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CONCIERTO

Medina Sonora une el autotune con la historia

El casco histórico y Miraflores acogen en Córdoba las nuevas tendencias de la música

El proyecto musical del gallego Manuel González abrió los conciertos en el parque Miraflores con una mezcla de cumbia y autotune. Manuel Murillo

Qué placer para los amantes de lo alternativo supone encontrar un oasis en Córdoba en el que intercambiar impresiones, disfrutar, dejarse ser y sentir, aunque el oasis llegue en forma de albero y piedras. Así sucedió este sábado el culmen de la cuarta edición del festival Medina Sonora, fruto de la colaboración entre el Ayuntamiento y cervezas Alhambra y que va camino de convertirse en una cita cultural imprescindible para la ciudad.

Medina Sonora llena el casco histórico y Miraflores con las últimas tendencias de la música

Medina Sonora llena el casco histórico y Miraflores con las últimas tendencias de la música FRANCISCO GONZÁLEZ

La jornada comenzó con los conciertos gratuitos, emplazados en localizaciones claves del casco histórico como la Casa de las Campanas, la Plaza Jerónimo Páez o la Casa Árabe. El pop de Adiós Amores, la apuesta de Moneo y Tarta Relena impresionaron a los curiosos y prepararon los oídos de quienes esperaban con ansias reunirse con los cabezas de cartel en el entorno del Parque de Miraflores. Si el casco histórico cordobés había acogido una simulación, la explosión de las nuevas tendencias se dio a partir de las 17.00 horas, cuando Ortiga abrió la programación propuesta para el recinto situado en el parque de Miraflores. El joven de Santiago, que en realidad se llama Manuel González, echó mano del autotune para poner a bailar a los primerizos con la cumbia. Los expertos, aquellos que saben llegar tarde a los festivales, se derritieron con Colectivo Da Silva. Los niños bonitos de Radio 3 no solo saben contentar a los suyos -«se nos acaba el tiempo, ¿cuál queréis que sea la última?», preguntaron- sino que logran nuevos adeptos con sintes y ritmos poperos, letras pegadizas, carisma a raudales. Por ello se han convertido en la voz de una generación desesperada, dada al alcohol y al amor romántico como escape.

Moneo llevaron su interpretación del flamenco a la Casa de las Campanas. Óscar Barrionuevo

Pero luego llegó Delaporte, con una apuesta en directo más fuerte, más electrónica y fiestera de lo que proponen sus temas de estudio, y el público alternativo rompió en baile. No sin que los pies se clavasen en el albero de Miraflores gracias a Alizzz, quien no se olvidó de ese El Encuentro, aun sin la cantante pamplonica. Después, Jimena Amarillo pasó de todo. Tiró de autotune y reivindicaciones pro lésbicas con una aclamada versión del I Follow Rivers. Reclamo fácil que, tras el directo de Karavana, llevó al furor provocado por el ansiado directo de unos León Benavente al culmen de un fenómeno social, por encima de la calidad sonora. 

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