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Diario Córdoba

MANUEL FERNÁNDEZ Periodista y cronista oficial de Villaralto

«La revista refleja las ganas de juventud de revolver el mundo»

El periodista presenta una recopilación de los números de 'El Jardal', la revista de iniciativa ciudadana que se realizó en Villaralto a la caída de la dictadura

El periodista Manuel Fernández junto a la recopilación de los números de la revista 'El Jardal' FRANCISCO GONZÁLEZ

Manuel Fernández es un villaraltero que, tras estudiar periodismo, fue testigo de la llegada de la democracia a su pueblo. Comenzó a trabajar en el Correo de Andalucía, donde pasó por las delegaciones de Sevilla y Huelva hasta volver a Córdoba. Aquí pasó a formar parte de la redacción de La Voz de Córdoba hasta que este medio fue comprado por Diario CÓRDOBA. En este último periódico, llegó a ejercer de redactor jefe. Esta tarde presenta una recopilación de los números de El Jardal, la revista que se editó en Villaralto desde 1979 hasta 1988 y que culminó en la creación del colectivo cultural El Jardal. La iniciativa supuso una revolución municipal.

¿Qué supone esta reedición?

Supone que todo el mundo tenga acceso a una parte de la historia en la que comenzó la democracia municipal, en el 1979. Entonces éramos muy distintos. Era otro mundo, sin móviles ni las comunicaciones de ahora, por lo que era muy difícil hacer lo que conseguimos.

¿Qué es lo más destacado que puede encontrar el lector?

La voluntad de cuando se es joven. Quienes formamos la revista mantenemos los mismos principios que entonces, pero cuando eres joven tienes una ilusiones que la vida te va mermando. La revista refleja esa intención de juventud de revolver el mundo, de conquistarlo y hacerlo mejor.

¿Por qué le pusieron 'El Jardal'?

Es el nombre de un terreno de la zona de Los Pedroches. Es una zona de la dehesa donde la gente suele ir a coger bellotas. No recuerdo a quien se le ocurrió ponerle el nombre a la revista, pero era una denominación muy típica en el pueblo.

¿Cómo han llevado a cabo la recopilación de los números?

La redacción de la revista estaba formada por la misma gente del pueblo. Los vecinos salían retratados en entrevistas, ellos mismos protagonizaban las historias. Para llevar a cabo la recopilación tuvimos que pedir prestadas las revistas antiguas que todavía permanecían en muchas de las casas.

Usted lo denomina como «una utopía periodística de pueblo»

Sí, porque no obteníamos dinero de ningún organismo. Simplemente teníamos los ingresos de la publicidad que buscábamos. En aquella época era muy difícil hacer una publicación al margen de los ayuntamientos. No se trataba de estar en contra porque sí, sino de mantener una actitud crítica al respecto de lo que hubiera que criticar. Era una utopía que si se pusiera en marcha en la actualidad no funcionaría porque hay demasiados intereses de por medio.

¿Era muy distinta la forma de hacer periodismo de entonces?

Creo que permanece esa intención periodística de hacerlo lo mejor posible, de contar la verdad y no utilizar la información para fines poco éticos. Sí existe una gran diferencia entre los medios tecnológicos que había antes con respecto a los actuales. Ahora prácticamente puedes sacar un tema propio simplemente con una investigación en internet. Sin embargo, antes tenías que buscarlo todo desde el principio porque no había nada escrito, salvo en las enciclopedias.

Lo que más valora de esta iniciativa es el hecho de que se recoja la memoria histórica de un pueblo

Totalmente. Hemos impulsado la reedición precisamente por eso, porque fue el resultado de un interés colectivo que duró diez años. De nuestro impulso surgieron monográficos y todo tipo de artículos como los que caben en un periódico. De eso hace 43 años. Destacaba una amplia participación ciudadana, con cartas al director, polémicas... Fue un movimiento social que coincidió en la etapa posterior de la dictadura. Así que fue como una especie de amanecer. Mi padre era barbero y recuerdo que había gente en el pueblo que le decía, «tu hijo ha terminado de estudiar, viene de Madrid y ahora se pone a hacer una revista para el pueblo que casi nadie compra, así que ¿Cómo va a vivir con eso?». Pero nunca fue ese el propósito porque yo tenía mi trabajo en el Correo de Andalucía.

¿Cree que es posible que se den en la actualidad ese tipo de movimientos sociales?

Podría hacerse. Me he acordado del caso de Podemos. En teoría, se trató de un planteamiento distinto de la política surgido del descontento de mucha gente. Depende de la capacidad que tengan quienes inician los movimientos de llegar a otras personas. Desde luego, este es un buen momento porque la gente está demasiado ensimismada con los teléfonos móviles. Creo que hay que apasionarse con la vida pública. Cuando veo la política actual, me parece una política de despachos. No entro en que lo hagan bien o no, pero su actitud no tiene nada que ver con la naturalidad con la que todo se vivía antes.

¿Qué significa para usted el hecho de que le hayan nombrado cronista oficial de Villaralto?

Que te hagan cronista oficial de tu pueblo es una de las mayores distinciones que te puede ocasionar la vida. Dicen que el ser alcalde de tu pueblo es uno de los grandes reconocimientos. Yo no digo que no, pero no tiene nada que ver con el hecho de que te tengan en cuenta oficialmente como una persona con potestad para contarla vida de una población. La confianza que ponen en ti para que esa crónica no se pierda en la historia. Ese reconocimiento, la verdad es que me ensancha.

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