desplazando el centro de gravedad de la sinfonía y enlazándolo a un Finale de grandes proporciones, con una coda donde confluyen todas las tensiones armónicas y melódicas de la obra, trabajada como si un pináculo catedralicio se tratara.

La tonalidad en do menor aporta sentido del misterio y también de amenaza y el colorido orquestal la asemeja a un gran friso de tonos azulados cambiantes, de oscuros prusias a celestes. La historia nos cuenta que el director Hermann Levi, el judío que estrenó Parsifal, responsable del éxito de la Séptima, devolvió la partitura sin entender nada, «un libro cerrado», dijo, provocando en Bruckner la depresión y el pavor revisionista que consumió muchas de las energías vitales de su último tramo de vida. De esta manera, de la Octava se cuentan, al menos, cuatro versiones y tres ediciones distintas con cambios diversos. ¿Cuál de ellas se escuchará en esta primera ejecución cordobesa?

Ya se han dado Tercera, Cuarta, Quinta y Sexta. Ahora, la Octava. ¿Transita la Orquesta de Córdoba hacia un ciclo Bruckner completo para 2024, año del bicentenario del nacimiento del organista de San Florián? Quedarán la lírica Séptima, la saturnal Novena (con Finale, por favor) y las dos primeras... ¿La Misa en fa menor? «Muß es sein? Es muß sein!».

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