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Lumana: un yak en la escuela

El poder de la naturaleza y los seres humanos que encuentra obrarán en este amante de la música el milagro de la transformación, regalándole una experiencia que recordará toda su vida

Un fotograma de Lumana: un yak en la escuela. CÓRDOBA

Ópera prima escrita y dirigida por Pawo Choyning Dorji. Producción procedente de Bután, nominada a mejor película internacional en la última edición de los Oscar. La cinta deja muy buen recuerdo de su visionado, porque supone todo un viaje a tierras altas y lejanas, fotografiado con excelencia por Jigme Tenzing: su belleza paisajística enamora. Además, nos cuenta una emocionante historia con la sutileza justa como para que toque la fibra más sensible del espectador, aunque sin pasarse.

El protagonista, un joven que ha finalizado sus estudios de magisterio pero que realmente sueña con ser cantante y vivir en Australia -cosa que no gusta a quienes gestionan su futuro- es castigado con un destino inimaginable: un pueblo de difícil acceso (ocho días de viaje sometido a todo tipo de inclemencias) y muy pobre, carente de los medios necesarios para transmitir sus conocimientos, con una clase sin pizarra ni utensilios mínimos para que los alumnos puedan avanzar. No obstante, después de ese duro viaje encontrará una gente de extraordinaria nobleza, extremadamente acogedora. Y aunque nada más llegar tomará la decisión de volverse por donde ha venido, poco a poco encontrará el sentido que necesitaba su vida gracias a esa forma de vida tan desconocida para el hombre de ciudad.

El poder de la naturaleza y los seres humanos que encuentra obrarán en este amante de la música el milagro de la transformación, regalándole una experiencia que recordará toda su vida y enseñándole a vencer las adversidades gracias a la calidad humana de quienes le acogerán con un respeto máximo, porque un docente allí, cerca del Himalaya, es un tesoro para esos niños que le esperan con los brazos abiertos y con la esperanza de aprenderlo todo, antes de que llegue el invierno y vuelvan a quedarse con la incertidumbre de si habrá alguien que vuelva por esas tierras para ejercer como profesor en una clase sin ventanas ni electricidad.

Por tanto, estamos ante una encantadora película de lo más recomendable que se gana al público por su sencillez y buenas intenciones.

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