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Diario Córdoba

ENTREVISTA Antonio Rojano Escritor y dramaturgo. Ha presentado su novela 'El libro de Toji'

«Olvidar no es perdonar y hacer memoria no es hacer venganza»

«He frenado mi impulso narrativo por inquietud, por miedo, por no sentirme capaz», afirma | Destaca que «llegué a este personaje en una búsqueda rutinaria de mí mismo en Google»

Antonio Rojano posa con su novela minutos antes de su presentación. A.J. GONZÁLEZ

«Olvidar no es perdonar y hacer memoria no es hacer venganza», dice el escritor y dramaturgo cordobés Antonio Rojano, que este lunes ha vuelto a la Fundación Gala, de la que fue residente hace casi 20 años, para presentar la novela El libro de Toji, un género en el que se adentra por primera vez después de publicar una veintena de textos teatrales con los que ha sido reconocido en varias ocasiones con importantes premios. Ahora, el encuentro casual con un personaje, un soldado de su mismo nombre que murió en 1940 tras ser prisionero en el campo de concentración de Orduña durante la guerra civil española, le ha dado argumentos para saltar a la narrativa y contar una historia que tiene que ver con la memoria histórica y los fantasmas «que nos atormentan porque no hemos resuelto nuestras heridas del pasado».

Después de una veintena de obras teatrales, con ‘El libro de Toji’ se adentra en la novela por primera vez, dando rienda suelta a su afición por la historia. ¿Por qué ha tardado tanto en introducirse en la narrativa?

Siempre he tenido un impulso muy narrativo, pero cuando me puse a escribir desde muy joven esa voz interna tenía una forma dramática, mucho más próxima a la voz hablada, a la idea de un personaje que se comunica con otro, lo que se aproximaba mucho al teatro. Muchas veces me han preguntado cuándo daría el salto a la novela porque han visto en mi teatro muchos fragmentos que son muy narrativos, pero ese impulso siempre lo he frenado un poco por inquietud, por miedo, por no sentirme capaz, y por considerar quizá que la narrativa tiene un peso más importante que el teatro, que es lo que a mí siempre me ha fluido con facilidad. Por otro lado, también he estado esperando a encontrar esa historia que ahora relato en El libro de Toji. 

Un relato que se conoció antes a través de un documental. ¿Cómo llega a la historia del soldado Antonio Rojano?

Esta historia se conoció en el Festival de Otoño de Madrid en el 2020, cuando me pidieron un espectáculo que pudiera verse desde las casas, que pudiera seguirse a través de internet. Pero, aunque esta fuera la primera forma pública de dar a conocer este relato, es una investigación que yo llevaba dos años realizando. El germen es un autor en crisis, que soy yo, aunque el personaje no es del todo idéntico a mí. Al soldado llegué haciendo una búsqueda rutinaria de mí mismo en Google, y me encontré con un miliciano de la guerra civil española que tenía mi nombre y la fecha de su muerte. Empecé a indagar en su historia y en la guerra civil y hallé la existencia del campo de concentración de Orduña, en el País Vasco, donde aparece este nombre en una lista de fallecidos de ese lugar en 1940. Con esos datos, ese autor que no encuentra historia halla el inicio de un relato, y la novela cuenta la investigación de esta historia. El siguiente paso fue el Archivo Histórico de Madrid, donde se encuentran los consejos de guerra de la contienda, y tuve la suerte de encontrar el suyo y descubrir que era un soldado de Córdoba, nacido en Baena, y que muere con 26 años.   

 A partir de ahí, ¿qué papel juega la ficción?

El libro tiene mucho de metaficción en el sentido de que el autor debate sobre todo lo que tiene que inventar, porque los datos sueltos que tiene no dan para armar el puzzle de una vida. La otra parte de la novela es que toda esta investigación se va contando durante una beca que yo tuve en Corea del Sur, el otro lado del libro, donde surgen otros personajes más o menso peculiares de la realidad coreana. Por un lado, es un diario de viajes y, por otro, una investigación documental que va creciendo.  

¿Llegó a encontrar a algún descendiente del soldado Antonio Rojano?

Sí, pero no quiero desvelar nada sobre ese aspecto, eso lo tienen descubrir los lectores 

Además de luchar contra la desmemoria, ¿ha pretendido hacer justicia con esta novela? ¿Cree que los escritores tienen esa responsabilidad?

Los escritores tenemos responsabilidad con las historias que contamos y que caen en nuestras manos. Yo nunca he escrito narrativa, pero este relato necesitaba espacio, una novela donde crecer y pudiera contarse todo. Este libro habla de memoria histórica y no tanto de hacer justicia como de reparar, de alguna manera, ese vacío del que el autor habla respecto a su propia familia, donde reina el silencio. En el libro hay una cita que dice que olvidar no es perdonar y hacer memoria no es hacer venganza.    

¿Hasta cuándo nos perseguirá ese pasado? ¿Es un peso?

Creo que sí. En la novela, el autor descubre los cultos orientales, que tienen mucho que ver con honrar a los ancestros, saber donde están enterrados, ir a llevarles ofrendas en fechas concretas... Pero si esos ancestros no son honrados, entramos en el terreno de los fantasmas. Y en el libro se reflexiona sobre esos fantasmas que nos atormentan porque no hemos resuelto nuestras heridas del pasado. Mientras no iluminemos y demos conocimiento a todo lo que pasó, estos asuntos seguirán atormentándonos.  

¿Ve esta obra llevada a las tablas?

Sí, es un material muy moldeable y creo que como autor multiusos y polifacético, se le puede dar un espacio en las tablas y es un proyecto que he presentado a varios teatros en busca de financiación. Es una historia que excede el formato en el que se muestra porqué puede ser contada de muchas maneras. 

¿Se ha planteado alguna vez dirigir sus obras?

Con esta, sí. Tengo una larga trayectoria como dramaturgo, siempre dirigido por otros, y eso ha sido un gran entrenamiento. Ahora me veo capacitado para dirigir mis propias obras y espero hacerlo en un futuro.

Fue residente de la Fundación Gala, donde vuelve al cabo de los años a presentar esta primer a novela. ¿Qué siente cuando vuelve a entrar en el convento de Corpus Christi?

Mucho orgullo y alegría, es como volver a casa. Y más ahora, que este libro ha obtenido un premio de la propia fundación. Para mí mandar el libro a esta convocatoria era como cerrar un círculo, porque en la Fundación Gala fue donde todo empezó. Yo era un joven de 20 años que buscaba un objetivo en la vida y lo encontré en la literatura. Pasados casi dos décadas, presentar allí esta novela ha sido ofrecerle un regalo, devolverle lo que ha hecho por mí. 

¿Este nacimiento del Antonio Rojano novelista significa que está en crisis con el teatro?

Estoy en una crisis vital, que no quiere decir que sea nada malo. Estoy en un momento de crecimiento, metido en muchsos proyectos, pero el Antonio del teatro volverá muy pronto.

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