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Diario Córdoba

CRÍTICA TEATRAL

Frankenstein: arde, desmesura

Un momento de la representación en el Gran Teatro de Córdoba. MANUEL MURILLO

Fundida a negro, esta imagen-recuerdo renacerá esta noche para verse arder una última vez. Desde el silencio y hacia sí mismo, se inicia el trazo de Frankenstein en el Gran Teatro de Córdoba. Las estructuras son las que primero aparecen en plano detalle: ellas son las que llaman la atención del párpado; ellas son las que, con su mimo, narran con un verismo ficticio la obra adaptada y sensacionalmente dirigida por Juan Castilla.

La organicidad emana de una dinámica colectiva. Ella nace del orden comunicativo de las unidades-órganos entre sí, construyendo el sintagma vivo que es el cuerpo humano. De análoga silueta, la escenografía a cargo de los hermanos Rueda ha soñado con la vida, con su posibilidad desde lo inanimado y lo inerte exhalados de una colección de objetos, componiendo en su teatralidad un espacio irreal y vuelto frente al tiempo. Este no podía ser otro que el plano donde conviven la necesidad vivida para ser escrita en forma de literatura, y la literatura leída para ser representada en forma de teatro. El escenario funcionará como un espacio marino, centrado en un barco, en un puerto después, pero también como un espacio plegado donde el líquido abandona el horizonte para caer en su verticalidad: un tiempo lluvioso en el espacio de la transposición entre las artes.

De gracia dialógica, el humo definirá el cambio hacia el relato figurado: serán vistos los acontecimientos, los fragmentos hechos órganos de la desmembrada diégesis, oscura y matizada por la iluminación diseñada por Borja Rodríguez, y acompañada por los destellos y acentuaciones del espacio sonoro y de la música de Antonio Leal. Paradójica estructura, discontinua en las muertes que describe y que dibuja ante sí, compuesta por pedazos, tan reveladores del sentido que las imbrica como de lo peligroso de su existencia; hybris que se consume a sí misma, necesaria para ser el mito que no hay que olvidar. Su forma se infiere del trabajo, esfuerzo y talento del elenco cordobés formado por las actrices Victoria Castillo y Rebeca Rivero, y los actores Rafael Blanes, Juan Castilla, Manuel Porras y Rafael López. Brillante en la penumbra, esta propuesta vestida por Sergio Venteo ha envuelto la desmesura de una serie compuesta de objetos, de un cuerpo hecho de cuerpos, y de un arte que la vida inicia, que la literatura crea y que la muerte termina en hecho dramático. Scena13 produce así esta obra original que emana de sus experiencias fragmentadas y troceadas, siendo aplaudida por la ambición de la puesta en escena y de la literaturidad del texto dramático.

Huyendo hacia la llama, Frankenstein se cierra en un círculo, en el silencio de Prometeo donde el sanar se comunica irremediablemente con un sufrir, y de la forma en la que vida se extiende hacia su muerte, esta no acaba, sino que se abre en la noche en la que gesto subraya la humanidad en las acciones movidas por la voluntad de ser humano. La organicidad no implica humanidad: un organismo no es humano, sino que lo es por su conciencia, su percepción y su reflexión en el seno social en que navega, en el que escribe, en el que ama y en el que arde.     

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