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Diario Córdoba

REPORTAJE

Peñas y tabernas, los últimos templos del flamenco

En Córdoba todavía quedan espacios en los que la pasión por el cante jondo antepone la esencia de este arte a los intereses económicos

El Pele, Juanma Roa, Jesús Alamillos, María Villatoro y Manuel Jiménez FRANCISCO GONZÁLEZ /A.J. GONZÁLEZ / CÓRDOBA

De paseo por la calle Juan Rufo, una vez dejado atrás el cine Fuenseca, los acordes flamencos resuenan entre las paredes desconchadas y el suelo empedrado. La música proviene de las entrañas de la taberna La Fuenseca, donde Jesús Alamillos practica con su guitarra. «Esto no es un bar, es una catedral de la cultura», sentencia el tabernero, mimetizado con los cuadros, los azulejos y el olor a fino tras una vida entre tertulianos y artistas.

Aunque el origen del local se remonta a 1850, con el reinado de Isabel II, fue a finales de los 70 cuando Emilio Álvarez, el abuelo del actual gerente, adquirió el negocio. Él fue quien favoreció el ambiente de bohemia con la creación de la sala de exposiciones -en la segunda planta del local- y la buena acogida de pintores, poetas, escritores, artistas flamencos, tertulianos y, en definitiva, de cualquiera que entendiese la vida como una búsqueda de duende, de recreación en la belleza y el hedonismo. Jesús fue testigo de todo aquello «mi abuelo quería que yo tocase la guitarra, aunque era una excusa para estar en estos ambientes», recuerda. En 2013, Alamillos pasó a gestionar el negocio con la visión clara de seguir la estela de su abuelo y ese espíritu es lo que hace de La Fuenseca un tesoro congelado en el tiempo; una taberna que no huele a rancio, sino a la tradición más pura refrescada con la experiencia de las nuevas generaciones.

Además de acoger entre sus muros iniciativas vanguardistascomo las del artista Francis Arroyo, quien accedió al libro Guinness de los récords por reunir 1.000 obras de arte en una exposición individual dentro de La Fuenseca, también supone un lugar de encuentro. El Grupo Córdoba Contemporánea, formado por algunos de los artistas actuales más relevantes de la capital como José Manuel Belmonte y el mismo Francis Arroyo, suelen frecuentar sus salones. También se puede ver por allí a los miembros de la comparsa La Boheme, durante sus sesiones de ensayo en las fechas próximas a sus actuaciones en el carnaval cordobés.

Apertura 8 La programación de la peña El Almíbar busca ofrecer a la ciudad el mejor flamenco desde un formato íntimo.

Pero lo que realmente constituye la esencia de La Fuenseca es su carácter acogedor, como de hogar al que se puede regresar siempre en busca de esa calidez perdida entre el desencanto del día a día. «Esta es mi primera casa, luego ya está la otra, donde duermo», aclara Jesús, que en ningún gesto responde al prototipo de hostelero preocupado por las temporadas altas o bajas, la exquisitez de las propuestas gastronómicas o los esfuerzos impostados por agradar a toda costa a los comensales. «aquí tenemos cinco tapas frías y, algunos días guisos, porque no quiero complicarme, solo quiero ganar para vivir mientras soy feliz con mi gente», apunta Alamillos. Llamados por esa hospitalidad, han frecuentado el lugar reconocidos nombres del flamenco como Juanma ‘El Tomate’, hermano de Las Ketchup; el bailaor Manuel Jiménez ‘El niño Montes’; el cantaor Miguel del Pino; Manuel Ruiz ‘Queco’; el guitarrista Jesús Gómez; la bailaora gitana Laureana Granados; el Malagueño José Parra o el guitarrista flamenco Rafael Montilla ‘Chaparro Hijo’. La lista sigue y sigue, interminable, impermeable en la memoria de Jesús Alamillos. Esos son algunos de los más contemporáneos, pero muchos años antes compartieron seguiriyas y tonás La niña de los Peines o Manolo Caracol. Por supuesto, Paco de Lucía llegó a visitar el local. Incluso el que fuera productor de Camarón, Ricardo Pachón, viene de vez en cuando a Córdoba solo para saludar a los ‘fuensequeños’.

Todo lo registra María Villatoro, otra de las almas imprescindibles de La Fuenseca, bajo su aguda y sabia mirada de mesonera. Cada vez que se monta un tablao improvisado o varios de los veteranos enseñan en directo a los jóvenes, María hace de cronista para la revista nacional Zoco Flamenco. Tanto ella como Jesús son dos almas maravillosas y extrañas. Rostros de edad indeterminada que parecen salidos de un cuadro de Romero de Torres o un filme del cine patrio antiguo. No hace mucho que diversificaron el negocio. Jesús ha creado la marca de camisas Hans, cosidas por él mismo y que vende dentro del local. Músicos y personalidades del flamenco de toda la provincia apuestan por sus diseños. «La esencia de mi abuelo la llevo desde que comencé en el bar y la esencia de mi abuela está en las camisas, porque ella era costurera, aunque aprendí yo solo a coser», cuenta Jesús Alamillos.

En cuanto el tabernero se pone a tocar la guitarra, el cantaor Fran Reifs de Córdoba comienza una soleá. Le rodean otros jóvenes a las palmas. Junto a ellos están la bailaora Aitana Muñoz, nieta de Juan ‘El Tomate’ y el bailaor Raúl Alba. No saben si arrancarse. Quizá otro día. Han mamado el flamenco desde muy pequeños y en La Fuenseca encuentran un modo de ser.

El Pele, Juanma Roa, Jesús Alamillos, María Villatoro y Manuel Jiménez

Aunque la pasión por el flamenco es idéntica, la idiosincrasia cambia cuando se habla de las peñas. Pepe Carmona, presidente de la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Córdoba, encuentra en la peña Rincón Flamenco un lugar de reunión con matices de hermandad. El local está situado en la Carretera de Trassierra, en el número 37 del pasaje comercial de la Sagrada Familia. Su origen data de 1970, cuando se fundó en la ya extinta taberna La Barrera en la calleja de Munda. Parte de ese origen fueron el cantaor Antonio de Patrocinio o Antonio Muñoz ‘El Toto’. Los peñistas de entonces fueron pasando por varios lugares hasta dar con esos «dos saloncitos, uno con mesas y sillas y otro con un barril, para el buen vino» y al que «hay que entrar callado porque normalmente siempre hay alguien cantando o tocando», cuenta Pepe Carmona. La esencia de aquella reunión primigenia sigue intacta: «sobre todo se trata de una reunión de amigos amantes del flamenco», aclara Carmona. Como tal, tratan de impulsar a las nuevas voces con la organización de concursos propios. Pero lo más destacable es el ambiente íntimo y con solera que se vive en su interior.

Algunos peñistas son cazadores, por lo que siempre hay carne de caza guisada para acompañar con fino. Luego, se arrancan los músicos de conservatorio con cantaores como Curro Díaz, El Bonera (Hijo) o David Palomar y «si hay algún niño de los nuevos al que le gusta abrir la boca pues también se suma», añade Pepe Carmona. Eso sí, «si vienen forasteros y vemos que no están a lo que están se les llama la atención, porque aquí se viene a exaltar el cante», incide Carmona.

Así que si un forastero, ya sea entendido o no del duende, quiere asistir a un espectáculo de flamenco puro, la mejor opción es el tablao de la peña flamenca El Almíbar, que comparte sede con El Rincón del Cante. Situada en la Calleja del Niño Perdido número 2, programa espectáculos para un aforo de 100 personas en lo que supone «un oasis» para los artistas dentro de su rutina habitual. O al menos así asegura Luis Carrillo, vicepresidente de El Almíbar, que se han sentido artistas de la talla de Mayte Martín al parar allí. «Creo que El Almíbar tiene un gusto más actual y entiende el flamenco sin fronteras y me refiero a las propuestas de Lin Cortés, María José Llergo o Fuel Fandango», asegura Carrillo. Esta apuesta surge en 2010, cuando un grupo de aficionados al flamenco persiguen ofrecer lo mejor de este arte a la ciudad en un formato íntimo. El planteamiento de tomar algo de tapeo, ya sean conservas o molletes, mientras se bebe y se escucha a Farruquito, Chano Domínguez, Rocío Márquez o David Palomar, entre otros, funciona. Como también lo hace el grupo de mayor edad que se reúne en el Rincón del Cante, fundado a finales de los 70 y cuyo mayor esplendor se alcanzó en los 80, con la presencia de Camarón, Enrique Morente o Fosforito. Ni ayer, ni hoy, ni en ningún caso, el objetivo fue otro que el de compartir pasión por un arte de magia inefable.

La Fuenseca acoge la grabación de un documental sobre El Pele

El cineasta Juan Manuel Roa está a cargo de ‘El Pele, Leyenda Viva’, un largometraje documental impulsado por la productora Trafalgar Cinema, cuyo objetivo principal es ensalzar la figura de Manuel Moreno Maya como uno de los artistas más trascendentes en el mundo del flamenco. Como escenario, se han escogido localizaciones del casco histórico cordobés frecuentadas por el cantaor, entre ellas la taberna La Fuenseca. Es por ello que el artista visita últimamente con mayor frecuencia la taberna. Otro de los motivos es la compra de camisas Hans que el tabernero Jesús Alamillos realiza a medida. «El Pele se trae tomates de su huerto y me da clases de flamenco. Lo que más aprendo de esas lecciones es que él es un genio y un adelantado a su época», cuenta Alamillos. No es el único que aprende de la experiencia del cantaor, ya que Manuel Moreno acostumbra a cantar junto a los jóvenes. Encontrarse con él en una de sus sesiones improvisadas no es fácil. Se tiene que «encartar» y ser parte de esta familia sin vínculos de sangre.


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