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Diario Córdoba

REPORTAJE

Lazos entre Córdoba y Granada

La vinculación de la provincia con el Concurso de Cante Jondo de 1922 se remonta a los orígenes de este certamen granadino dedicado al flamenco | Esos nexos que surgieron hace un siglo perduran hoy día

En Granada 8 La Orquesta de Plectro de Córdoba, durante la actuación. | TONI BLANCO

Un tema bien que puede convertirse en tópico al uso si no variamos el ángulo óptico. El Concurso de Cante Jondo de 1922 celebrado en Granada pasaría con derecho propio a formar parte privilegiada de una lista de temas recurrentes en torno al flamenco, acerca de las bondades, de los promotores, conveniencia o no de su celebración… Y lo cierto es que fue un intento digno de ejemplo por parte de los intelectuales de distintas manifestaciones para reclamar la atención de la sociedad de la época. Algunos sectores ejemplificaron en el flamenco la degradación que se podía observar en la sociedad española, en la decadencia que se observa en la España finisecular del XIX, mayormente debida a la pendiente iniciada siglos atrás, en la que las posesiones de ultramar forzaron la pérdida colonial. José Zorrilla participó en una cruzada contra y toros, como se desprende de los versos: «Y España flamenca y chula,/ pasas semanas enteras/ berreando peteneras/ a la puerta de un toril».

La obra del autor de Don Juan Tenorio le dedica al tema toda una serie de reproches, y su obra Gnomos y mujeres (1886) es un exponente claro de lo anterior. No le fueron bien las cosas en lo económico al escritor, que bien pudo unirse a la corriente regeneracionista y a algunos autores del 98, que parecieron inclinarse por lo fácil, sin reparar en que Kursaal daba cabida en sus noches de ocio a personajes preclaros que figuran en las antologías pictóricas, musicales o literarias pasado más de un siglo. Se abrieron varios Kursaal (salón de curas, palabra latino-alemana) destinados al relax, entre ellos, Madrid, San Sebastián… y Córdoba, y contamos con testimonios que nos han transmitido lo amplio del espectro en cuanto a espectáculos y la fama de algunos asistentes, caso de Baroja, Valle-Inclán y Julio Romero de Torres; todos ellos significados aficionados al flamenco que no hicieron causa común en la reacción antiflamenquista preconizada por el escritor Eugenio Muñoz (Noel en los escritos), de lo que hubo de arrepentirse en alguna de sus últimas publicaciones.

Pasó el cante jondo por dificultades en el favor del público y muchas reacciones en contra. El hecho de que personalidades tan significadas de la intelectualidad como Falla, García Lorca, Andrés Segovia, Turina, Santiago Rusiñol, Edgar Neville… mostraran su disposición para que en Granada hubiera un Concurso de Cante Jondo en 1922 indica que la corriente antiflamenquista no fue tan unitaria y que dos personajes ya mencionados y muy significados -Zorrilla y Eugenio Noel- hubieron de centrar sus iras en lo fácil, en parte por sus malos momentos económicos. Demuestra conocimiento Pío Baroja de los nombres sonoros del cante.

En el club Cañitas, el altavoz de un gramófono iba vertiendo al aire los quejidos de los fandanguillos y de las milongas cantadas por Juan Breva, el Chato de las Ventas, y La Niña de los Peines. Y más adelante, en un diálogo entre los personajes Fermín y Michel de Los Visionarios, 1932, asisten a un momento de cante en un lugar cercano a la plaza de La Corredera. Manifiesta un personaje: «Yo no entiendo bien esto -dijo Michel-. Yo tampoco -añadió Fermín-. Esto es muy complicado. A ver: cante usted una malagueña o una petenera de las antiguas».

Otro tanto podría decirse de los conocimientos que atesoraba sobre flamenco el otro gran amigo de Julio Romero de Torres, el simpar Valle-Inclán. Se trata de la escena décima de Luces de Bohemia, en una noche de crápula y tragedia de Max Estrella y Don Latino donde el poeta ciego, Max, le dice a una prostituta que es capaz de cantar como un flamenco.

Cante y guitarra | Alfredo Tejada y Paco Serrano. TONI BLANCO

La vinculación de Córdoba con el Concurso de Cante Jondo de Granada es recogida por el Diario de Córdoba sucesivamente el diecisiete de agosto de 1922 y el veintiséis de agosto de 1923, aunque no figure explícitamente como tal la influencia. El libro es de José Cruz Gutiérrez, Ediciones El Páramo, 2010, y tiene por título La Córdoba flamenca (1866-1900). Hubo efectivamente dos concursos en barriadas cordobesas, San Basilio-Alcázar Viejo y Margaritas, con un año de separación; hay un nombre en común que figura como miembro del jurado en el año 1922 -San Basilio- y ganador en 1923 en Las Margaritas, el Niño de Granada, que había participado en las tertulias granadinas y vinculado al Concurso de Cante Jondo de 1922. Andrés Raya ilustra la referencia en Flamenco en mi memoria. 

El cine Fuenseca se unió a la conmemoración del concurso granadino en dos actuaciones programadas por la concejalía de Cultura los días 13 y 14 de junio con los cantaores granadinos Antonio Gómez El Turry y Alfredo Tejada, este último acompañado por Paco Serrano. Tuve ocasión de presenciar en el Centro García Lorca de Granada un segundo capítulo el día 23 de julio, en que intervinieron la Orquesta de Plectro de Córdoba, sabiamente dirigida por Juan Luis González, el guitarrista Paco Serrano y el cantaor granadino, de origen malagueño, Alfredo Tejada. Fue magnífica la simbiosis entre la Orquesta, con la sabia conducción de su director, y los dos intérpretes flamencos a partir de compositores del nacionalismo musical español, Albéniz, y la aportación de la malagueña del cubano Lecuona junto con el Anda jaleo que en su momento adaptó García Lorca y posteriormente José Enrique Bedmar.

Es el recurso narrativo del flash back, los saltos temporales, el que permite a modo de anticipo percibir el resultado de la actuación en un espacio lleno y ávido por ver el éxito de la fórmula. Resulta revelador que alguien no cordobés exclamara «Córdoba» como expresión de gozo por lo que estaba presenciando, y bien que tuvo su continuación en Granada por parte del público. Y a ello se unió el Málaga de Alfredo Tejada desde el escenario. Consistió la singularidad en que se produjo la armonización entre el modelo clásico de la partitura y el flamenco. Pepe Romero, espectador en la sala, se deshacía en elogios. El programa comenzó con Córdoba de Albéniz, a la que siguió Sevilla, con la intervención de Alfredo Tejada y Paco Serrano; se fueron sucediendo Granada, y la granaína correspondiente de Alfredo Tejada y Paco Serrano. Vino el Cádiz de la guayaba y el malecón y se fue tras el gárrulo ir y venir de las olas hasta el lugar habanero por guajiras; Asturias fue un salto espacial por milongas -sabemos que El Mochuelo reprodujo en cilindro de cera la praviana, como expresión de la universalidad del flamenco- y, de nuevo, Cuba, esta vez con la interpretación de Málaga del cubano Ernesto Lecuona con la consiguiente interpretación por malagueñas.

Las adaptaciones de temas populares que García Lorca interpretó con La Argentinita tuvo como exponente el Anda jaleo, al que como público reconocimiento de los intérpretes al público hubieron de seguir fuera de programa La danza del molinero, de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla, por farruca. Como cierre, el popurrí de Aires andaluces de Eduardo Lucena. Un día después se agolparon los recuerdos del pasado en la Peña La Platería, que su flamante presidente, Víctor, celebró como la más antigua. El maestro de la guitarra Miguel Ochando obró el gran prodigio e hizo que me remontara a la Córdoba de finales de los ochenta y a su interpretación con El Polaco en el Instituto Luis de Góngora dentro de un ciclo de flamencos entrañables. Lo recordamos juntos, pues son sueños y recuerdos parte esencial de nosotros mismos. 

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